Polonia y Ucrania frente a Rusia 2018

8 junio, 2018 • Artículos, Europa • Vistas: 579

Tensiones dirimidas sobre la cancha de futbol

 

 Adolfo Franco Escamilla, Areiza Iñiguez y Regina Autrique

Junio 2018 

Polonia: Un pasado difícil

Gracias a la victoria obtenida frente a Montenegro (con un marcador final de 4-2), Polonia logró clasificar al Mundial de Rusia 2018. El hecho de que la Copa del Mundo se celebre en Rusia resulta interesante debido a que, a lo largo de su historia contemporánea, ambos países han atravesado por diferentes episodios que han causado roces significativos entre ellos. En ese sentido, ¿se puede considerar que Polonia se encuentra en una situación desventajosa frente a Rusia en este Mundial del futbol como resultado de sus conflictos? ¿Es posible que los resentimientos y actitudes poco amistosas se vean reflejados en el medio futbolístico, pero también en las relaciones políticas, económicas y sociales que se establecen entre Polonia y Rusia? Eventos no tan lejanos como la masacre de Katyn y la invasión soviética de Polonia durante la Segunda Guerra Mundial, así como el atentado al Presidente polaco, Lech Kaczynski, durante un vuelo con destino a Rusia, serán utilizados como apoyo para explicar la áspera relación bilateral y sus efectos para ambos. 

La invasión soviética de Polonia y la masacre de Katyn

La invasión de Polonia inició el 17 de septiembre de 1939, marcando el principio de la Segunda Guerra Mundial. A principios de ese año, la Unión Soviética tenía como propósito formar una alianza con Francia, Polonia, el Reino Unido y Rumanía para poderse enfrentar a la Alemania nazi. Sin embargo, cuando Polonia se niega a permitir el tránsito de las tropas soviéticas por su territorio, por temor a sufrir una ocupación militar, la estrategia soviética cambia y pacta en cambio con la Alemania nazi por medio del Pacto Ribbentrop-Molotov, cuyo principal objetivo era dividir el territorio polaco para su ocupación entre ambos, obedeciendo a sus intereses y beneficios esperados durante y después de la guerra.

La resistencia polaca era realmente débil en comparación con la soviética, por lo que es derrotada rápidamente: entre 230 000 y 450 000 soldados polacos fueron tomados como prisioneros de guerra y el gobierno soviético anexó parte del territorio junto con sus ciudadanos, en donde ocurrieron muchas ejecuciones, arrestos y actos violentos. La Unión Soviética dejó de reconocer oficialmente al Estado polaco cuando comenzó la invasión. Los estados nunca se declararon la guerra; por este motivo los polacos fueron tratados como rebeldes contra el nuevo gobierno. La invasión, en este sentido, significó una masacre para Polonia.

En especial, hubo un episodio que marcó sobremanera este momento histórico, conocido como la masacre del bosque de Katyn, un suceso en el cual ocurrieron una serie de asesinatos en masa de oficiales del ejército polaco, junto con policías, intelectuales y civiles, realizado por la policía secreta soviética (NKVD), dirigida en ese entonces por Lavrenti Beria. Hay estimaciones de que las víctimas fueron al menos 21 768 ciudadanos polacos, los cuales fueron enterrados en unos bosques de Gnezdovo.

Cuando esto fue descubierto, el hecho se convirtió en la razón para la ruptura de las relaciones diplomáticas entre el gobierno polaco exiliado en Londres y la Unión Soviética, en 1943. Al principio, el término solo se usaba para hacer referencia a la masacre ocurrida en el bosque de Katyn, pero en épocas más recientes hace referencia a la muerte de todos los polacos involucrados en la tragedia.

Los soviéticos siempre afirmaron que la ejecución de los polacos fue una acción planificada por parte de los alemanes. Aseveran que los documentos descubiertos en 1990 —cuando el gobierno de Boris Yeltsin, primer Presidente de la Federación de Rusia, reconoció que el NKVD fue responsable de la matanza—, y publicados oficialmente en 2010, son falsos y fabricados por enemigos de la Unión Soviética.

Atentado al presidente Lech Kaczynski

El 10 de abril del 2010, el Presidente de Polonia, Lech Kaczynski, fue víctima junto con casi todo su gabinete y jefes del ejército de un accidente aéreo. En la catástrofe murieron 97 personas que iban a bordo de un avión Tupolev TU-154, el cual había salido de Varsovia. El motivo del viaje era para ir a rendir homenaje a los 22 000 soldados que fueron fusilados en 1940 durante la matanza de Katyn.

El avión se estrelló en la ciudad rusa de Smolensk después de haber intentado aterrizar tres veces sin éxito, debido a la intensa niebla que había de por medio. Las copas de varios árboles quedaron rotas a menos de un kilómetro del aeropuerto, por esta razón, existe el supuesto de que el avión, al tocar con su ala izquierda la parte superior de un abedul, perdió el control y se rompió en pedazos.

De acuerdo a la versión de la comisión investigadora polaca, esta reconoció que las principales causas de la catástrofe provenían de la parte polaca, aunque también se habían cometido “errores” por parte de los rusos, aunado a las condiciones atmosféricas que hacían imposible el contacto visual con el suelo. La comisión polaca recalcó que la iluminación del aeropuerto ruso era defectuosa e incompleta y que el jefe encargado de la zona de aterrizaje dio instrucciones erróneas a la tripulación del avión. Por otro lado, en enero de 2011, Rusia presentó su informe y responsabilizó únicamente a la parte polaca.

Miles de polacos —para quienes este evento fue considerado como el más trágico desde la Segunda Guerra Mundial—, salieron a las calles para demostrar su pesar por la muerte del Presidente. No es exagerado plantear la idea de que la posición adoptada por Rusia despertara cierto resentimiento y enojo por parte de los polacos contra Rusia misma. Además de que el gobierno ruso se había deslindado de cualquier responsabilidad ante la pérdida del Presidente de Polonia, el evento también fue especialmente hiriente al ligarse en la memoria colectiva polaca a aquella otra tragedia, la matanza de Katyn, que era de gran significado para los polacos. 

Implicaciones para el mundial: los aspectos políticos, sociales y económicos.

Los desafortunados eventos de 1943 y 2010 se unificaron en el inconsciente colectivo polaco “como si de una maldición se tratase” (Amiguet, 2015). El desempeño dentro de la cancha de juego de su equipo nacional no contribuyó a que este enlace se rompiera. Para el infortunio del país, su selección no logró calificar al Mundial que se celebraría en Sudáfrica en 2010. A pesar de un arranque decente durante la primera terna de partidos de la primera fase —con dos victorias y un empate—, Polonia rápidamente quedó rezagada en el marcador con cinco partidos perdidos, uno empatado y sólo uno ganado (10-0) contra el poco competitivo equipo de San Marino. De este modo, Polonia quedó descalificada de la competencia.

Rusia, por otra parte, llegó a la segunda fase sin haberse enfrentado con Polonia durante la primera. No obstante, su desempeño no fue suficiente conseguir el puntaje necesario. Por lo tanto, Polonia no consiguió la oportunidad de demostrar lo que por medios jurídicos no pudo hacer, pues, a pesar de que Mijail Gorbachov reconoció en 1990 la responsabilidad rusa en la masacre de Katyn y Boris Yeltsin pidió disculpas en Varsovia en 1993; ningún tribunal ruso ni europeo ha reconocido oficialmente lo ocurrido como un genocidio. De igual manera, el desenlace de la cuestión del presidente Kaczynski permanece sin la admisión del gobierno ruso de ninguna culpa al respecto.

Durante 2010, en general, la selección polaca se estancó y no pudo sobresalir ni mejorar con respecto a 2009; es más, su número de victorias disminuyó en un 50% con respecto a 2008. Este bajo desempeño no es algo nuevo. Desde el comienzo de su historia mundialista en 1938, hasta el Mundial de 2006, Polonia solo ha logrado entrar a la primera fase eliminatoria 7 veces de 17 veces que ha tenido la oportunidad, y solo dos veces ha podido entrar a las semifinales. En realidad, la época de oro del futbol polaco internacional puede colocarse con justicia en los mundiales de 1974 y 1982, donde logró ocupar el tercer lugar de las competencias.

En los años inmediatos que sucedieron a la muerte de Kaczynski, se cruzó una segunda oportunidad para la selección polaca de toparse con su contraparte rusa, esta vez en la UEFA European Championship de 2012. El enfrentamiento sí ocurrió. El partido se jugó en el estadio Narodowy (Varsovia), dentro del marco de las primeras eliminatorias. Rusia abrió el marcador con un gol de Dzagoev en el minuto 37. El polaco Blaszczykowski haría lo propio en el minuto 57, concluyendo el partido con un empate poco significativo para Polonia, que no pudo pasar a la siguiente fase. Pareciera que el mismo estancamiento que se vive en la arena jurídico-política se repite en la arena de juego.

No obstante, después de la muerte del Presidente polaco, los jefes de gobierno de Polonia y Rusia acordaron la creación del Centro Ruso-Polaco para el Diálogo y el Entendimiento. La relación entre ambos países se ha tratado de mejorar durante los años posteriores a la matanza y la muerte del Presidente y, aunque es probable que siempre exista un grado de resentimiento hacia Rusia por lo sucedido, los polacos están poco a poco saliendo adelante. Actualmente, el equipo polaco ocupa la posición no 7 en la lista mundial de la FIFA. Además, el Mundial de Rusia, los aguarda, y con ello la posibilidad de obtener una revancha que va más allá del deporte.

Ucrania: tiempos inestables

Ucrania goza, de la mano con los demás países de Europa, de una historia futbolística importante, tanto en el estricto sentido deportivo como en el más complejo sentido histórico y socioeconómico. No obstante, su singular experiencia como República Socialista le deparó un devenir histórico, político y socioeconómico diferenciado del de la Europa Occidental, lo cual tuvo influencia significativa en el desarrollo paralelo de su rama deportiva nacional.

En este sentido, es importante abordar dos cuestiones que han sido particularmente relevantes para el país, para buscar establecer ciertas correlaciones hipotéticas entre ambas y el desempeño futbolístico de Ucrania que arrojen luz sobre el estatus actual del país. Estas cuestiones son: el desarrollo político-económico de la Ucrania postsoviética y el conflicto ruso-ucraniano sobre Crimea. Ambas cuestiones se pueden aterrizar, en concreto, con las siguientes interrogantes: ¿han tenido los ámbitos político y socioeconómico influencia sobre la calidad del futbol ucraniano al interior y al exterior del país? ¿Podría sostenerse, entonces, que la calidad futbolística del país es un reflejo nítido de su situación interna? ¿Por qué el equipo nacional ucraniano no logró calificar para el Mundial de Rusia 2018? ¿Por qué padece Ucrania un bajo desempeño nacional en las ligas europeas?

Historia del desarrollo económico ucraniano postsoviético (de 1991 a 2014)

Durante la Guerra Fría, la República Socialista Soviética de Ucrania (RSSU) era la segunda —después de la Unión Soviética— con mayores contribuciones económicas para la Unión Soviética misma. La RSSU aportaba aproximadamente un cuarto de todos los bienes agrícolas de la Unión Soviética, así como cantidades importantes de estos bienes para las demás Repúblicas Socialistas. Del mismo modo, su industria pesada era proveedora de tuberías de largo diámetro y de aparatos de perforación vertical.

Con el desplomo de la Unión Soviética en 1991 y la subsiguiente declaración de independencia ucraniana en agosto del mismo año, el gobierno ucraniano se encaminó hacia la liberalización de su mercado, por medio de la preparación de un nuevo marco legal y del libre flotamiento de precios. No obstante, la inercia política de los cuadros socialistas aún presentes en el gobierno impidió el avance de las reformas económicas. El estancamiento político se hizo manifiesto en el estancamiento macroeconómico, el cual perduró hasta 1997, cuando las tasas de inflación del 80%+ y el crecimiento real de PIB de -10.0%+ de años anteriores comenzaron a ceder, para experimentar una clara recuperación hacia inicios del siglo XXI.

Con el advenimiento de la crisis financiera de 2008, la economía ucraniana se contrajo en un 15% al año siguiente, estando “entre los peores desempeños económicos del mundo” (CIA World Factbook). Es debido a esta brutal caída en términos reales, entre otros factores políticos a mencionar más adelante, que el presidente Víctor Yanukóvich firmó en 2010 los Acuerdos de Kharkiv. Fue también durante estos años que la selección nacional ucraniana jugó las eliminatorias para el Mundial de Sudáfrica de 2010.

El equipo ucraniano formó parte del grupo 6 en la primera fase de eliminatorias —consistente de diez partidos por cada equipo—, las cuales jugó de septiembre de 2008 a octubre de 2009. Su desempeño fue sobresaliente. Ucrania ocupó el segundo lugar del grupo, con seis partidos ganados, tres empatados y uno perdido, permaneciendo por debajo de Inglaterra (9-0-1, respectivamente). Sin embargo, cabe destacar que de los dos encuentros entre estos dos equipos, Ucrania ganó un partido 1-0 jugando como local en la Arena Dnipro en octubre de 2009, gracias al gol de Sergi Nazarenko en el minuto 30. Lamentablemente, este buen desempeño sería frenado por Grecia, contra quien Ucrania empató (0-0) y luego perdió (1-0) en la segunda fase de eliminatorias, en noviembre de 2009, quedando eliminada definitivamente de la competencia.

Posteriormente a estos eventos, la economía ucraniana experimentaría una recuperación modesta pero decreciente de 2010 a 2013, dando síntomas de inestabilidad similares a los que había vivido en la década anterior. Los eventos que ocurrirían a partir de los primeros meses de 2014 agravarían considerablemente las estadísticas macroeconómicas, y su impacto rebasaría los límites de este rubro de manera sobrecogedora.

El conflicto ruso-ucraniano sobre Crimea 

La península de Crimea ha pertenecido a distintas entidades políticas. Sin embargo, la anexión de la península por el Imperio ruso en 1783 es de especial utilidad. La ocupación rusa trajo consigo una política deliberada de rusificación de índole cultural, política y religiosa sobre la población del este de Ucrania. A su vez, el lado oeste del país se vio mayormente identificado con la cultura e historia de la Europa Occidental limítrofe, como producto de “la pertenencia de estos territorios a Polonia y al Imperio austro-húngaro a partir del siglo XVIII” (Sánchez, 2016, 474). Esta bipartición este-oeste sentó las bases de la discordia bélica y político-cultural que atravesaría el país siglos más tarde.

Durante la época soviética, Lenin llevaría a cabo políticas de inclusión étnica, pero a partir del mandato de Stalin volvería la política de rusificación forzosa, ahora a manera de persecución sanguinaria. Tras la muerte de Stalin, Nikita Khrushchev, que había sido primer secretario de la RSSU, le cedió el territorio a ésta en conmemoración del 300 aniversario de su adhesión a Rusia.

 

Con Gorbachov, la RSSU pudo expresar mejor sus aspiraciones nacionalistas. En enero de 1991 se hizo un referendo en Crimea en el cual 93.26% de su población votó a favor de la “reconstrucción de la República Socialista Soviética Autónoma de Crimea como sujeto de la URSS” (Sánchez, 2016, p. 475). Empero, con el colapso de la Unión Soviética ese mismo año, este proyecto político no progresó y Crimea permaneció con Ucrania. La respuesta rusa no se hizo esperar, y en 1992 reclamó Crimea al gobierno ucraniano de Leonid Kravchuk, quien se negó y solo le otorgó el estatus de autonomía a la península. No obstante, Ucrania permitiría a Rusia mantener su base naval en Sebastopol por 20 años a partir de 1997, como medio para relajar las tensiones con su vecino del este.

El siguiente acontecimiento relevante para el estatus de Crimea fueron las manifestaciones civiles ocurridas en la plaza Maidán de Kiev a finales de noviembre de 2013. Este episodio, también conocido como Euromaidán, fue una reacción de miles de residentes del noroeste de Ucrania a la negativa del presidente Yanukóvich de firmar el Pacto de Asociación con la Unión Europea, debido a su postura política prorrusa. Las manifestaciones pronto polarizaron a la sociedad, desencadenando la creación de un nuevo gobierno de facto encabezado por el primer ministro Oleksander Turchinov que se encargó de reprimir a la oposición separatista por medio de la formación de una Guardia Nacional compuesta, entre otros, por jóvenes de orientación neofascista, muchos de ellos reclutados de las filas del grupo Pravyi Sektor o Sector de Derecha.

A partir de entonces, Rusia entra en el escenario, argumentando que la remoción de Yanukóvich de la presidencia por el Parlamento había sido un “golpe de Estado” y que la nueva representación era “ilegítima y anti-rusa”. Aunado a esto, Vladimir Putin declaró que la presencia de elementos “fascistas” detrás del “golpe de Estado” demandaba la protección por parte del ejército ruso de la población de origen ruso residentes en Ucrania, la cual rondaba en los doce millones en 2014. De este modo, Putin hizo uso de la coyuntura de inestabilidad imperante en Ucrania para anexar la península en marzo de ese año.

Las consecuencias socioeconómicas del conflicto han sido impresionantes. Desde 2014, casi 1.5 millones de desplazamientos han ocurrido al interior de Ucrania, y ya desde diciembre de 2014 se registraban 5000 fallecidos. La economía ucraniana sufrió en 2014 una contracción de su PIB real del 6.8% y un aumento de la inflación de casi 12 puntos completos. Según los Global Economic Prospects del Banco Mundial para Ucrania, el PIB real tuvo una contracción de 9.8% en 2015 y fue sólo hasta 2016 y 2017 que experimentó crecimientos positivos (del orden del 2.3% y 2%, respectivamente).

Implicaciones para el futbol ucraniano

Desde la fundación de la RSSU en 1922, y durante el periodo de la Guerra Fría, aquella, junto con las demás Repúblicas Socialistas, compitieron en los campeonatos organizados por la Unión Soviética. Este periodo vio nacer en el país a varios de sus clubes futbolísticos más representativos en el presente, como el Shakhtar Donetsk (1936), el Dynamo Kyiv (1928), y el Traviya Simferopol (1958), así como otros equipos de popularidad considerable como el Chornomorets Odessa (1936), el Karpaty Lviv (1963) y el Metalist Kharkiv (1925, hoy inexistente).

A partir de 1955, se inauguró en Europa el campeonato antecesor de la UEFA Champions League, la Coupe des Clubs Champions Européens, y a partir de 1971 se creó la UEFA Cup, antecesora de la actual UEFA Europa League. En ambas ligas distintos equipos ucranianos han participado. En la Champions League, cabe destacar que el FC Dynamo Kyiv ocupa la posición 11 en Europa de 482 equipos que han competido desde su fundación en 1955, y el Shakhtar Donetsk la posición 31. Aunado a esto, el jugador Andriy Shevchenko ocupa la posición 5 de los mejores goleadores de toda la historia de la liga, compartiendo espacio con Cristiano Ronaldo en la primera posición, y Lionel Messi en la segunda.

En la UEFA Europa League, el desempeño ucraniano en general ha sido medio, teniendo como su mejor equipo al FC Dnipro Dnipropetrovsk en la posición 42 de 957 desde la fundación de la liga, seguido del FC Dynamo Kyiv en la posición 52. Sus mejores jugadores en la historia de la Liga han sido Nikola Kalinić (posición 13) y Oleh Gusev (20).

A pesar de que los equipos y jugadores ucranianos a nivel europeo se mantienen dentro de posiciones respetables, es remarcable el hecho de que nunca un equipo ucraniano ha llegado a la final de la Champions League desde la reestructuración de la liga en la temporada 1992-1993. La misma suerte han tenido en el caso de la Europa League desde que inició su primera edición bajo ese nombre en la temporada 2009-2010. Como caso ilustrativo de las estadísticas mencionadas supra, destaca la celebración de la UEFA European Championship de 2012, en la que Polonia y Ucrania tuvieron la oportunidad de ser anfitriones del torneo y de competir por la copa. Ucrania jugó tres partidos; el primero lo ganó contra Suecia (2-1), pero el segundo contra Francia (0-2) y el tercero contra Inglaterra (0-1) los perdió, quedando descalificada del campeonato desde los octavos de final.

Una historia con el mismo final aconteció durante la participación ucraniana en las eliminatorias del Mundial de Brasil 2014, las cuales ocurrieron de septiembre de 2012 a octubre de 2013. Ucrania tuvo una buena primera fase dentro del grupo H, ocupando la segunda posición en la tabla (con seis partidos ganados, tres empatados y uno perdido), por debajo de Inglaterra (6-4-0, respectivamente), con quien compartió una vez más el grupo y el lugar, tal y como había sucedido cuatro años antes en las eliminatorias del Mundial de Sudáfrica 2010. Lamentablemente —tal y como hace 4 años—, durante la segunda fase Ucrania perdió en el marcador global contra Francia (4-2), quedando descalificada una vez más de una Copa del Mundo.

Finalmente, se encuentra el caso del Mundial de Rusia 2018. De las dos fases de eliminación europeas para calificar a la Copa del Mundo, Ucrania participó solo en la primera, al ser dejada atrás en la tabla de puntuación por Croacia e Islandia, a quienes no pudo vencer en ninguno de los cuatro partidos que jugó contra ellos (dos y dos, respectivamente).

Al ponerse, pues, en contraste las realidades económica y política con la realidad deportiva del país, surgen en primera instancia algunas inferencias relevantes para la puesta a prueba de la hipótesis inicial. Primeramente, que el futbol ucraniano postsoviético ha tenido, como regla general, un desempeño medio-bajo en las distintas categorías futbolísticas europeas y mundiales, a la par que la nación ha atravesado por un periodo igualmente crónico de inestabilidad económica desde su independencia; y que el conflicto ruso-ucraniano sobre la península de Crimea trajo consecuencias devastadoras para la economía y la sociedad ucranianas, así como un periodo de inestabilidad política importante; factores todos que han posiblemente repercutido en el hecho de que Ucrania no haya sido capaz de calificar para la Copa del Mundo de Rusia 2018.

Sin embargo, existen hechos relevantes que tienen un potencial falsacionista sobre la hipótesis planteada, a saber que, así como el desempeño macroeconómico de la Ucrania postsoviética ha sido generalmente inestable y por debajo de lo que podría considerarse un buen desempeño económico para estándares de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, también ha tenido breves periodos de crecimiento real, de descenso inflacionario y de caída de la tasa de desempleo que, no obstante, no se han visto reflejados en una mejor posición futbolística a nivel internacional más allá de la clasificación a segundas fases eliminatorias en torneos mundiales. Además que, a pesar de que los acontecimientos relativos al conflicto ruso-ucraniano sobre Crimea pueden llevar a pensar que estos mantienen alguna correlación positiva fuerte con la no-calificación de Ucrania al Mundial de Rusia, es importante tener presente que Ucrania no ha calificado a ninguno de los mundiales de futbol recientes (como Sudáfrica 2010 y Brasil 2014), y que, por tanto, cualquier intento de establecer una correlación positiva fuerte entre ambas variables está de algún modo destinado al fracaso estadístico, pues el mal desempeño futbolístico del país no se ha limitado al periodo del conflicto ruso-ucraniano sobre Crimea. Por lo tanto, no es posible afirmar que la hipótesis planteada para Ucrania pueda ser cierta para el caso que nos ocupa.

Conclusión 

Es factible decir que Ucrania ha mostrado un desempeño futbolístico poco cambiante. Su actuación se puede describir como una de nivel medio-bajo en las diferentes copas o ligas en las que ha participado. Sin embargo, es difícil afirmar que existe una correlación entre su bajo desempeño futbolístico y su inestabilidad económica, ya que, a pesar de las dificultades por las que ha atravesado en este último rubro, Ucrania ha tenido momentos económicos positivos en términos relativos que nunca se vieron reflejados en su potencial deportivo.

El caso de Polonia puede considerarse, hasta cierto punto, contrario al de Ucrania. Actualmente, la selección polaca ocupa la séptima posición en la lista mundial de la FIFA, además de que obtuvo su clasificación al Mundial de Rusia 2018. No obstante, tuvo dificultades para ganar un lugar en las dos últimas Copas del Mundo. Fue en 2010 cuando Polonia perdió a su Presidente; sin embargo, este hecho no parece suficiente para explicar su incapacidad de calificar en el Mundial de ese año, ya que 4 años después, con un gobierno estabilizado, tuvo la misma falla. Lo que sí se ha mantenido constante ha sido el resentimiento y la dificultad que existe entre Polonia y Rusia para superar lo acontecido, lo que seguramente se verá reflejado en el Mundial y más aún si llegara a haber un enfrentamiento directo entre ellos.

ADOLFO FRANCO ESCAMILLA, AREIZA IÑIGUEZ y REGINA AUTRIQUE son estudiantes de la licenciatura en Relaciones Internaciones en el ITAM.

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