Placét para un embajador

1 octubre, 2015 • Artículos, Latinoamérica, Norteamérica, Portada • Vistas: 2001

Cuartoscuro

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avatarDefault Iliana Rodríguez Santibáñez

Octubre 2015

La misión de los políticos no es la de agradar a todo el mundo – Margaret Thatcher

A principios de agosto de 2015, México propuso el nombre de Miguel Basáñez Ebergenyi, para ocupar la vacante de embajador en Estados Unidos. Habían pasado 6 meses sin este nombramiento desde la salida del embajador Eduardo Medina Mora, y la opinión pública de inmediato señaló al encargado del Ejecutivo por su falta de interés en la relación internacional más importante para México.

En el ámbito de las relaciones diplomáticas, la falta de designación de embajadores minimiza la importancia de una relación bilateral. Basta leer los periódicos respecto a la indignación que despertó en México la falta del nombramiento del embajador de Estados Unidos en nuestro país, justo cuando salió el embajador James Robert Jones en junio de 1997. William Clinton tardó entonces más de un año en nombrar al ilustre embajador de carrera Jeffry S. Davidow. Si bien es cierto, ellos pueden darse ese lujo al ser una potencia hegemónica en el mundo, pero México no puede hacer lo mismo.

La candidatura de Basáñez Ebergenyi recibió en agosto el placét o beneplácito por parte de Estados Unidos. Lo que seguía a este nombramiento era la aprobación del Senado de México y, aunque hubieron voces inconformes en el Partido Acción Nacional (PAN) respecto a sus posibles posturas en la relación bilateral y a suspicacias sobre su trayectoria en el ámbito diplomático, su nombramiento fue ratificado.

Quiénes son diplomáticos en México

Basáñez Ebergenyi es una mezcla de político y académico. Para nadie es ajeno que los políticos muchas veces hallan refugio en la academia, donde aguardan pacientes y discretamente para regresar al ámbito de la política. Pues, sin duda, debe ser un honor servir a un país, sobre todo desde el ámbito diplomático.

En ese sentido, la Ley del Servicio Exterior Mexicano, en su artículo 3, señala que el servicio exterior se integra por personal de carrera, personal temporal y personal asimilado, y comprende las ramas diplomático-consular y técnico-administrativa. Especifica en el artículo 4 que la rama diplomático-consular considera como rangos al embajador, al ministro, al consejero, al primer, segundo y tercer secretario, así como al agregado diplomático.

Sin embargo, la carrera diplomática —apasionante, riesgosa y llena de sacrificios, como lo narran la embajadora Rosario Green en su libro La Canciller, Jeffry Davidow en El oso y el puercoespín y Henry Kissinger en La Diplomacia— no se limita solo a los diplomáticos de carrera, sino a los honorarios; es decir, aquellos que, sin pertenecer al Servicio Exterior Mexicano, a juicio del Ejecutivo y del Senado poseen tales méritos que los posibilitan para ocupar alguna embajada. De ahí que la designación de Basáñez Ebergenyi no resulte extraña.

Los retos para el nuevo Embajador

En palabras de la cancillería mexicana, “la relación bilateral de México con Estados Unidos es la de mayor profundidad que tiene nuestro país con cualquier otro del mundo”. En septiembre de 2015, el embajador Basáñez Ebergenyi presentó al presidente Barack Obama las cartas credenciales que lo acreditan como Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de México en los Estados Unidos de América. En ese acto protocolario señaló que el Presidente mexicano “permanece comprometido con el continuo fortalecimiento, cooperación y diálogo franco que caracterizan la relación bilateral entre ambos países”. En atención a ese compromiso y a la importancia de la relación, se mantiene una agenda estratégica y compleja que atiende temas del orden político, económico y comercial (dentro de estos contempla también los temas medioambientales y de seguridad).

SRE

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Además, es importante destacar que tan solo en los últimos años, el comercio bilateral entre Estados Unidos y México sumó 534 000 millones de dólares, por lo que Estados Unidos sigue siendo el primer socio comercial de México, mientras que México es el tercer socio comercial de Estados Unidos. Además, el debate sobre si existe interdependencia o dependencia en esta simbiosis, sigue vigente, como lo señalo en el libro La soberanía en tiempos de globalización. Esta relación se agudiza si se consideran a los 11.4 millones de personas nacidas en México viven en aquel país, muchos de manera indocumentada y claman por la regularización de su situación en aquel país.

El plan de trabajo del embajador Basáñez Ebergenyi ha anunciado como objetivo principal “consolidar la relación bilateral entre ambos países y reposicionar a México a partir de lo que es: un país en profunda transformación y un actor con responsabilidad global”. En este plan, y de acuerdo a esta visión, se han trazado seis líneas de trabajo: 1) nueva arquitectura de la relación bilateral; 2) empoderamiento de las comunidades mexicanas y cierre de brechas; 3) economía dinámica y competitiva para generar prosperidad; 4) difusión de las transformaciones de México; 5) una frontera segura y moderna, y 6) profundización de la responsabilidad compartida en materia de seguridad.

De los dichos a los hechos

Respecto a una nueva arquitectura de la relación bilateral, hay poco tiempo en su trazado. Por una parte, por el cambio de gobierno que tendrá Estados Unidos en 2017, ya que la agenda depende de quien llegue a la presidencia. En los dos mandatos de Obama o en manos de los demócratas, los temas internos se superponen a la agenda en política exterior, o la ciñen al concepto de la realpolitik, donde la política exterior se funda en el interés nacional y no por aspectos idealistas o amistosos. Sin embargo, y bajo cualquier partido que llegue a la presidencia, México debe abandonar la postura romántica en el tema bilateral y adoptar camaleónicamente la realpolitik porque, sin duda, para Estados Unidos no hay amistades sino intereses en el ámbito internacional.

Entonces, ¿cuál será el quid pro quo entre Estados Unidos y México que definan esta nueva arquitectura? Respecto al empoderamiento de las comunidades mexicanas y al cierre de brechas, no es un tema exclusivo de la embajada, sino de todos los consulados en Estados Unidos que, históricamente, han trabajado para lograrlo. Sin embargo, sin una política clara de inclusión por parte de ese país, resulta una situación compleja. Basta recordar que en la acción ejecutiva de Obama de noviembre de 2014 —que busca la regularización de 5 millones de inmigrantes que llegaron con estatus irregular— está suspendida por las acciones legales emprendidas por el juez Andrew Hanen de Texas.

En materia económica y competitiva para generar prosperidad; los últimos datos reportados en el primer semestre del 2015 por la Secretaría de Economía, indican que el comercio total con Estados Unidos asciende a más de 287,463, 028 millones de dólares, y la balanza comercial total es de 69,621,124 millones de dólares. Ambas cifras son menores a las reportadas en años anteriores pues, pese a la recuperación económica de Estados Unidos después de la recesión de 2008, la crisis del petróleo y la desaceleración China, han impactado en el consumo estadounidense. La evolución de este comercio puede observarse en la siguiente tabla, donde el crecimiento ha sido decreciente:

244 embajador-santibañez TABLA1

Tabla de la autora con datos de la Secretará de Economía http://www.economia.gob.mx/

La recuperación es de carácter mundial, pero México puede incentivar otros renglones de su economía para buscar ser un socio más atractivo en esta relación. Respecto a la competitividad, en tanto existan evidencias de corrupción, esta se aletarga o imposibilita. ¿Cómo evitar corrupción en aduanas, caminos y puentes federales, en funcionarios públicos, en permisos o en inversiones? Sin duda, el marco legal es un vehículo para la competitividad, pero se enfrenta a graves niveles de corrupción. De acuerdo al Índice de Percepción de la Corrupción 2014, de Transparencia Internacional —que mide las percepciones sobre el grado de corrupción que existe en el sector público—, México alcanzó el lugar 103 de reprobación entre los 175 países estudiados. En tanto esto no cambie, la competitividad se enfrenta contra un muro.

¿Moviendo a México?

Otro tema planteado por el nuevo embajador Basáñez Ebergenyi es la difusión de las transformaciones de México. Sin duda, dirían Joseph Nye y Robert Keohane, el poder blando o las señales positivas que los Estados puedan transmitir, son importantes para incidir en la política internacional. El problema de México es que, pese a la existencia de buenas señales económicas y de trascendentales reformas financieras, energéticas, laborales y en telecomunicaciones, el tema de violación a los derechos humanos, sobre todo en casos como Tlatlaya y Ayotzinapa, las ensombrecen. El embajador Basáñez Ebergenyi tendrá que lidiar con esto.

Por otra parte, en los rubros de frontera segura y moderna, así como en la profundización de la responsabilidad compartida en materia de seguridad, el escenario enfrenta temas difíciles, como el tráfico de armas y el crimen organizado. En ese sentido, el embajador Basáñez Ebergenyi expresó que “México coincide con su visión de la regulación del comercio de armas y se congratula de que nuestros esfuerzos en materia de seguridad estén basados en el principio de responsabilidad compartida”. Efectivamente, es un tema de responsabilidad compartida.

AP

AP

En 2013 ambos Estados firmaron el Tratado sobre Comercio de Armas (ATT) con la intención de promover la paz internacional y la seguridad mundial. Pese a los opositores de este ordenamiento, Estados Unidos velará por la regulación de dicha comercialización desde su territorio, mientras que México tendrá que ser más riguroso para observar qué armas transitan de forma ilegal en el mismo. Nada más lamentable sería otro operativo como el de “rápido y furioso” que inició con el Proyecto Gunrunner, como un programa piloto en Laredo, Texas, que luego se convertiría en una iniciativa nacional en 2006. Estos temas pueden iniciar diálogos a nivel de embajada-Estados, pero involucran también a distintitos niveles de gobierno que exceden a la diplomacia.

Narcotráfico y seguridad

Uno de los puntos críticos en la relación bilateral ha sido la “guerra” contra el narcotráfico que inició de manera abierta en diciembre de 2006, cuando Felipe Calderón envió a cerca de 7000 soldados a Michoacán. En ese momento, el Cártel del Golfo se enfrentó al de Sinaloa y el de los Zetas al de los Beltrán Leyva. La disputa era repartirse las zonas de distribución y las rutas comerciales hacia Estados Unidos. La corrupción aquí también es una constante.

Además, nacieron grupos como la Familia Michoacana y los Caballeros Templarios que buscaba apoderarse del estado de Michoacán, lo que generó una disputa entre ambos. Se dice que la Familia Michoacana estaba al servicio del Cártel de Sinaloa, dirigido por el hoy prófugo de la justicia Joaquín El Chapo Guzmán, y cuyos brazos se extienden hasta Chicago. De ahí que haya no solo investigaciones sino incluso la solicitud de su extradición a Estados Unidos. La fuga de El Chapo el 11 de julio de 2015 genera malestar en la relación bilateral en un tema prioritario en la agenda. El embajador Basáñez Ebergenyi no podrá hacer más que servir de comunicador respecto de las acciones que se realizan para su recaptura.

En materia de seguridad, la Iniciativa Mérida tendrá que ser un tema en la agenda del embajador Basáñez Ebergenyi. Esta iniciativa o plan en materia de seguridad binacional, se crea para combatir a la delincuencia organizada bajo el principio de responsabilidades compartidas. Desde George W. Bush, Estados Unidos asumió un papel más fuerte en este tema al reconocerse como consumidores de la droga traficada por México. El plan del nuevo Embajador coincide con la propuesta de esta iniciativa, que se centra en 1) la desarticulación de la capacidad de los grupos criminales; 2) el fortalecimiento del Estado de derecho; 3) la creación de una frontera del siglo XXI, y 4) la construcción de comunidades más fuertes.

En 2013, el presidente Obama extendió su apoyo al gobierno de Enrique Peña Nieto para seguir con la Iniciativa Mérida. En tanto, el Presidente mexicano aceptó realizar algunas modificaciones a la misma, mediante institucionalización de diversas medidas. En los últimos 3 años del sexenio del presidente Peña Nieto, y menos de 2 años del mandato de Obama, el embajador Basáñez Ebergenyi podrá ejecutar poco, pero quizás sembrar mucho. El tiempo y la historia lo juzgarán.

Iliana Rodríguez Santibáñez es Doctora en Derecho por la UNAM e investigadora en temas internacionales, miembro nivel II del S.N.I. Directora del Departamento de Derecho y Relaciones Internacionales del Tecnológico de Monterrey, Campus Ciudad de México. @ilrodrig.

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2 Responses to Placét para un embajador

  1. Ambrosss dice:

    Información más completa, especifica, tan magistralmente presentada, no la encuentro en otra parte. Interesante hacer seguimiento del plan y cada uno de los puntos mencionados. Ojalá y se generen espacios noticiosos en donde realizarlo. Esta visión tan clara es a diferencia de las que encuentro en la televisión y revistas tendenciosas, la más imparcial, objetiva y bastante agradable para su lectura y comprensión.
    Felicidades a La revista por la calidad del Articulo, al Tec. Mty. por sus frutos que a la vista dan a notar la calidad de educación y sus altos niveles y por supuesto a la Dra. por un trabajo completamente profesional.
    Saludos.

  2. Juan Ramírez Marín dice:

    Muy interesante artículo. Muy buen análusis

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