Retomemos el debate migratorio

1 julio, 2014 • Artículos, Norteamérica, Opinión, Portada, Sin categoría • Vistas: 871

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Julio 2014

Para la mayoría de nosotros, la preparatoria es una época llena de momentos memorables y de lecciones que nos marcan para el resto de nuestras vidas. Cuatro años pasan muy rápido, pero los recuerdos de los juegos deportivos, los eventos escolares y la graduación se quedan con nosotros. Sin embargo, para Héctor Salamanca Arroya estos años formativos dejaron algo más: se dio cuenta de que aunque amaba a su país, aún le hacían falta los documentos para formar parte de él legalmente.

Hoy, Héctor es uno de los más de medio millón de jóvenes indocumentados que obtuvo una oportunidad de comenzar a vivir el sueño Americano cuando el presidente Barack Obama anunció el Amparo Temporal de la Deportación (DACA). Promovido hace 2 años, este programa fue una acción unilateral del Presidente para contrarrestar el rechazo de los republicanos al proyecto de ley conocido como Dream Act. Con el acto de su pluma, el presidente Obama alejó la amenaza de la deportación y extendió las oportunidades de empleo para jóvenes que, por causas ajenas a ellos, son indocumentados. El impacto de este pequeño hecho ha sido inmenso: un estudio de la Universidad de Harvard señala que casi el 60% de los beneficiarios de DACA han obtenido nuevos empleos, 45% de ellos han aumentado sus sueldos, y alrededor de un 60% ha obtenido sus licencias de conducir. Esto es una muestra de que cada vez se abren más puertas para que los que antes vivían relegados ahora tengan más y mejores oportunidades de trabajo y de educación.

Reuters

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A su vez, los beneficios para nuestra sociedad en su conjunto también han aumentado. Actualmente, casi la mitad de los beneficiarios de DACA han abierto su primera cuenta bancaria y un tercio de ellos han obtenido tarjetas de crédito. Gracias a este nuevo impulso, en vez de esconderse en las sombras de nuestra sociedad, los beneficiarios han abrazado nuestra economía e invertido en su recuperación.

No obstante, estas no son las únicas formas en que estos jóvenes buscan tener un impacto positivo con su nueva vida en Estados Unidos. Por ejemplo, Héctor es un consejero para jóvenes en el Boys and Girls Club of America en Iowa. Cuando no está ayudando a otros en su comunidad, Héctor es un orador inspirador para otros jóvenes y entabla diálogos con legisladores para propiciar la aprobación de una reforma migratoria. Por si fuera poco, tiene tiempo para estudiar en la Universidad Drake. Al obtener su título universitario, seguramente será parte de la siguiente generación de líderes para este país de inmigrantes.

Archivo

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Sin embargo, DACA tiene sus límites. Estos jóvenes tienen familias y comunidades que aún padecen los estragos de nuestras deficientes leyes migratorias. Nuestras leyes actuales de inmigración están contra la historia de este país: el intercambio de nuevas ideas y culturas traídas por gente que aspira a convertirse en nuestros connacionales.

Bajo la ley actual, la espera para residir legalmente en este país puede durar años e incluso décadas. Entre la opción de estar con sus seres queridos o esperar tanto tiempo, es fácil entender porque muchos escogen estar con sus familiares.

Al estar aquí, las barreras para obtener la ciudadanía aumentan. El primer paso para obtener documentos es regresar al país de origen y, desde ahí, entregar la solicitud. Pero a cualquier persona que ha permanecido en este país ilegalmente por más de seis meses se le prohíbe entrar al país por un periodo de entre 3 y 10 años. La única excepción es para individuos que puedan comprobar “dificultades extremas”, un tema no muy bien definido y ocasionalmente aplicado, cuyo trámite puede tomar meses o años. Entendiendo esto, es claro que nuestras leyes aumentan la posibilidad de romperlas, en vez de obedecerlas.

AP / Ross D. Franklin

AP / Ross D. Franklin

Algo tiene que hacerse, pero parece que estamos desaprovechando la mejor oportunidad que nuestra generación ha tenido para mejorar nuestro fallido sistema de inmigración. Con la derrota de Eric Cantor, el líder de la mayoría republicana en el Congreso, en las elecciones primarias de su distrito en el estado de Virginia, los republicanos parecen estar más asustados que nunca. El “partido del NO” se ha convertido en el “partido del ¡NUNCA!”

Aunque la aprobación de proyectos de ley es la mejor vía para reformar nuestro sistema, no es la única manera. El presidente Obama debe actuar —y debe actuar solo, de ser necesario—, hasta que los republicanos dejen de hacer patentes sus temores en torno al tema. Así como el Presidente actuó solo al impulsar DACA cuando los republicanos acabaron con el Dream Act, ahora debe hacer lo mismo mientras intentan enterrar la reforma de inmigración.

AP / José Luis Magaña

AP / José Luis Magaña

Por lo tanto, insto al Presidente a hacer todo lo posible dentro de su poder y en apego a la ley para ayudar a aquellos que buscan convertirse en ciudadanos estadounidenses. Es tiempo de utilizar cualquier recurso para regularizar de manera integral la inmigración en nuestro país y dejar de incentivar la inmigración ilegal. Como un primer paso, necesitamos eliminar las prohibiciones para reingresar al país y definir de nuevo el tema de las “dificultades extremas.” Nuestras leyes hacen el proceso de naturalización muy complicado y no debemos contribuir más al problema. Nuestros esfuerzos deben enfocarse en la unificación de familias y en extender los beneficios de DACA a todos los familiares.

Necesitamos acciones audaces que combatan la oposición destructiva de los republicanos en el Congreso. Hemos visto el impacto que puede tener la acción del Presidente. Gracias a estos esfuerzos, Héctor y muchos más jóvenes son miembros productivos de nuestra sociedad. Es tiempo que Obama actúe una vez más, para finalmente alejarnos del fantasma de nuestro deficiente sistema de inmigración.

RAÚL GRIJALVA es Congresista de Estados Unidos por el Partido Demócrata. Desde el 2003, representa al Tercer Distrito de Arizona, el cual incluye parte de las ciudades de Tucson y Phoenix, así como Yuma y Nogales, Arizona. Es vicepresidente del Caucus Progresista del Congreso y miembro de los Comités de Educación y Fuerza Laboral, así como del Comité de Recursos Naturales.

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