México y Quebec en la política exterior canadiense

14 noviembre, 2016 • Artículos, Norteamérica, Portada • Vistas: 1703

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Noviembre 2016

Durante su visita a Canadá en junio de 2016, el presidente Enrique Peña Nieto afirmaba que “con las nuevas políticas liberales se evitarán las barreras impuestas a México desde 2009”. El Presidente coincidió con el primer ministro Justin Trudeau, en lo idóneo de cancelar el uso de la visa para mexicanos. En este escenario se percibe la disposición del gobierno liberal canadiense para establecer una serie de medidas para relanzar y tender nuevos puentes, lo que dará nuevo impulso a la cooperación entre ambas partes. Sin embargo, la política exterior canadiense ha estado dividida históricamente por la actividad internacional de la provincia de Quebec y su papel clave en la cooperación subnacional con México.

Si bien bajo el realismo político el análisis del comportamiento de Norteamérica tiene un referente importante basado en el Estado soberano, la cooperación entre las entidades federativas mexicanas y la provincia de Quebec tiene un comportamiento distinto, dependiendo del partido que gobierne en Ottawa y la provincia de Quebec. Esto se puede apreciar en el siguiente cuadro.

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A partir de esta información, se puede concluir que cuando gobierna el Partido Conservador Canadiense a nivel nacional y el Partido Liberal Quebequense en la provincia, existe un interés marcado por incrementar acuerdos de cooperación a nivel subnacional. Por otro lado cuando gobierna el Partido Liberal Canadiense en Ottawa y el Partido Quebequense no existen intenciones de dar continuidad a la cooperación a nivel subnacional. Lo que plantea otra premisa importante: las entidades federativas mexicanas que tienen acuerdos con el gobierno provincial de Quebec son aquellas que definen gran parte del PIB del país y es el lugar hacia donde van las principales inversiones extranjeras. Ello no resta interés a la cooperación entre los gobiernos centrales como la visita de Stephen Harper a México en 2014, a partir de lo cual se plantea una declaración conjunta —en temas como cultura educación y economía— o el reciente encuentro entre Trudeau y Peña Nieto.

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Uno de los acuerdos de cooperación más importante es el convenio cultural firmado entre los gobiernos de Canadá y de México, bajo el mandato de primer ministro liberal Pierre Elliot Trudeau en 1976. Otros instrumentos de cooperación entre estos dos gobiernos centrales son: el de transporte aéreo en 1961; el de ejecución de sentencias penales en 1977; el de medio ambiente en 1990; el de turismo en 1990; el de información tributaria y el de aduanas en 1990; entre otros. Esto demuestra que bajo los gobiernos conservadores existe una fuerte intención de cooperación a nivel central, incluso las negociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) se gestaron, inicialmente, bajo el gobierno conservador de Brian Mulroney.

Por otro lado la provincia de Quebec lleva a cabo acuerdos de cooperación con el gobierno mexicano desde 1981 (agroindustrial y forestal). Como el de 1986 para el uso de los aviones cisternas CL-215, uno en educación en 1994 y más recientemente en 2000 uno enfocado a la formación universitaria y, finalmente, dos acuerdos en el desarrollo de la ciencia, la educación y la tecnología en 2011.

Bajo este análisis del comportamiento de la cooperación a nivel de gobiernos centrales y subnacionales, se idealiza y es pertinente tener expectativas positivas de que a partir de la cancelación de la visa para mexicanos el nuevo gobierno liberal tendrá la mejor disposición para México. Sin embargo, Canadá tiene su propio interés centrado en Estados Unidos y su actividad comercial. Para Ottawa no todo es México. La cooperación trasciende más allá de la cancelación del visado, está en función de desarrollar sectores claves para México y sus partes integrantes: las entidades federativas por sus necesidades locales y la creación de instrumentos que den respuesta a estas.

No se puede negar el papel de la provincia de Quebec en la política exterior canadiense y del gobierno liberal ante la falta de consensos. La realidad que arrojan los datos mencionados es que históricamente las acciones emanadas de partidos políticos en el gobierno central o provincial obedecen a sus propios intereses regionales o continentales, buscando ventajas económicas y comerciales.

Para México cada vez que llega un nuevo partido a Ottawa debería ser la oportunidad para obtener ventajas competitivas a partir de una cooperación central y local, para crear áreas de oportunidades y fijar tiempos y acciones conjuntas que se cumplan por ambas partes. Esto es jugar en dos niveles distintos pero unificando criterios políticos y económicos.

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La provincia de Quebec ha tenido fuerte presencia en México desde la década de 1980. A la par de los gobiernos conservadores o liberales canadienses, la lectura de las intenciones de estos dos entes por parte del gobierno mexicano debe estar basada en una visión integral, conociendo la dinámica de Norteamérica por el paradigma del libre comercio, la integración económica y el papel histórico de México en la relación —de gran dependencia— con Estados Unidos.

Romper este molde va más allá de las buenas intenciones planteadas entre Peña Nieto y Trudeau, es tomar una actitud y adoptar un papel de jugador estratégico, como menciona Zbigniew Brzezinski en su libro El gran tablero mundial. México debe de plantear objetivos de acuerdo a la dinámica de la región de Norteamérica y ser un actor clave entre sus dos socios principales. La lejanía espacial con Canadá no debe ser vista como algo que deba restarle importancia ante los intereses comunes en áreas estratégicas como la educación, la cultural, el uso de la tecnología, el medio ambiente o la seguridad ante el avance del crimen organizado y el terrorismo.

De esta forma si bien el Partido Liberal Canadiense como interlocutor en Ottawa define la política exterior, la diplomacia y de las relaciones internacionales entre Canadá y México, esta tiene una manifestación en dos vertientes: central y subnacional. De ahí que la capacidad de obtener las mejores ventajas por parte del gobierno mexicano está en función de aceptar esta doble visión política y convertirse en un interlocutor eficiente, esto es pensar como canadiense y quebequés.

JOSÉ LUIS AYALA CORDERO es doctor en Ciencias Politicas y Sociales y profesor de asignatura en la Facultad de Ciencias Politicas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Ha publicado en la Revista de Relaciones Internacionales de la UNAM. Sígalo en Twitter en @kylorein66.

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