México le apuesta al mundo

27 noviembre, 2017 • Asuntos globales, Del Archivo, Entrevistas, Latinoamérica, Norteamérica, Portada • Vistas: 1412

Entrevista FAL con Rosario Green

FAL-Andrea Ochoa

Elías Camhaji y Gerardo R. Valenzuela

Octubre 2014

Rosario Green es una de las figuras más reconocidas de la diplomacia en México. En 1998 se convirtió en la primera mujer que encabezó la Secretaría de Relaciones Exteriores. Como parte de su extensa trayectoria en el Servicio Exterior Mexicano, fungió como Embajadora en la República Democrática Alemana y en Argentina. Además, fue Subsecretaria de Asuntos Políticos de la Organización de las Naciones Unidas durante la administración de Boutros Boutros-Ghali. En 2012, como reconocimiento a su sobresaliente carrera diplomática, fue condecorada como Embajadora Emérita. Debido a su vasta experiencia es una de las voces más autorizadas para analizar los temas fundamentales de la agenda internacional del país. Rosario Green conversó con los editores de Foreign Affairs Latinoamérica sobre el rumbo de la política exterior de México, su proyección hacia el mundo y los aspectos más relevantes del contexto internacional actual.

NOTA DEL EDITOR: Con motivo del fallecimiento de la embajadora Green, y en reconocimiento a su legado como diplomática, reproducimos la entrevista que nos concedió en octubre de 2014 y que publicamos en la revista FAL volumen 15 número 1, la cual refleja su pasión y compromiso por las relaciones exteriores de México. Descanse en paz.

Foreign Affairs Latinoamérica – ¿Hacia dónde va y hacia dónde debe ir la política exterior de México? ¿Qué tan amplia es la brecha entre el camino recorrido y lo que aún queda por conseguirse?

Rosario Green – A diferencia de los dos sexenios anteriores, este gobierno tiene un proyecto de política exterior. Me pareció muy interesante y muy estimulante que el presidente Enrique Peña Nieto eligiera el tema internacional como uno de los cinco pilares de apoyo para su proyecto de gobierno. Hablar de México como un actor de responsabilidad global implica cosas muy importantes. Primero, ha sido vital rescatar las mejores prácticas de la política exterior mexicana, que durante mucho tiempo nos permitieron tener un gran prestigio internacional, sentarnos con los que defendían los temas del momento y los temas tradicionales y ser parte de grupos de países, pero no nada más de los que se encontraban en vías de desarrollo, sino también de las economías desarrolladas que tenían posiciones muy claras en temas como desarme, derechos humanos, cambio climático, entre otros. Después, con los últimos dos sexenios se perdió el hilo y acabamos, lamentablemente, confrontados con casi todos los países de Latinoamérica.

Salir de ese espacio de confrontación en el que se sumergió el país durante el primer periodo del Partido Acción Nacional, en la época del expresidente Vicente Fox, fue verdaderamente difícil, pues ha sido un camino largo, pero bien llevado por el gobierno actual. No ha dejado de cubrir ninguna de las esferas de Latinoamérica y el Caribe: ha estado con los países de la Asociación de Estados del Caribe, con los países centroamericanos, con los de la Alianza del Pacífico, con los países sudamericanos. El gobierno federal se ha propuesto hacer un gran esfuerzo por tener un impacto mundial responsable. Hay una especial atención a la región latinoamericana que me llena de enorme satisfacción.

FAL – El gobierno de Enrique Peña Nieto ha apostado fuertemente por un acercamiento con Asia y por recuperar cierta preponderancia en Latinoamérica por medio de la Alianza del Pacífico, aunque hay incertidumbre porque no es un acuerdo comercial tradicional. ¿Qué valor tienen actualmente esfuerzos como la Alianza del Pacífico para la política exterior de México? ¿Cómo se compaginan con otro tipo de negociaciones como la del Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica (TPP)?

RG – Cuando el presidente Peña Nieto llegó al poder, tuvo claro que hubo una especie de migración del centro de las decisiones del Atlántico al Pacífico. Reconoció que hoy por hoy, los países de Asia-Pacífico que crecen más que los países tradicionales de Occidente, que la Unión Europea y que Estados Unidos. Al trasladarse el polo de atención hacia el Pacífico, México, que tiene una gran costa oeste —once estados de la República tienen costa con el océano Pacífico— retoma el entusiasmo por la región.

Nosotros hemos sido miembros del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) desde hace mucho tiempo, y aunque reconozco que la Alianza del Pacífico es una iniciativa del gobierno del expresidente Felipe Calderón, la fuerza y el entusiasmo con el que la toma el presidente Peña Nieto permite que se consolide rápidamente. No es de hecho un tratado de libre comercio ni tiene este signo de contigüidad que permite que una asociación camine más deprisa. Creo que ahí radica lo inteligente del ejercicio, pues en el momento en que México asume la importancia del acercamiento con Latinoamérica y el Pacífico, la alianza se vuelve una meta de política exterior per se.

Muchos logros son simbólicos, pero los simbolismos tienen algunas ventajas. En este caso, generan entre los ciudadanos una conciencia a favor de la Alianza del Pacífico. En principio, la alianza tendría que permitirle a México negociar en mejores términos su participación en el TPP. No me parece que ambos instrumentos se yuxtapongan, sino que creo que son complementarios, porque persiguen la misma meta: presentar un frente común fortalecido en Asia-Pacífico, una región dominada por China. Esto no debe entenderse como una política de agresión a China; se trata de un fortalecimiento de bloques para poder entrar en una región donde China tiene varias membresías. Las asociaciones se dan cuando se detecta una posición de falta de equilibrio y se piensa que estando más cerca se tendrá una mejor posición.

Los países de la Alianza del Pacífico están muy conscientes de las dificultades del TPP. En general, es un esquema complicado y México tiene claro que si se prolonga demasiado, perderá su riqueza y la posibilidad de convertirse en un motor de crecimiento, que es el principal objetivo cuando se tiene un acuerdo de libre comercio o negociación: se mide cuánto se podrá exportar, cuánto se tendrá que importar, cuánto valor agregado se generará y cuánto mejorarán las tasas de crecimiento cuando el acuerdo esté consolidado. En ese sentido, si el TPP se prolonga demasiado o no se concreta, México habrá mantenido un motor de crecimiento en la Alianza del Pacífico. Con esto, la visión estratégica de México para Asia y para Latinoamérica encuentra un elemento muy interesante que va a dar para muchos análisis: ¿Qué hace la Alianza del Pacífico? ¿Avanza mientras el TPP se aclara? ¿Qué hace con Asia?

Por otra parte, después de años de una relación tensa y complicada con China, ambos países aprovecharon que la llegada al poder de Peña Nieto ocurrió casi al mismo tiempo que la de Xi Jinping. Los cimientos de este acercamiento ya se habían sentado durante el gobierno de Calderón, pero lo que se ha logrado ahora con China ha sido impresionante. Por ejemplo, se montó una comisión binacional en la que participaron funcionarios que representaban prácticamente a todas las áreas del gobierno, como en su momento se hizo con Estados Unidos.

FAL – No obstante, persisten regiones que han permanecido en la oscuridad, ignoradas. ¿Debería México acercarse a regiones como Centroamérica, por ejemplo? ¿De qué forma, a través de qué medios?

RG – Es una pregunta muy relevante. Me duele que Centroamérica no figure más, aunque la relación entre México y Centroamérica siempre ha sido difícil. Con toda proporción guardada, Centroamérica ve en México lo que a veces nosotros vemos en Estados Unidos. Nos quejamos de que Barack Obama no ha podido sacar la reforma migratoria a la que se comprometió, y luego los centroamericanos se quejan del maltrato que se les da a sus niños migrantes en su camino antes de llegar a Estados Unidos. Incluso, el propio sistema para el Desarrollo Integral de la Familia ha señalado que sus albergues no son suficientes y ya hay denuncias internacionales en contra de México por el maltrato a los menores centroamericanos.

México no ha hecho todavía lo suficiente por Centroamérica y, hasta la fecha, sigue siendo una asignatura pendiente. Recientemente, el Presidente lanzó un programa importante dirigido a nuestros vecinos, Belice y Guatemala, para facilitarles la obtención de tarjetas con las que puedan cruzar el territorio sin obstáculos, que cuenten con albergues en la zona y que los centros de detención sean dignos. El problema del programa es que requiere tiempo y la situación entre México y Centroamérica no puede esperar más, hay que resolverla sobre la marcha.

Es un hecho que muchos centroamericanos, sobre todo guatemaltecos, cruzan la frontera para trabajar en México y que su mano de obra es necesaria. Lo que todavía nos falta es asegurarnos de que estos jornaleros reciban un buen trato y un buen salario, y se respeten sus derechos humanos y laborales, tal como queremos que se respete a los mexicanos en Estados Unidos, independientemente de su condición migratoria.

En definitiva, lo que no se ha hecho bien es detener el tráfico de personas a través de la frontera sur. Es cierto que se dijo que se ha reducido radicalmente el número de migrantes que se suben a la Bestia, pero el problema es que siguen pasando y las cifras de deportaciones y de víctimas del crimen organizado no han disminuido en la frontera norte. Es urgente que la mirada se dirija a Centroamérica, porque aún se puede hacer muchísimo más. En ese sentido, México se ha distinguido por apoyar las mejores causas, y las embajadas podrían auxiliar más a los centroamericanos que tratan de obtener una visa o un permiso de trabajo, e incluso a aquellos que llegan solicitando refugio o asilo político.

Tenemos que contribuir a la construcción de una comunidad diferente, una Centroamérica que se comunique en el aspecto humano y el de infraestructura. Por eso, me parece que hablar de Mesoamérica tiene mucho sentido, porque es una bandera que nos define. Cartográficamente se nos coloca en Norteamérica, pero de esta cartografía no hemos obtenido nada más que un tratado de libre comercio que fue dinámico, pero ya no lo es tanto. En realidad, nunca he creído en una comunidad de Estados norteamericanos, porque en el fondo, Canadá y Estados Unidos no tienen nada que ver con México más allá de lo comercial y lo económico. Entonces, ¿por qué no pensar en una comunidad de Estados mesoamericanos?

Para temas como el narcotráfico, la seguridad, la migración, el tráfico ilegal de armas tenemos que incorporar a Estados Unidos, pero debemos unirnos con Centroamérica para formar un frente común que dé lugar a un cambio de narrativa con Estados Unidos. México debe dejar de ser el socio obsecuente que fue en los dos últimos gobiernos panistas, cuando los estadounidenses se metieron “hasta la cocina”.

FAL – Sin embargo, aún existe una relación sólida con Estados Unidos. ¿Cuáles son otros aspectos que no deben perderse de vista al analizar la relación bilateral?

RG – La política exterior de México tiene un interés importante cuando hablamos de Estados Unidos: es al proveedor que más le compramos y el principal comprador de lo que vendemos. Además, la mayor inversión extranjera proviene de Estados Unidos, pero sobre todo ahí está nuestra gente, un número importante de mexicanos legales, pero también un gran número que está esperando una reforma migratoria a la que le pusieron puntos suspensivos. Ahora está por verse si Obama le dará prioridad. Es necesario tomar en cuenta que cuando millones de personas se regularicen, tendrán derecho a votar y pueden orientar la próxima elección presidencial. Esto dará de qué hablar a los republicanos y a los integrantes del Tea Party. Habrá que ver si se siguen oponiendo y hasta dónde puede llegar el propio Obama, quien tampoco tomó las decisiones que dijo que tomaría por medio de una decisión ejecutiva. El panorama se ve complicado porque Obama tiene otras decisiones que afrontar, como las dificultades con el Estado Islámico, el regreso de los soldados de Afganistán e Irak, así como el caso de Siria.

FAL – En otros ámbitos, México ha buscado a un grupo de socios poco tradicionales. Por ejemplo, recientemente se han hecho giras de trabajo por países del Medio Oriente como Arabia Saudita, Catar, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait. ¿Qué puede obtener el país de estos nuevos intercambios? ¿Cómo puede beneficiarse México de diversificar sus relaciones diplomáticas?

RG – Me parece que es una pregunta esencial. La diversificación ha sido un tema recurrente, pero no hemos tenido muy claro qué significa. Tal vez antes se refería a acuerdos con Europa o con los socios a los que más nos parecemos. ¿Qué pasa ahora con este grupo de países que no son tan parecidos a nosotros? ¿Qué tienen? ¿Por qué ese destello? Con una reforma tan importante como la energética, estos países petroleros adquieren una importancia novedosa. Durante los gobiernos del Partido Revolucionario Institucional, se decidió primero exportar mucho crudo y después se resolvió ponerle un tope. En esos años, México tenía una relación estrecha con la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), sin necesidad de afiliarse, porque para nosotros la vecindad con Estados Unidos siempre ha servido como una especie de faja. De hecho, hasta la llegada de Vicente Fox a Los Pinos, México tenía una relación muy importante y fundamentalmente energética con Arabia Saudita y con Noruega.

A partir de ese momento, México quedó fuera del juego del petróleo, a pesar de ser un país petrolero. Ahora hay que enmendarlo, hay que hacer un guiño al grueso de los países petroleros que están en el Medio Oriente. Parte de este nuevo camino hacia el Medio Oriente tiene que ver con asignaturas pendientes y con una importante necesidad de México de hacerse presente entre los países que tienen petróleo.

Tenemos que ver qué hacen estos países, qué tecnologías aplican y qué podemos aportar a ese mercado tan complicado. En suma, México ha ampliado su presencia en el mapa, sobre todo en Asia-Pacífico y el Medio Oriente, aunque todavía falta definir una postura ante Palestina. México va a más regiones y dice “aquí estoy”.

FAL – En esta línea, se ha hablado mucho también del grupo MIKTA (México, Indonesia, Corea del Sur, Turquía y Australia). En una entrevista con Foreign Affairs Latinoamérica, Carlos de Icaza, Subsecretario de Relaciones Exteriores, subrayó que el grupo es un espacio de diálogo y de concertación, pero que no tiene una agenda fija ni una posición específica sobre la mayoría de los temas que atañen a sus Estados miembros. ¿Qué se puede esperar de MIKTA como grupo?

RG – Ciertamente, MIKTA es un grupo simbólico, un esfuerzo de México para vincularse con países emergentes. Al principio no incluía a Australia, pero me da la impresión de que el peso de lo asiático exigía una presencia que tuviera una conexión especial con Asia. México encontró en Australia el par que necesitaba con vocación de Asia-Pacífico para entrar en este esquema.

Sin duda, es un esfuerzo diversificador complicado porque México no puede ni espera que MIKTA se convierta en un bloque. En todo caso, a lo que más aspira es que se convierta en una ventana más abierta para acercarse y ver qué pasa con la Asociación de Naciones del Sureste Asiático (ASEAN), y no sé si evolucionará como algo más.

FAL – Más recientemente, otro grupo que ha dado de qué hablar han sido los BRICS (Brasil, Rusia, la India, China y Sudáfrica), sobre todo a raíz del anuncio de la creación de su propio banco de desarrollo. Sin embargo, parece que los países del grupo han perdido el empuje de los últimos años. ¿Seguirán dando de qué hablar o podemos esperar cambios en el futuro? ¿Perderán relevancia ante el surgimiento de otros actores?

RG – Este grupo de los BRICS nos dio mucho dolor de cabeza a los mexicanos porque nos excluyó cuando teníamos muchas razones para estar ahí. ¿Por qué nos excluyeron? Porque el crecimiento de México es visto por los banqueros que acuñaron el acrónimo como un crecimiento asociado a Estados Unidos y no como un crecimiento nato. En cambio, las economías de Brasil y de la India sí crecen independientemente del crecimiento de Estados Unidos.

Los BRICS han tenido un gran atractivo por momentos, luego baja un poco, de pronto es atractivo otra vez. Creo que como fue una categoría inventada por terceros y no por ninguno de ellos, no generó una mística interna para trascender. En ese sentido, no veo a ninguno de los países de los BRICS como el líder del grupo, porque probablemente ninguno lo permitiría. Al no haber un liderazgo claro, considero que este bloque se podría tambalear. La creación del Nuevo Banco de Desarrollo suena muy atractiva, pues los recursos que se manejan, por lo menos en los libros, son muy cuantiosos, pero no se ve claramente adónde va. Dado que no fue un esfuerzo endógeno, será un grupo sujeto siempre a circunstancias exógenas.

FAL – En el marco de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el presidente Peña Nieto anunció que México incursionaría en las Operaciones para el Mantenimiento de la Paz (OMP), lo cual marcaría un hito en la historia diplomática de México. ¿Qué impacto puede tener esta decisión tanto en el ámbito interno como en el plano internacional?

RG – Me pareció un anuncio muy importante, porque siempre luché por participar en las OMP. Cuando participamos en El Salvador se enviaron elementos de la Policía Federal de Caminos para crear a la policía salvadoreña. Fue tan exitosa, que es la policía que hasta la fecha opera en El Salvador. Esa es la OMP de la que podemos hablar y de la que podemos sentirnos orgullosos.

Desde entonces, no participamos en ninguna OMP porque había una fuerte oposición dentro de la propia Secretaria de Relaciones Exteriores. Lo intenté como Canciller, pero no pude. Esa oposición cuestionaba la presencia de militares. En realidad, una OMP exige el compromiso de enviar el contingente que cada país sea capaz de mandar y del tipo que se requiera, ya sea un grupo de médicos, enfermeras, maestros, policías o, en su momento, militares. En el caso de los militares, el Senado tiene que autorizarlo y se debe precisar la forma y el motivo que justifiquen su salida.

¿Qué es lo que impedía nuestra participación en una OMP? Nada. Son operaciones solicitadas por el país en cuestión y respaldadas por el Consejo de Seguridad para formar una fuerza de interposición o para garantizar que se lleve a cabo correctamente una operación que no implique combatir. Por lo tanto, no viola la Constitución porque no es un acto de injerencia.

De hecho, México es uno de los principales contribuyentes al presupuesto ordinario de la ONU y al presupuesto de las OMP, aunque no se sentaba en la mesa de operaciones porque prefería “sacar la cartera y pagar la cuenta” antes que decir “ahí te van mis soldados”. Por otra parte, México ha mandado misiones electorales para observar las votaciones en otros países y, aunque no son precisamente una OMP, podrían ser consideradas como tal.

México es un país solidario, que acude a los sitios donde se necesita apoyo, como en el caso de Haití, Centroamérica o Nueva Orleans. Evidentemente, México tiene que ser muy equilibrado con el tipo de decisiones de políticas públicas que se toman, porque en el interior del país también hay muchas necesidades. No obstante, es importante que se tenga presencia y que se brinden apoyos internacionales, porque México forma parte del mundo.

Al final, esta decisión va a sumar, no va a restar. Por tanto, considero que es un paso importante, que refleja que hay un proyecto de política exterior. Aunque en ocasiones parezcan esfuerzos deshilvanados, lo único que falta es trazar las líneas que conecten todos los puntos.

ELÍAS CAMHAJI y GERARDO R. VALENZUELA son Productores Editoriales de Foreign Affairs Latinoamérica. Sígalos en Twitter en @eliascamhaji y @ForeignAffairsL. Esta entrevista ha sido editada y resumida para ajustarse al formato de la publicación.

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