¿Me quedo o no me quedo?

17 agosto, 2015 • Artículos, Latinoamérica, Portada • Vistas: 1861

El problema del acceso a la educación superior

El Universal

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avatarDefault Mónica Lozano Medina

Agosto 2015

En la actualidad acceder a la educación superior es para muchos jóvenes —y no tan jóvenes— una esperanza no cubierta: muchos buscan ingresar y pocos son los que se quedan. Sin embargo, el acceso a este nivel educativo tiene muchas aristas y muchos factores que resulta necesario identificar para tener una interpretación más clara del problema y no solo quedarnos con la noticia de que “aunque hay 308 000 registros de estudiantes rechazados en universidades públicas, en números reales hay aproximadamente 100 000 mexicanos sin cupo”, como lo indicó el Subsecretario de Educación Superior en la entrevista realizada por Carmen Aristegui el pasado 4 de agosto.

Si bien se han tomado diversas acciones desde el gobierno federal, como la firma de convenios con instituciones particulares para proporcionar becas de apoyo a aquellos aspirantes que no accedieron a las universidades públicas, este fenómeno no ha sido revertido. Las causas son multifactoriales, por lo que solo abordaremos algunas de ellas con el fin de ir advirtiendo la gran complejidad de este problema educativo.

Un factor detonante del problema de acceso a la educación superior es el bono demográfico por el que atraviesa México, que presiona y seguirá presionando al menos unos años más la creación de mayores oportunidades de ingreso al nivel superior. Aunado a lo anterior se encuentra también el crecimiento de la eficiencia terminal de la educación media superior que, aun cuando en términos relativos no incrementa de manera radical, en números absolutos se eleva la demanda. De esta forma, según los datos oficiales proporcionados por la Secretaria de Educación Pública para el ciclo 2001/2002 la eficiencia terminal porcentualmente fue del 57.2% ( 711 858 egresados) mientras que para el ciclo 2013/2014 fue del 64.4% (1 159 161 egresados) a nivel nacional.

Un segundo elemento se explica a partir de la gran complejidad de la educación media superior en México, la cual es un requisito para acceder a los estudios de nivel profesional. Este subsistema educativo presenta una estructura diversa ya que cuenta con tres subsistemas a su vez: el bachillerato general, el bivalente y la educación profesional técnica. La primera está particularmente dirigida a la formación de estudiantes para el ingreso a la educación superior, de ahí que se le denomine en ocasiones como el bachillerato propedéutico. El propósito fundamental de esta primera orientación es dotar a los estudiantes de conocimientos en diferentes áreas como las humanidades, la ciencia y la tecnología. Sin embargo, dentro de este se ubican grandes diferencias en sus planes de estudios, encontrando de esta forma egresados del Colegio de Bachilleres, Bachilleratos de la Universidades, Bachilleratos Militares, Bachilleratos de Arte, por solo señalar algunos.

La Jornada

La Jornada

El bachillerato bivalente conjunta tanto la formación profesional técnica como los estudios que permiten la inserción a la educación superior. Su objetivo como lo señala la Dirección General de Educación Tecnológica Industrial (DGETI) “es formar bachilleres técnicos y profesionales técnicos que desarrollen, fortalezcan y preserven una cultura tecnológica y una infraestructura industrial y de servicios”. En este sentido, este tipo de orientación privilegia los estudios de tipo tecnológico, divididos a su vez en 104 especializaciones, como por ejemplo: el diseño de modas, el diseño industrial o la gestión ambiental. De esta forma, los egresados tienen dos certificaciones, la que avala la profesión técnica y la de bachiller.

La educación profesional técnica en el año 1997 realizó una modificación a sus planes de estudios, que posibilitaron a sus egresados insertarse al espacio de la educación superior. Antes de esta fecha los egresados de este tipo de educación media superior contaban con un certificado de técnico, logrando con ello insertarse al mercado de trabajo. Sin embargo, a partir de las transformaciones curriculares, estos egresados tienen la oportunidad de demandar el acceso a la educación superior. Entre las instituciones que se encuentran en este subsistema se ubica el Colegio Nacional de Educación Profesional Técnica (CONALEP), y el Centro de Estudio de Arte.

Esta conformación de la educación media superior no es un asunto menor debido a que las diversas orientaciones formativas hacen que los egresados cuenten con una formación diversa, que no necesariamente les posibilita insertarse con la mismas oportunidades a todas las opciones que ofrece la educación superior, tanto a nivel de la institución de preferencia como a la carrera que se desea estudiar. Por ejemplo, hay menos posibilidades de acceso de los egresados de los subsistemas que cuentan con conocimientos tecnológicos o técnicos muy específicos y que deseen acceder a carreras humanísticas o sociales. Esto se debe a que los subsistemas educativos en México pueden no contar con conocimientos que les permita a sus egresados cursar carreras con una orientación totalmente distinta a la que se formaron en sus instituciones.

Otro elemento que complejiza el problema es el relativo a las formas de acceso a la educación superior, ya que no existe un patrón que homogenice los criterios de las universidades o escuelas de educación superior —públicas o privadas— para el ingreso estudiantil. De esta forma, se genera en primera instancia una distinción en el acceso a la educación superior debido a que muchas universidades, al ofrecer estudios de nivel medio superior, privilegian a sus propios egresados con el denominado “pase automático” o “pase reglamentado”, dando así mayores oportunidades a sus egresados que concluyeron satisfactoriamente el bachillerato.

Por este motivo es que el acceso a la educación profesional en México tiene dos grandes mecanismos: el que se aplica a los egresados de bachilleratos propios a la institución educativa y el que se aplica a los egresados de distintas instituciones a través de exámenes de admisión, los cuáles en términos generales son pruebas de conocimiento y específicos del área seleccionada. Los exámenes son de selección, es decir, sirven para ubicar a los aspirantes en orden decreciente a través de las calificaciones o puntajes obtenidos. Además, los resultados se relacionan de manera contundente con el número de vacantes existentes.

EFE

EFE

Si bien, este es el caso de algunos de los factores que se presentan en México con respecto al acceso a la educación superior, en Latinoamérica la situación es igualmente preocupante, según datos presentados por Alicia García y Claudia Jacinto en su texto “Equidad y educación en América Latina”. Las autoras sostienen que el acceso a los estudios de educación superior esta segmentado por condiciones socioeconómicas y niveles educacionales de los hogares de origen, lo que aumenta las dificultades y disminuye las probabilidades de ingresar a este nivel educativo.

Un ejemplo que clarifica lo anterior es que a partir de la construcción de tres niveles de ingreso per capita familiar como bajo, medio y alto, para el año 2006, en Argentina un 44.8% de los matriculados pertenecían a un nivel socioeconómico alto y solo 12.4 % del nivel bajo. En Bolivia, bajo la misma comparación, se encontró que se matricularon un 39.2% y un 13.7%, en Chile la relación entre estudiantes de éstos dos niveles socioeconómicos fue del 33.9% y del 10.4%, y por último en el caso de México el 34.7% contra el 9.1%.

De esta manera, el fenómeno de acceso a la educación superior, tanto en México como en Latinoamérica, no es un problema individual en el que el sujeto se enfrenta a la desesperanza de no haber accedido ni la institución ni la carrera solicitada. Por el contrario, por muchos factores como los que hemos revisado y otros más que se nos escapan, el acceso tiene que identificarse como un problema multifactorial, y no quedarnos en el “me quedo o no me quedo” o incluso en el “¿dónde me quedo?”.

 

MÓNICA LOZANO MEDINA es profesora e investigadora de la Universidad Pedagógica Nacional Unidad Ajusco. Además, es licenciada, maestra y doctora en Pedagogía de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Sus líneas de investigación se centran en las políticas educativas y la desigualdad e igualdad de oportunidades en jóvenes y estudiantes universitarios.

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2 Responses to ¿Me quedo o no me quedo?

  1. Sofia dice:

    Qué gusto que una egresadoa de la UNAM tenga esa visión, excelente artículo, felicidades!

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