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Escrito por 6:00 AM Artículos, Latinoamérica, Portada • 5 Comentarios

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Cómo mejorar la imagen de México en el exterior

Consejo de Promoción Turística de México

Omar Baqueiro

El triunfo de Andrés Manuel López Obrador en las elecciones del 1 de julio de 2018, colocó los reflectores del mundo sobre México durante los días inmediatos a la contienda. La prensa y la opinión pública internacional destacaron principalmente la victoria de la izquierda a nivel federal, tras nunca haber ocurrido en el país, aunada a la consolidación de la democracia mexicana, lo cual, en conjunto, representa un acontecimiento histórico. Asimismo, los rotativos en el mundo recalcaron el gran capital político y la legitimidad con los que contará el próximo Presidente: mayoría en las dos cámaras y una amplia aprobación popular.

Lo anterior es importante ya que se han generado grandes expectativas del próximo gobierno, tanto dentro como fuera del país (en menor medida), sobre si podrá cumplir con las principales promesas de campaña: pacificar el país, combatir a la corrupción y disminuir la desigualdad económica. Cumplir con estas expectativas, así como difundir una buena imagen del país, ayuda a generar confianza en México en el extranjero. La generación de confianza (además de las decisiones que se tomen en política financiera) favorece la atracción de mayor turismo e inversiones. Pero, además, una buena imagen del país también suscita un mayor reconocimiento. Dicho esto, y en el contexto actual, poder generar confianza y transmitir una buena imagen dependerán tanto de las noticias que se difundan del país desde estos primeros días de transición como de las estrategias de comunicación que el próximo gobierno emplee (la carta de López Obrador a Donald Trump es un ejemplo). Lograr esto no será una tarea fácil dados los altos y alarmantes índices de violencia, corrupción y pobreza padecidos durante los últimos años, y atestiguados por los ojos del mundo.

¿Cómo transmitir una buena imagen en el exterior?

En gobiernos federales anteriores, el Estado mexicano se ha valido de distintas estrategias de comunicación en política exterior para transmitir una buena imagen en el extranjero, en las que la promoción cultural del país ha sido la principal herramienta. Por ejemplo, una estrategia en diplomacia pública muy reconocida fue la exposición “México: Esplendores de 30 siglos, presentada en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York en 1990, que sirvió como carta de presentación de México ante la opinión pública estadounidense, previo a la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). De igual forma, también se han operado estrategias de marca país, como la actual campaña de “Visit México“, orientadas principalmente a atraer mayor turismo. Si bien este tipo de acciones han logrado difundir el patrimonio milenario y las manifestaciones populares de la cultura mexicana, resultando atractivas a los ojos de otros países, los éxitos obtenidos han sido efímeros o solo han servido para los fines políticos y económicos específicos de los gobiernos que las han implementado. Al final, terminan siendo medidas casuísticas y aisladas que carecen de continuidad, coordinación y planeación.

A diferencia de la diplomacia pública y de una marca país, para una estrategia de diplomacia cultural, la promoción de la cultura es la herramienta, pero también el fin.

A diferencia de la diplomacia pública y de una marca país, para una estrategia de diplomacia cultural, la promoción de la cultura es la herramienta, pero también el fin. Cuando una estrategia de diplomacia cultural se adopta como parte de la política exterior que regirá el rumbo de un Estado, se logra producir en el ideario de las sociedades extranjeras reconocimiento sobre la cultura de ese país, y ese reconocimiento prevalece por años y trasciende gobiernos. En esa tesitura, para este gobierno es totalmente imprescindible potenciar el capital político que tiene y hacer una verdadera apuesta por una ambiciosa estrategia en diplomacia cultural que trascienda su mandato y se eleve a política de Estado. Hoy la Secretaría de Relaciones Exteriores, que encabezará Marcelo Ebrard en el nuevo gobierno, podría plantearse las siguientes ocho propuestas.

En primer lugar, diseñar una estrategia de diplomacia cultural, con una planeación integral y objetivos formalmente establecidos, con nivel de política de Estado. Que esa estrategia se apegue siempre a los principios de política exterior mexicana y, quizá, redefinir estos principios. Dicha planeación podría apoyarse, entre otras cosas, de un catálogo de contenidos culturales y artísticos que permita programar presentaciones en el extranjero en el corto, mediano y largo plazo.

En segundo lugar, coordinar mejor el trabajo de los Institutos de Cultura de México en el extranjero, dando unidad en su concepto. Se puede empezar por el hecho de que todos compartan el mismo nombre, estén bajo una misma dirección y procurar homogenizar su constitución orgánica, por ejemplo, que la mayoría puedan ser donatarios, consolidándolos como una marca emblema. En esa misma línea, esta marca emblema podría no estar supeditada siempre a un espacio físico y podría apoyarse en plataformas digitales. Se podría poner al alcance de distintos públicos una biblioteca y una hemeroteca virtuales, programas de televisión y radio, aprovechando canales con los que ya cuenta el Estado. Por ejemplo, algunas transmisiones en los canales del Instituto Mexicano de la Radio podrían retransmitirse en el exterior vía esta nueva marca del Estado, parecido a lo que ha alcanzado actualmente la NPR de Estados Unidos.

También, se propone que en materia de cooperación internacional (y por añadidura, cooperación cultural), por fin se provea de autonomía real y mayores recursos a la Agencia Mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo, para potenciar su actuar. Es importante aprender de las experiencias de agencias de otros países, como la reciente apuesta de Chile con su Agencia Chilena de Cooperación Internacional para el Desarrollo. Que, con en el afán de diversificar relaciones con otros países, se generen nuevos acuerdos con agencias pares para intercambios académicos, culturales y, principalmente, mayores intercambios artísticos (estancias).

Por otro lado, también se debe aprovechar, por fin, la ventaja de ser el país con más hispano hablantes en el mundo y capitalizar la demanda mundial por aprender el idioma español, ampliando las sinergias ya acordadas con España y cubriendo zonas en las que el Instituto Cervantes no ha llegado, como Estados Unidos. Trabajar con la Escuela Nacional de Lenguas, Lingüística y Traducción de la Universidad Nacional Autónoma de México para la generación de materiales y certificaciones en lengua española, así como llegar a acuerdos con universidades en el extranjero para ofrecer licencias para cursos, parecido a lo que hacen los Institutos Confucio de China.

Sin duda, este es el momento para emprender una verdadera apuesta por la promoción de la cultura mexicana, con una estrategia de Estado que proyecte la diversidad y el dinamismo cultural del México contemporáneo.

Asimismo, en coordinación con industrias culturales, promover con mayor voluntad a artistas contemporáneos nacionales de todas las disciplinas. Más que aspirar a una versión de la Ola Coreana con la industria del entretenimiento, se debe buscar consolidar una ola mexicana de artistas de la talla de Elisa Carrillo, Gabriel Orozco, Alondra de la Parra, entre otros. De igual forma, aprovechar el nuevo auge del cine mexicano y explorar distintas plataformas para su difusión, como lo hace la Alianza Francesa con el cine francés. De la misma manera, en términos culturales, se propone potenciar el posicionamiento que ha conseguido la gastronomía mexicana a nivel internacional, de la mano de distinguidos chefs, como Enrique Olvera, como aspecto importante de la cultura mexicana.

Finalmente, se deben generar los acuerdos necesarios con la iniciativa privada nacional y extranjera para que sean partícipes de esta apuesta por la cultura mexicana en el extranjero. Lo anterior, por medio de la exploración de distintos esquemas para financiar estos proyectos culturales; por ejemplo, el Ministerio de Relaciones Exteriores del Reino Unido en ocasiones solo aporta 30% al presupuesto con el que operan los British Council en algunas sedes, debido a los diversos apoyos que logra sumar.

Estas son solo algunas acciones que se podrían implementar en materia de diplomacia cultural. Por cierto, estas propuestas no son simplemente autoría de quien escribe, sino resultado también de experiencias compartidas por expertos que han trabajado y estudiado el tema. Sin duda, este es el momento para emprender una verdadera apuesta por la promoción de la cultura mexicana, con una estrategia de Estado que proyecte la diversidad y el dinamismo cultural del México contemporáneo. Actualmente se cuenta con el capital político para hacer posible esta apuesta, ahora solo se necesita la voluntad política para trabajar en las leyes, las políticas y las institucionales requeridas para traducir la riqueza cultural del país en una influencia perdurable en nuestras relaciones internacionales. Ahora se tiene la gran oportunidad de cambiar la forma en cómo otros países perciben a México y para que lo que digan de nosotros no sean calificativos construidos a partir de estereotipos o de las noticias que transmiten referentes negativos de lo que ocurre últimamente en México. Hoy se presenta una coyuntura histórica, en la antesala del siglo XXI, para poder construir nuevos y mejores referentes sobre la grandeza de esta nación mexicana.

OMAR BAQUEIRO es licenciado en Relaciones Internacionales por la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México, y maestro en Economía de la Cultura por la Universidad Erasmus de Rotterdam. Cuenta con 10 años de experiencia en el sector de promoción y gestión cultural, en proyectos a nivel nacional e internacional, tanto en sector público como en privado. Sígalo en Twitter en @elsiquisiri.

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Última modificación: 5 octubre, 2018

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