Las FARC: de guerrilla a partido político

26 septiembre, 2016 • Artículos, Latinoamérica, Portada • Vistas: 3942

EFE

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avatarDefault Pablo Scuticchio

Septiembre 2016

El acuerdo de paz de La Habana acaba de generar un realineamiento entre quienes se dedican a estudiar a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Si el cronograma de dejación de armas se cumple, el grupo armado fundado por Manuel Marulanda en 1964 se transformará en un partido político autorizado a competir en las elecciones de 2018. A partir de entonces, quienes quieran continuar analizando la actualidad de las FARC pero no planeen convertirse en historiadores involuntarios deberán actualizar su enfoque disciplinario. Esto requerirá abandonar el campo de batalla e incursionar en ámbitos más mundanos como las campañas electorales y la labor parlamentaria.

Existen numerosas experiencias en Latinoamérica de grupos armados que dejaron las armas y se transformaron en partidos políticos. Colombia fue testigo de numerosas de estas transiciones. Reconocer los antecedentes de otras guerrillas que ya atravesaron este camino es útil para comprender la nueva vida de las FARC después de los acuerdos de La Habana.

ANTECEDENTES LATINOAMERICANOS

Numerosos líderes y partidos latinoamericanos pueden rastrear sus orígenes a un pasado insurgente. Los Tupamaros de Uruguay fueron uno de los pioneros de la guerrilla urbana en la región. Decidieron abandonar la vía armada luego del retorno de la democracia en 1985. Los partidos que conformaban la coalición del Frente Amplio los aceptaron como miembros en 1989 tras largas deliberaciones. Una vez adentro, formaron su propia facción interna, obtuvieron escaños en el Congreso y encabezaron un ministerio durante el gobierno de Tabaré Vázquez. Finalmente, ganaron las elecciones internas y lograron elevar a uno de sus miembros, José Mujica, como presidente en 2010.

El Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) de El Salvador tal vez sea el caso de guerrilla desmovilizada que mejores resultados obtuvo en las urnas. Concluido el proceso de dejación de armas estipulado en el Acuerdos de Paz de 1992, los antiguos líderes guerrilleros se dedicaron a reconvertir a la estructura armada del FMLN en un partido político moderno y competitivo. La larga espera de 17 años en la oposición fue coronada con los triunfos en las elecciones presidenciales de 2009 y de 2014.

Pero no todos los excombatientes atraviesan esta transformación de manera exitosa. La Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG) siguió una trayectoria declinante luego de firmar la paz en 1996. Al igual que el FMLN, el antiguo mando guerrillero mantuvo las riendas del nuevo partido. Pero a diferencia de sus pares salvadoreños, se resistieron a implementar las reformas necesarias para adaptarse a las nuevas realidades políticas posteriores a la guerra civil. Ignorada por el resto de la izquierda guatemalteca, la URNG nunca logró sellar alianzas y se vio relegada a los márgenes del tablero electoral.

AFP

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ANTECEDENTES COLOMBIANOS

Las FARC no son el primer grupo armado colombiano en negociar su desmovilización. Los presidentes Virgilio Barco (1986-1990) y César Gaviria (1990-1994) lograron que varias organizaciones entregaran las armas e ingresaran a la vida civil. Uno tras otro, los dirigentes del Movimiento 19 de Abril (M-19), el Ejército Popular de Liberación (EPL), el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y la Corriente de Renovación Socialista formaron nuevos partidos o ingresaron a otros ya existentes.

Los líderes del M-19 son los que más destreza demostraron en este proceso de reconversión. El primer partido que crearon, Alianza Democrática M-19, obtuvo un tercio de los asientos de la asamblea constituyente de 1991. Desde entonces, ocuparon escaños parlamentarios, alcaldías, gobernaciones y hasta un ministerio. Al día de hoy continúan poblando la escena política colombiana

ANTECEDENTES DE LAS FARC

El proceso de paz de La Habana no es el primer intento de las FARC para ingresar a la arena electoral. El cese al fuego de los Acuerdos de la Uribe en 1984 brindaron el margen necesario para crear un partido propio: Unión Patriótica (UP). Sus primeros resultados electorales fueron relativamente exitosos. En los comicios regionales de 1986 la sigla obtuvo un total de 5 senadores, 9 representantes y 25 alcaldes.

Pero el ensayo de la Unión Patriótica no prosperó. Desde el primer momento, el partido debió sufrir el constante hostigamiento de paramilitares y grupos criminales. Sus dos primeros líderes—Jaime Pardo Leal y Bernardo Jaramillo Ossa—fueron asesinados junto a una larga lista de dirigentes y activistas.

Pero el naufragio de la UP no fue exclusivamente el resultado de la violencia paramilitar. La estrategia de las FARC para insertarse en la vida política civil de aquel entonces sufría de graves incoherencias. La misma Séptima Conferencia Guerrillera de 1982 que planteó la necesidad de contar con un vehículo partidario fue la que dobló el número de frentes y delineó el plan ofensivo para tomar el poder en 8 años. La UP estuvo condenada a hacer malabarismos con dos prioridades contradictorias: ganar elecciones y contribuir al esfuerzo de guerra. Organizar una campaña electoral desde la semiclandestinidad es ya de por sí una tarea difícil. Y lo es todavía más cuando se desvían los escasos recursos del partido para tareas ajenas al proselitismo como reclutar combatientes. La contradicción de intereses finalmente llevó a que las FARC abandonaran a la UP y renegaran de la política electoral por más de 2 décadas

EFE

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 DE LA SELVA A LAS URNAS

El acuerdo final de La Habana incorpora cláusulas con las que se espera facilitar la transición de las FARC a la política electoral. La más importante de ellas es la que les asigna un cupo de cinco asientos en el Senado y otros cinco en la Cámara de Representantes entre 2018 y 2026. Para obtener este beneficio, las FARC deberán demostrar que se desprendieron de la totalidad de sus arsenales y cumplir con la ley de partidos.

Lo más probable es que los jefes de las FARC aspiren a fundar un partido político que siga la hoja de ruta del FMLN salvadoreño. En aquel caso, la cúpula militar guerrillera retuvo la dirección del nuevo partido y finalmente alcanzó un desempeño electoral exitoso. Al igual que en El Salvador, replicar esta trayectoria en Colombia no va a ser una tarea sencilla. El nuevo partido de las FARC deberá cargar con una pesada herencia. El hecho de haberle hecho la guerra al Estado por medio siglo y haber cometido graves crímenes contra civiles no puede ser borrado fácilmente.

El camino al éxito en las urnas requiere de dos bienes que no abundan entre las filas de las FARC: experiencia electoral y capacidad para atraer aliados. Los líderes de la guerrilla viven desde hace décadas en zonas recónditas del país. La clandestinidad no es el mejor lugar para aprender cómo organizar una campaña electoral moderna. Las FARC también cuentan con una acotada la lista de potenciales socios. Excepto por algunas declaraciones del senador del Polo Democrático Alternativo Iván Cepeda, no existe gran entusiasmo entre la izquierda colombiana por establecer alianzas con las FARC.

Los mandos de las FARC son plenamente conscientes del desafío que enfrentarán a la hora de atraer al electorado y formar alianzas. La Décima Conferencia Guerrillera reunida en San Vicente del Caguán a mediados de septiembre para aprobar el acuerdo de La Habana reflejó el empeño de las FARC para renovar su imagen y alejarse de su pasado violento. En ese sentido, la asamblea se pareció más a una convención partidaria que a un conciliábulo de insurgentes. Los medios fueron invitados a cubrir el evento por primera vez y los delegados se mostraron ante las cámaras sin armas y vestidos de civil.

 

¿COALICIONES O PARTIDO PROPIO?

La estrategia electoral de las FARC enfrenta un dilema. Sus líderes deberán decidir si se presentan a los comicios como parte de una alianza o si prefieren probar su suerte con un partido propio. Los antecedentes latinoamericanos reflejan las dos caras de ambos caminos. Los Tupamaros uruguayos representan un caso exitoso a la hora de formar alianzas. No se puede decir lo mismo de la Alianza Democrática M-19 en Colombia. Por otro lado, el modelo de perseverancia del FMLN salvadoreño puede resultar atractivo. Sin embargo, la URNG guatemalteca probó que este es un camino exigente que bien puede llevar al estancamiento.

Hasta ahora no hay indicios de que las FARC estén planeando ingresar a una formación partidaria ya establecida. El antecedente de los Tupamaros uruguayos en el Frente Amplio no parece interesarles. Probablemente entiendan que los partidos políticos de exguerrilleros llevan las de perder si forman coaliciones amplias sin demasiada coherencia ideológica. El ocaso del partido del M-19 demuestra como recurrir a negociaciones constantes con otras formaciones puede contribuir a disolver el programa ideológico y minar la disciplina del núcleo de combatientes originarios.

Presumiblemente, el nuevo partido de las FARC busque retener la jerarquía vertical y la lealtad de mandos. Pero lo que es útil en la guerra puede resultar un lastre para la política civil. La URNG se aferró a su hermética organización militar. Los partidos políticos viven de la negociación y los compromisos. La inflexibilidad de la URNG para acoplarse a los ritmos de la política civil la condenaron al inmovilismo y a la intrascendencia.

¿Cuál será el futuro de las FARC como partido político? La Décima Conferencia Guerrillera de septiembre ofreció pocos indicios para descifrar la futura estrategia electoral. Preguntas esenciales como el nombre de la nueva formación, el contenido ideológico de la plataforma partidaria y la disposición para formar coaliciones quedaron sin respuesta. Habrá que esperar a la convención convocada para mayo de 2017 para que las FARC revelen el camino que seguirán en su nueva vida como partido civil.

PABLO SCUTICCHIO es licenciado en Relaciones Internacionales por la Universidad Di Tella y estudiante de posgrado Escuela de Estudios Internacionales Avanzados (SAIS/JHU). Sígalo en Twitter en @PabloScuticchio.

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3 Responses to Las FARC: de guerrilla a partido político

  1. Es de excelencia su artículo Licenciado Pablo, muchas felicidades por esta extraordinaria publicación que sienta precedente para la historia del mundo.

  2. zapata luz dice:

    dspues de mucho tiempo de guerra entre estos grupos guerrilleros llego LA PAZ a este pais que Colombia como se vio su evolucion entre las diferentes conflictos intercional y con en mismo pais y sus representantes que es el presidentes solo `por formar o demostrar un poder militar denttro de los diferentes formas de ddeemostrar su poder…

  3. Zvonimir Yuras dice:

    Buen artículo, pero creo que la comparación con los grupos guerrilleros convertidos a la política en años anteriores no es lo que podría suceder con las FARC EP, ya que ellos dejaron de practicar la política con las armas hace mucho tiempo dedicándose al narcotrafico y a las más variadas formas de delincuencia común.

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