Las dificultades de formar gobierno en España

18 abril, 2016 • Artículos, Europa, Portada • Vistas: 1009

REUTERS/Juan Medina

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Abril 2016

Los resultados de las elecciones españolas del 20 de diciembre de 2015 generaron la dificultad —y veremos en la próximas semanas si la imposibilidad— de formar gobierno, un hecho inédito en el sistema parlamentario español. Desde la Constitución española de 1978, ha habido dos tipos de gobierno: los de mayoría absoluta parlamentaria o los de mayoría o minoría con un claro partido ganador que ha recibido apoyos parlamentarios. Sin embargo, jamás se han generado gobiernos de coalición.

Los resultados de las elecciones del 20 de diciembre, aunque han generado un partido ganador, el Partido Popular (PP) —después de gobernar con una mayoría absoluta entre 2012 y 2015— no tiene los votos suficientes ni el apoyo necesario para formar gobierno. El período de mayoría absoluta parlamentaria del PP ha servido más para generar desencuentros que para tejer complicidades, en particular en los ámbitos de las reformas económicas en que hubiese sido necesario un amplio consenso. Parece que el gobierno anterior quiso asumir la plena responsabilidad de dichas reformas para cosechar electoralmente los éxitos del impacto en el crecimiento económico y tener así en esta legislatura la ventaja para pactar sin desgaste reformas de más calado político. Sin embardo, resulta difícil imaginar que el PP pensaba renovar una mayoría absoluta, pues esto nunca ha sucedido y además las encuestas no auguraban este resultado

Si el PP, la fuerza política con más votos y curules (123) en el parlamento, no puede formar gobierno, los demás partidos que “matemáticamente” podrían sumar fuerzas para hacerlo en torno a la segunda fuerza que es el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) —que cuenta con 90 diputados— tampoco lo consiguen. De momento lo que más les une es el bloqueo del PP o por lo menos que éste no pueda formar gobierno en solitario.

Es verdad que las encuestas preelectorales ya vaticinaban un resultado incierto para las fuerzas políticas tradicionales que representaban el bipartidismo en España, gracias a la entrada de dos nuevas fuerzas políticas: Podemos, que cuenta con 69 diputados, y Ciudadanos, que cuenta con 40. Sin embargo, se había previsto la posibilidad de que hubiese una coalición conservadora —del PP con Ciudadanos— o una posible coalición de izquierda —del PSOE con Podemos—. Incluso, aunque se había desestimado la gran coalición del PP con el PSOE y Ciudadanos como imposible de orquestar políticamente, no se pensaba que se llegaría a la situación actual de más de 100 días sin gobierno y con posibilidades de repetición de elecciones el 26 de junio.

Reuters

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¿Cómo llegamos aquí?

La pregunta es, ¿por qué se ha llegado a esta situación? ¿Qué ha cambiado en España para que se haya producido este vuelco político? Hay distintos ingredientes que produjeron la actual “ingobernabilidad”, que no significa desgobierno. Da la impresión de que no se ha sabido o querido hacer frente a los problemas que iban apareciendo. Por un lado, es innegable el papel la crisis económica y financiera —particularmente la crisis de la deuda y de la banca— que ha provocado una enorme desigualdad como consecuencia del elevado desempleo y que ha dado lugar a movimientos sociales tales como el del 15M, también llamado de los “indignados”. Este movimiento ha ocupado el espacio político a través del partido Podemos y otros grupos afines.

Además, existe un fuerte descontento ocasionado por la corrupción política, cuyo máximo exponente se ha visualizado en el partido del gobierno. Sin embargo, no solo el PP es visto como corrupto: otros partidos políticos como el PSOE y Convergencia Democrática de Catalunya (CDC) también pendientes de sentencias judiciales han sabido contener su desprestigio al asumir ciertas responsabilidades. En este sentido, la corrupción de los partidos tradicionales ha dado ventaja a las nuevas formaciones políticas —Podemos y Ciudadanos— que se encuentran libres de la corrupción vinculada al ejercicio de poder.

Por otro lado, la falta de solución al llamado “problema catalán”, que ha alcanzado su cenit con una mayoría política “independentista” en las elecciones de Cataluña el pasado 27 de septiembre de 2015, permitió la formación de un gobierno que por primera vez en la democracia tiene una hoja de ruta hacia la independencia. En este entorno, los llamados partidos constitucionalistas que tienen mayoría en el Parlamento de España no la tienen en el Parlamento de Cataluña. Además, los partidos independentistas catalanes que tienen una amplia representación en el Parlamento de España —como Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), que cuenta con 9 diputados, y Democràcia i Llibertat (DiL), que cuenta con 8—, no cuentan con suficientes escaños para apoyar la formación de gobierno. Esta es la primera ocasión en la que los partidos catalanes no son decisivos para apoyar a un gobierno en el Parlamento Español.

Estos tres problemas han determinado las líneas rojas que los partidos se han autoimpuesto para formar una coalición o dar apoyo parlamentario a una candidatura de gobierno, incluso con la abstención. Por ejemplo, el PP no pactará con los independentistas o con quienes los apoyen y mantiene como innegociable el hecho de que, al ser el partido que ha obtenido más votos y escaños, debe ser el que forme gobierno con el apoyo o abstención de los demás. Por otro lado, el PSOE y Pedro Sánchez decidieron no apoyar al PP, en particular a su candidato Mariano Rajoy, aunque tampoco apoyarán un referéndum en Cataluña. Por su parte, Ciudadanos no apoyará a los independentistas, aunque ha relajado su restricción de no apoyar partidos que estén implicados en la corrupción y podría apoyar una coalición con el PP. Sin embargo, Ciudadanos no quiere revocar la ley de reforma laboral y el PSOE sí. Finalmente, Podemos ha pactado con sus socios de Cataluña y ha puesto su línea roja en la necesidad de convocar un referéndum sobre el derecho a decidir en esta región, pero tampoco apoyará a un gobierno de Ciudadanos o del PP con la abstención. Estas condiciones han convertido en imposible cualquier aritmética parlamentaria.

Tras 40 años del inicio de la transición democrática en España —si se considera que este hecho se dio en 1976— algunos hablan de una “segunda transición”. Pese a que la expresión es equívoca, esta significaría la necesaria reforma de una Constitución rígida y obsoleta en ciertos aspectos —como el artículo 57 que da preferencia sucesoria al trono al varón— que nadie se ha atrevido a tocar hasta el momento. La constitución ha sido utilizada por el conservadurismo español, tanto de izquierda como de derecha, de manera regresiva y limitativa en el desarrollo de un Estado autonómico que podía haber evolucionado hacia un sistema casi federal. Además, ha creado un problema donde no debería haberlo propiciado por la suspensión de algunos artículos del Estatuto de Autonomía de Cataluña por parte del Tribunal Constitucional en 2010, lo que ha hecho crecer la opción independentista hasta el punto de poder formar gobierno en esta región.

La situación actual de fragmentación parlamentaria no es solo fruto de la indignación frente a las soluciones de austeridad implementadas ante la crisis a partir de 2010. Sin embargo, es un hecho que los sectores más radicales de la izquierda se configuran como una opción política a raíz del 15M y cuentan con un gran apoyo en las Comunidades Autónomas que más han resentido las políticas recentralizadoras del PP: Baleares, Cataluña y Valencia. Dichas Comunidades, debido a su alto nivel de actividad económica y empleo, han tenido que imponer recortes presupuestarios en los servicios sociales y de bienestar que tienen adjudicados. La fragmentación tampoco es solo fruto de las denuncias de corrupción por parte de los reformistas liberales como Ciudadanos, que de hecho nace como una plataforma política en Cataluña en 2005 con propuestas más recentralizadoras que el PP, a quién disputa su espacio político primero en Cataluña y ahora en España (Parlamento Europeo, municipios, Comunidades Autónomas).

¿Hacia dónde va el gobierno en España?

Sin embargo, tanto Podemos como Ciudadanos han roto el clásico bipartidismo español que dominó desde la descomposición de la Unión de Centro Democrático (UCD) en 1981, aunque por si solos no son la causa de la ingobernabilidad, sino más bien su efecto. Por ello la situación es irreversible a corto plazo y, con unas nuevas elecciones, previsiblemente se llegaría otra vez al punto de partida del 20 de diciembre de 2015. Lo que sí podrían dar como resultado unas nuevas elecciones el 26 de junio de 2016, gracias a la mayor abstención, sería que la situación se decantara hacia una u otra coalición.

Lo que no se sabe, aunque los partidos se esfuerzan en conocerlo, es si la futura coalición les dejaría en mejor o peor situación que ahora y por el momento parece que la abstención favorecería al PP y haría caer a Ciudadanos. Sin embargo, fuese la que fuese la coalición posible de gobierno, se debería enfrentar igual que cualquier opción de gobierno actual con dos problemas. Por un lado, deberá hacerle frente al cumplimiento de los compromisos externos de déficit público y a las políticas económicas de la Unión Europea. Por otro, deberá proponer una reforma constitucional que abra soluciones de evolución en lugar de establecer candados involucionistas.

REUTERS/Andrea Comas

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En el procedimiento parlamentario de investidura, el líder del PP Mariano Rajoy declinó la invitación del Rey de formar gobierno para evitar el fracaso y ganar tiempo electoral. Posteriormente, el líder del PSOE, Pedro Sánchez, acechado por la derrota y para frenar el frente partidista interno que propugna su sustitución, tuvo que aceptar la propuesta, hecha por el Rey, de intentar formar gobierno, buscando el apoyo de Ciudadanos. Este proceso concluyó con la fallida investidura del 3 y 5 de marzo de 2016. La situación actual tiene su fecha límite el 2 mayo en que si no se ha podido formar gobierno, el rey Felipe VI disolverá el Parlamento y se convocarán nuevas elecciones para el 26 de junio.

¿Qué puede pasar de ahora al 2 de mayo de 2016? Por el momento los partidos hacen sus cuentas para saber si estarán mejor o peor con nuevas elecciones el 26 de junio. Los partidos que concluyan que van a estar peor estarán dispuestos a formar una coalición. El PP estima que estará mejor y, por lo tanto, difícilmente estará dispuesto a formar una gran coalición a no ser que factores externos la impulsen, como el terrorismo en Europa, la inestabilidad económica y el entorno internacional.

Por su parte, la coalición del PSOE con Ciudadanos no ha funcionado y solo queda una opción aritmética posible aunque políticamente compleja: PSOE podría intentar aliarse con Podemos y conseguir la abstención de los partidos catalanes y del Partido Nacionalista Vasco (PNV), opción que hasta el momento no se ve con posibilidades. Otras combinaciones posibles involucran al PSOE con Ciudadanos y la abstención de Podemos, los partidos catalanes y el PNV. O, siendo un poco más descabellados, de PSOE con Ciudadanos y Podemos en la búsqueda de un gran eje de centro izquierda, aislando al PP. Cualquiera de estas complejas alianzas podría estar revestida de argumentos a favor de un proceso de reforma constitucional con pactos de legislatura hechos con esta finalidad.

Revista Proceso

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En estos más de 100 días sin gobierno han pasado muchas cosas y en las dos semanas que quedan no hay mucho margen. El PP está dividido debido a los episodios de corrupción que afectan a sus más altas esferas y Mariano Rajoy no puede seguir alegando ignorancia e intentar presidir un gobierno. Por su lado, el PSOE tiene una fuerte competencia interna por la secretaria general entre Pedro Sánchez y por la Presidenta de Andalucía, Susana Díaz. Sanchez difícilmente podrá convencer a los votantes si no es capaz de persuadir a sus propias filas. Podemos está viviendo una crisis de partido en el momento más delicado a causa de las divisiones internas relacionadas con su apoyo al PSOE. Ciudadanos ha demostrado que no puede formar una coalición con el PSOE y podría empeorar su situación si hay nuevas elecciones. Los partidos catalanes se mantienen estables, aunque el CDC está en un proceso de refundación y el independentismo presenta síntomas de fatiga y necesita tiempo. Sin embargo Podemos está construyendo una amplia alianza de izquierdas que podría redituar en las próximas elecciones y esta nueva expectativa le aleja de cualquier pacto para facilitar un gobierno pronto.

En estos momentos toda coalición parece imposible y las nuevas elecciones se consideran inevitables. Incluso la opción de una figura de gran prestigio ajena al parlamento como candidato a presidente encabezando una gran coalición tuvo su momento. pero se perdió. Unas nuevas elecciones no cambiarán mucho los resultados, aunque pueden dar una aritmética más posibilista que la actual. El dilema volverá a ser como afrontar las delicadas reformas en tiempos de turbulencias domésticas e internacionales..

Jordi Bacaria Colom es profesor catedrático de Economía Aplicada en la Universitat Autònoma de Barcelona, Director de Foreign Affairs Latinoamérica y del Barcelona Centre for International Affairs (CIDOB). Sígalo en Twitter en @bacaria_jordi.

 

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