Las consecuencias económicas del desgobierno

16 febrero, 2015 • Artículos, Latinoamérica, Portada, Regiones • Vistas: 3451

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No hay mayor necesidad para los hombres que viven en comunidades, que ser gobernados, auto-gobernados si es posible, bien gobernados si son afortunados, pero en cualquier caso, gobernados.

Walter Lippmann, 1963

Febrero 2015

Samuel Huntington insistía en que lo importante no era el tipo de gobierno, sino el grado de gobierno. Sus ideas son de gran ayuda para entender la realidad que enfrentan hoy en día muchos países en América Latina. El desgobierno, y la ausencia del Estado de derecho, están afectando negativamente la inversión, la creación de empleo, la existencia de mejores remuneraciones, la educación, el consumo, la producción y la realización de muchos proyectos de desarrollo. La recuperación y el crecimiento del mercado estadounidense, no son suficientes para resolver la enorme tasa de desempleo que prevalece en muchos países latinoamericanos.

México es un caso dramático que ilustra la falta de desarrollo institucional. El desgobierno —al que hacen referencia autores como Huntington (Political Order in Changing Societies, 1968), Daron Acemoglu y James Robinson (Por qué fracasan los países, 2012) y Douglas North (Institutions, Institutional Change and Economic Performance, 1990)—, es un ejemplo perfecto del desorden político y de la pérdida de legitimidad de la élite política. Nos encontramos inmersos en el desgobierno y con una élite política atrapada en un grupo cerrado que no considera otros enfoques o ideas para resolver la crisis. A su vez, la falta de adaptación y flexibilidad de las instituciones públicas para atender los cambios económicos y sociales de los últimos 20 años ha deteriorado enormemente el tejido social y generado el alarmante incremento en los niveles de violencia.

Sin un gobierno que gobierne, la economía se arrastra, avanza con dificultad, y la inversión resulta insuficiente. El desgobierno tiene como consecuencia el desorden y desconcierto. Las grandes prioridades —las que aseguran estabilidad y desarrollo— quedan subordinadas al imaginario del grupo en el poder, a la preocupación electoral y a la intención miope de mejorar la imagen mediática de la clase gobernante.

Revolución Tres Punto Cero/Pedro Mera

Revolución Tres Punto Cero/Pedro Mera

Lo más urgente en un país como México es crear empleos y aumentar las remuneraciones para mejorar la calidad de vida de la población. Para ello, es necesario que el gobierno garantice la seguridad física y patrimonial, que respete y aplique la ley, que propicie y mantenga reglas de juego claras. Se requiere un gobierno que elimine la impunidad y corrupción. Un gobierno capaz de articular con inteligencia las políticas públicas que se necesitan ante situaciones económicas cambiantes. Que entienda la importancia del desarrollo político sano y que tenga la flexibilidad y capacidad de adaptación que requiere una sociedad compleja, diversa y con distintos niveles de desarrollo. Un gobierno que no practique la simonía comprando votos, silenciando con dinero y amenazas. Un gobierno que deje de propiciar una economía extractiva, que incentive la creación de empleos y que abandone los programas populistas. Que deje de buscar prebendas con los grupos privilegiados y que castigue la complicidad con el crimen organizado.

La prosperidad se da cuando hay confianza en el futuro y certeza en reglas correctas de juego. Es decir, cuando existen las instituciones. Las instituciones —reglas de juego— forman la estructura de incentivos y, por tanto, las instituciones políticas y económicas son las determinantes fundamentales del desempeño económico. El desorden e inestabilidad que vive México es una señal clara de un Estado fallido. Un gobierno formado por una élite política involucrada con el narcotráfico y que se ha enriquecido con dinero que no proviene de sus sueldos. Nuestros políticos han erosionado la legitimidad de su autoridad. Los ciudadanos no confían más en los partidos y la justicia no es para quien tiene la razón, sino para quien puede comprarla.

La creación de empleos solo sucede con inversión

El vínculo entre gobierno, economía y prosperidad está en que la creación de empleos solo sucede con inversión. Crear empleos es inaplazable. Los niveles de desocupación y de subocupación nos dicen que hay alrededor de 7 millones de personas buscando un empleo de tiempo completo y una remuneración digna que les permita satisfacer las necesidades mínimas de su familia.

El índice de pobreza laboral elaborado por Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) muestra un número creciente de personas, con empleo, cuyo sueldo no alcanza para adquirir la canasta alimentaria. Además, cerca de 100 000 jóvenes se incorporan, cada mes, a la población económicamente activa. Eso quiere decir que se agregan a la población en búsqueda de empleo.

La válvula de escape para nuestros hombres y mujeres que no encuentran empleo en México, Estados Unidos, está cerrada. En la última década la migración mexicana a ese país ha caído significativamente. No es sorprendente que en los últimos 7 años haya habido una pérdida de más de 3 millones de empleos con remuneraciones superiores a 3 salarios mínimos y que los nuevos empleos se han dado con remuneraciones por debajo de esos tres salarios mínimos. Solo en 2014, casi un millón de personas han reducido sus ganancias al pasar de cuatro a dos salarios mínimos.

El Universal

El Universal

La mayor parte de los empleos están concentrados en el sector informal, con muy poca productividad, y no cuentan con ningún tipo de seguridad social. No es sorprendente que muchas regiones del país, ante la falta de oportunidades, estén completamente dominadas por el crimen organizado. Nuestra economía no ha generado los empleos suficientes para absorber esta fuerza de trabajo en actividades productivas, dignas y bien remuneradas. Nuestro bono demográfico parece haber pasado de un gran activo potencial a un pasivo crítico. Consecuentemente, el consumo —el mercado interno— no puede tener un crecimiento que permita que la economía se reactive al ritmo que requerimos.

Hay un elemento clave que no ha crecido al ritmo de nuestra población: el capital. Todo el empleo requiere algún tipo de capital. No existe otra manera de generar empleo más que con la aportación de capital de algún tipo. Para contratar a un carpintero es necesario que este tenga madera, martillo, serrucho y clavos, eso es capital. Otros proyectos requieren enormes cantidades del mismo para crear un solo empleo. Sin el capital, el empleo no puede existir. Este capital, que se combina con el trabajo en todos los campos de la economía, es a lo que llamamos inversión.

¿Qué hacer?

Se requieren al menos dos cambios estructurales para devolver la confianza y la legitimidad a la clase gobernante. En primer lugar, es indispensable terminar con la impunidad y aplicar la ley. Necesitamos un gobierno que impulse un sistema anticorrupción que esté basado en una institución independiente, con jurisdicción federal, y que pueda investigar a los tres poderes y a las autoridades de estados y municipios. Una institución que pueda atraer cualquier caso e incidir efectivamente en la prevención de actos de corrupción y mostrar que la impunidad se terminó. Este es un paso fundamental para iniciar el proceso de sanación institucional y para recuperar la confianza perdida. Las Auditoría Superior de la Federación, la Secretaría de la Función Pública y la Fiscalía Anticorrupción pueden formar parte del sistema, pero no tienen la independencia ni la jurisdicción necesaria que se requiere.

En segundo lugar, se requiere transformar la ausencia de gobierno en instituciones públicas que garanticen la legalidad. No tenemos que crear un nuevo marco constitucional, solo necesitamos instituciones que hagan cumplir la ley. Necesitamos un gobierno que, con urgencia, reduzca los niveles de violencia a través de instituciones que tengan la flexibilidad para atender los problemas sociales y, al mismo tiempo, propiciar el desarrollo político. Si el desorden continúa, le llevará décadas al país poder recuperar la confianza y el capital perdido. Son dos cambios críticos y urgentes en la estructura de incentivos, en las reglas de juego. No podemos seguir perdiendo el tiempo.

LUIS FONCERRADA PASCAL dirigió en la Secretaría de Hacienda y Crédito Público de México las áreas de Financiamiento Externo y de Política Financiera durante 10 años. A principios de este siglo en un programa del Fondo Monetario Internacional y del Instituto de las Naciones Unidas para la Formación y la Investigación (UNITAR) capacitó a los funcionarios de las antiguas repúblicas soviéticas en política fiscal y financiera. Realizó la estructura financiera del proyecto Pemex-Shell en Deer Park y es el Director del Centro de Estudios Económicos del Sector Privado desde 2008. Sígalo en Twitter en @foncerrada.

 

ALEJANDRO TRELLES YARZA es politólogo mexicano y candidato a doctor en Ciencia Política por la University of Pittsburgh. Se especializa en el estudio de instituciones públicas, democracia y gobernabilidad en Latinoamérica, África y Medio Oriente. Ha colaborado como especialista en desarrollo político, elecciones y partidos políticos para la Organización de Estados Americanos y el Instituto Nacional Electoral. Sígalo en Twitter en @ATrelles. Más información disponible en www.alejandrotrelles.com.

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