La ONU en el ojo del huracán

27 abril, 2016 • Artículos, Asuntos globales, Portada • Vistas: 1492

REUTERS/Siegfried Modola

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avatarDefault María de los Ángeles Meneses Marín

Abril 2015

A nivel internacional, las instituciones creadas a finales de la Segunda Guerra Mundial han entrado a escenarios complicados debido a diferentes crisis presentes en sus estructuras. Crisis financieras, de legitimidad y de credibilidad han marcado desde las postrimerías del siglo XX su desempeño y ahora también se pone en duda hasta su funcionalidad.

Presenciamos un panorama en el que es necesario reinventar y redefinir a estos organismos si queremos que sigan existiendo. Si bien su actuación no ha sido la mejor en muchos de los problemas internacionales, habría que meditar qué hubiera sido del mundo sin su presencia. En este sentido, pese a que las Operaciones para el Mantenimiento de la Paz (OMP) han sido de gran ayuda en muchos conflictos alrededor del mundo, ahora están siendo severamente criticadas.

Las OMP están formadas por personal militar, policial y civil. Son consideradas como medidas temporales decididas por el Consejo de Seguridad, efectuadas de forma conjunta siempre y cuando las partes involucradas den su consentimiento, aunque hay algunas excepciones. Solamente en circunstancias extraordinarias pueden hacer uso de la fuerza. Además, parten de dos premisas indispensables: la legitimidad y la credibilidad. Son legítimas en el sentido de que están cumpliendo un mandato del Consejo de Seguridad y son creíbles porque brindan confianza en el medio en el que actúan.

Entre sus tareas destacan la supervisión de acuerdos de cese al fuego, de retiro de tropas, de desarme y vigilar el respeto a los derechos humanos. Si bien no están consideradas de manera expresa en la Carta de Naciones Unidas, su actuación se ampara en lo que se conoce como el “Capítulo Seis y Medio”. Sin embargo, al ser una de sus principales funciones el promover el respeto a los derechos humanos y la creación de un clima de confianza, la información que ha salido a la luz pone en entredicho su papel —y el de la ONU en general—, reavivando la controversia de la función de los organismos internacionales como inoperantes, faltos de credibilidad y con pobres resultados.

La ONU, al ser la organización más relevante en el escenario internacional, no ha escapado de estos cuestionamientos. Actualmente está en el centro de la polémica al documentarse, una vez más, la presencia de malas actuaciones y de abusos cometidos por personal de las OMP. Sin embargo, debemos recordar que esta historia no es nueva: una de las primeras veces que la ONU fue puesta en tela de juicio se dio en 1994 durante la crisis en Ruanda, cuando el personal de la institución asentado allí simplemente se replegó permitiendo el genocidio perpetrado sobre la etnia tutsi en ese país. Este caso parece tener una analogía con lo que está sucediendo actualmente en Sudán del Sur, en donde, según diversas organizaciones no gubernamentales —particularmente Médicos sin Fronteras—, las fuerzas para el mantenimiento de la paz no están haciendo su tarea.

La omisión es una falta grave para una organización que tiene que velar por la paz y la seguridad. Sin embargo, el asunto se empaña aún más si no solo no actúan, sino que además son estos cuerpos los que violentan a los seres humanos que deben de proteger. Tan solo el año pasado se presentaron 99 denuncias por abusos cometidos por las fuerzas de las OMP, 69 de las cuales se hicieron en contra de tropas de 21 países. Sin embargo, este número parece ser tan solo la punta del iceberg. Los casos más mencionados se dieron en dos misiones: en la República Centroafricana y en la República Democrática del Congo. Sin embargo, estas no son las únicas operaciones que han sido señaladas: también hay señalamientos en las de Burundi, Chad, Guinea, Haití, Liberia y la de la antigua Yugoslavia.

Esta historia también es vieja. A raíz del conflicto en la antigua Yugoslavia, la intervención de la ONU y de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) terminó en un gran escándalo cuando Kathryn Bolkovac —una policía estadounidense reclutada para formar parte de las OMP— denunció el abuso y la violencia a la que estaban siendo sometidas mujeres rumanas, rusas y ucranianas, entre otras, por parte de personal de esas instituciones y con el encubrimiento del gobierno en turno. Lo que reveló Bolkovac no fue solo una red de trata de personas con fines de explotación sexual en Bosnia, sino también la participación de las ahora pujantes empresas de seguridad privada como DynCorp, Blackwater y KRB-Halliburton. Asimismo, se hizo evidente la falta de regulación para estas empresas que no le rinden cuentas a ninguna instancia superior y que actúan en un limbo jurídico que les permite manejarse bajo sus propias reglas y quebrantar cualquier tipo de normas.

REUTERS/Evens Felix

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Ahora bien, en el caso particular de la República Centroafricana el abuso y la violencia sexual se hacen patentes. Estos casos salen de los corredores de la ONU cuando, a instancias de diversas organizaciones no gubernamentales, el Secretario General Ban Ki Moon se ve compelido a convocar a un tribunal independiente que investigue el tema en junio de 2015.

Aunque la ONU sabía desde mayo de 2014 de estas vejaciones, las fuerzas que formaron las OMP han vuelto a ser objeto de nuestra atención. En un campo de refugiados cercano al aeropuerto M’Poko se documentaron diversas violaciones y trece casos de abuso sexual, cometidas especialmente por personal de nacionalidad francesa. Estos casos fueron descubiertos por el funcionario de la ONU Anders Kompass, quien transmite toda esta información. De manera incomprensible, dichos reclamos no tuvieron respuesta por parte de las autoridades de la ONU. Al leer el intercambio de correos electrónicos se hace evidente la falta de compromiso de las personas a cargo y cómo evaden el problema sin pretender en ningún momento solucionarlo.

El asunto involucró a dos personajes de alto nivel. Por un lado, surgió el nombre de Susana Malcorra, la ex Secretaria General Adjunta del Departamento de Apoyo a las Operaciones para el Mantenimiento de la Paz que después Jefa de Gabinete de Ban Ki Moon. Por el otro, se mencionó también a Zeid Ra‘ad Al Hussein, el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos. Ambos tuvieron conocimiento de los hechos, no obstante prefirieron dispersar las responsabilidades antes de emprender acción alguna.

El asunto se hizo público cuando Kompass acudió directamente al gobierno francés para denunciar los abusos sexuales cometidos contra menores de edad por su personal. Lo más lamentable fue la respuesta de la ONU, que se limitó a descalificar al funcionario y perseguirlo acusándolo de filtrar información. Malcorra incluso aseveró que Kompass estaba siendo investigado por mala conducta.

Este escenario no acarrea más que desprestigio, desconfianza, falta de credibilidad y pérdida de legitimidad para un organismo que debería de ser el principal portador de los más altos valores humanos. Vale la pena destacar una de las frases de condena expresada por Marie Deschamps —Presidenta del panel convocado por Ban Ki Moon— quien dice que “el caso representa un grave fracaso a nivel institucional”.

Reuters

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La alta burocracia internacional intentó ocultar los hechos, con lo cual se afianza una cultura de impunidad. El mensaje enviado es claro: no hay consecuencias para actos de este tipo porque es preferible guardar las apariencias y que el tema quede archivado en algún cajón de cualquier oficina de la ONU. No importa que se trate de infantes o de mujeres, no importa si son seres desprotegidos y que han pasado la mayoría de ellos por una verdadera pesadilla.

Lo relevante es el ocultamiento, porque, si se conocen los hechos, se mancha a la institución y posiblemente la carrera política de los altos funcionarios. ¿Esto realmente sucede? Baste seguir la trayectoria de Susana Malcorra para comprobar que no: actualmente es Canciller en Argentina debido a que el recién electo presidente Mauricio Macri la llamó para que formara parte de su equipo. Incluso ahora se maneja su nombre como una posible sucesora de Ban Ki Moon. En conclusión, todo parece indicar que las conductas poco éticas se premian. Mal presagio.

MARÍA DE LOS ÁNGELES MENESES MARÍN es licenciada en Relaciones Internacionales por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM y ha hecho estudios de maestría en Relaciones Internacionales de la misma institución. Imparte materias en las áreas teórico metodológicas y de política internacional.

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One Response to La ONU en el ojo del huracán

  1. Zvonimir Yuras dice:

    Muy buen artículo, y habría que mencionar la pésima actuación de los cascos azules holandeses en Sbrenica.

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