La engañosa concepción occidental sobre el Islam 

10 noviembre, 2014 • Artículos, Medio Oriente, Portada, Regiones • Vistas: 4406

 Erick Viramontes

Noviembre 2014

La conmoción provocada por el derribo de las emblemáticas Torres Gemelas en Nueva York y la propagación de imágenes impactantes que demuestran las atrocidades por parte de ciertas organizaciones autoproclamadas islámicas han coadyuvado a la profundización de estereotipos en Occidente sobre la naturaleza y los móviles de acción de los grupos islamistas. De esta forma, esas organizaciones pertenecen a una categoría ontológica distinta a la de otras agrupaciones políticas. Su naturaleza es simple. Son hordas de fanáticos cuyo único objetivo es expandir su versión del Islam por todo el mundo sin reparar en los instrumentos que deban emplear para lograr su propósito. El sustento de ese clamor es la idea que, de acuerdo con Zachary Lockman, enfatiza la existencia de un homo islamicus viviendo en un mundo de fanatismo que no ha sido desencantado por el pensamiento ilustrado.

Por ejemplo, en uno de sus primeros pronunciamientos al respecto, el Presidente de Estados Unidos, Barack Obama, declaró: “El Estado Islámico de Irak y Siria (ISIS) es una organización terrorista, así de simple. No tiene más visión que masacrar a todos aquellos que se interponen en su camino”. Esa idea fue confirmada por el mandatario en su discurso ante la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas en septiembre de 2014, donde señaló: “[El terrorismo islámico] ha adoptado una visión espeluznante que divide al mundo entre fieles e infieles, matando el mayor número de civiles inocentes posible y empleando los métodos más brutales para intimidar a la gente en sus comunidades”.

Esa posición impide observar que el islamismo no es más que una configuración discursiva, producto de la convergencia de diversos factores sociales en una coyuntura histórica determinada. Por lo tanto, es errático pensar que esa ideología constituye el aspecto definitorio de aquellos grupos que basan su identidad en el amplio entramado de prácticas y creencias que el Islam comprende. Esa versión atribuye un peso desproporcionado a elementos retóricos y pasa por alto que quienes repiten consignas tales como “la destrucción del Estado de Israel” o “el establecimiento de un Califato mundial”, a pesar de ser conscientes de lo inverosímil de esas empresas, están utilizando instrumentos discursivos en favor de objetivos más asequibles, por ejemplo, incrementar su capacidad negociadora u obtener el apoyo de quienes se sientan atraídos por tales narrativas.

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The Prisma

El discurso hegemónico en Occidente ha llevado a creer que el verdadero objetivo del denominado Estado Islámico es crear un gobierno islámico en todo el mundo, sin importar qué medios deba emplear para lograrlo. Así, ISIS aparece como un cuerpo extraño, un cáncer que va arrasando de forma despiadada con lo que encuentra a su paso. Esa versión no señala que el surgimiento de ISIS es solo un episodio más de una historia conocida: la disputa por el poder en la zona ubicada entre los ríos Tigris y Éufrates desde 2003. Tampoco resalta que para ampliar su base de apoyo, esa agrupación ha empleado símbolos consistentes con narrativas pesimistas (como la del libro Choque de civilizaciones de Samuel Huntington), ya que sus líderes son conscientes de los estereotipos imperantes en Occidente.

 Por una parte, prohibir que los miembros del antiguo régimen —después de la caída del Partido Baath— formaran parte del nuevo pacto político en Irak, creó un resentimiento entre quienes se habían beneficiado con el orden anterior. Cuando el conflicto en Siria se desbordó, el ejército iraquí no fue capaz de contener la ofensiva del entonces Estado Islámico en Irak y el Levante, cuyos mandos militares, más allá del infame Abu Bakr al-Baghdadi, son miembros del extinto ejército de Saddam Hussein. Es decir, quienes antes defendían la bandera del nacionalismo árabe y seglar, ahora se ponen la máscara del islamismo para alcanzar el mismo propósito: reclamar la autoridad donde los remanentes del antiguo régimen aún se expresan. Por ello, para muchos habitantes de la zona, la situación sigue siendo la misma y las atrocidades del Estado Islámico son parte de los horrores que han soportado durante la última década, dentro de los que se cuentan los abusos de las fuerzas de seguridad en la región autónoma del Kurdistán y las humillaciones por parte de soldados estadounidenses, como las ocurridas en la prisión de Abu Ghraib.

 Por otra parte, con el objetivo de involucrar a los países occidentales en la disputa y obtener así simpatía entre quienes consideran que estos junto con sus súbditos en la región, están llevando a cabo una ofensiva contra el Islam. El Estado Islámico adoptó prácticas que no fueron características de su modus operandi en su etapa inicial. Ejemplos de ellas son las decapitaciones de periodistas extranjeros y el señalamiento de la monarquía de Arabia Saudita como su enemigo a vencer. Es ilustrativo que después del anuncio de la ofensiva militar del gobierno de Estados Unidos, el Talibán de Pakistán —organización asentada en la frontera con Afganistán y conformada por distintos grupos militantes que desafían la autoridad del gobierno central de Islamabad— declarara su apoyo a ISIS, invitando a sus seguidores a unirse al nuevo frente del yihad global en Irak y Siria.

AFP

AFP

Lo anterior demuestra que para entender la naturaleza y los móviles de acción de organizaciones como el Estado Islámico es necesario hacer referencia al contexto histórico en el que estas actúan. Desechar la dimensión política del análisis y verlas como hordas de fanáticos con objetivos inmutables acarrea —además de la aversión contra comunidades musulmanas en países occidentales— consecuencias negativas en el corto plazo. Por ejemplo, el discurso alarmista en torno a ISIS dio resonancia a voces dentro y fuera de Estados Unidos que, por razones ajenas al sentido humanitario, demandaban una acción inmediata.

Esta narrativa condujo a la adopción de una iniciativa improvisada que, más allá de fortalecer al gobierno de Bashar al Assad en Siria, no parece estar dando resultados. Más aún, la perspectiva convencional sienta las bases para que el gobierno israelí, por medio de su controversial Primer Ministro, intente exonerarse de sus crímenes en Palestina alegando que en la frontera con la Franja de Gaza su país enfrenta una amenaza igual a la de ISIS o que por el temor infundado de ver en Egipto un gobierno liderado por la Hermandad Musulmana, se justifique el revés que sufrió el proceso de transición democrática con el reciente golpe de Estado en ese país.

ERICK VIRAMONTES es estudiante del doctorado en Relaciones Internacionales en la Australian National University y especialista en el Medio Oriente. Sígalo en Twitter en @e_viramontes.

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2 Responses to La engañosa concepción occidental sobre el Islam 

  1. Ramón Alonso Mendoza dice:

    Felicidades, el artículo es consistente y lo mejor, arroja luz sobre los verdaderos móviles de occidente : asegurarse recursos energéticos en la región y consolidar estrategias militares de previsión a corto y mediano plazos. El pretexto es claro: diseñar la figura de EI y alejar lo más posible una conflagración a mayor escala contra la nueva geopolítica sino-rusa, de los territorios europeos y fundamentalmente americanos.

  2. Jorge H. Barbich Duprat dice:

    Me sorprende que se ignore la acción aniquiladora de EEUU, siendo este país el motivador de la atomización del Medio Oriente con el objeto de debilitar las fuerzas anti israelíes y provocar el descenso de los precios del gas y el petróleo, así replicar la estrategia con los paises monoproductores en el resto del planeta.. Esto, por supuesto, acompañado por la vieja alianza europea.

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