La economía de Trump

19 enero, 2017 • Artículos, Norteamérica, Portada • Vistas: 3791

 Entre el retorno, la reforma y la continuidad

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 Esteban Actis

Enero 2017

Desde el 9 de noviembre de 2016, el día posterior a las elecciones en Estados Unidos, han proliferado múltiples análisis sobre cómo serán las distintas políticas públicas del gobierno de Donald Trump, todos ellos permeados por el temor, la incertidumbre y el tono alarmista. En materia de política económica, los analistas y las opiniones han puesto el foco en señalar que el multimillonario tendrá una impronta proteccionista y ejercerá un mayor control del Estado sobre la economía para cumplir con sus promesas de campaña. En el marco de dichas proyecciones, y con el objetivo de realizar un análisis más profundo e integral en base a las acciones y declaraciones realizas por quienes rodean a Trump, es dable suponer que a partir de enero de 2017 Estados Unidos experimente en materia económica, un retorno, una reforma y una continuidad.

El retorno está vinculado con una política monetaria y fiscal similar a la que llevó a cabo Ronald Reagan en la década de 1980. Al igual que el Expresidente republicano, Trump anunció un importante recorte de impuestos con el objetivo de reactivar la economía. Asimismo, el ambicioso plan de infraestructura propuesto por el magnate tiene una semejanza (en relación a la necesidad de recursos) con el proyecto conocido como “la Guerra de las Galaxias” de Reagan, el cual tenía como fin modernizar el sistema de armas estadounidense para sobrepasar la capacidad soviética. En la actualidad, están dadas las condiciones (economía en crecimiento y baja inflación) para un aumento de la tasa de interés con la meta de captar los fondos necesarios para cubrir un aumento del déficit. La victoria del candidato republicano aceleró las expectativas del mercado de un paulatino aumento de las tasas de interés por parte de la Reserva Federal de Estados Unidos. Una revalorización del dólar y un redireccionamiento de los flujos de capitales hacia el norte son efectos esperados en esta materia.

Por su parte, es de esperar que Trump altere parcialmente el modo en que los gobiernos estadounidenses se han relacionado con el empresariado transnacional de Estados Unidos en los últimos 20 años. La política comercial y muchas medidas regulatorias han sido implementadas en función de los intereses internacionales de las grandes empresas estadounidenses, las cuales deslocalizaron en terceros mercados parte del proceso productivo en el marco del outsourcing y de las cadenas globales de valor. Hoy está claro que esa estrategia que parecía tener ganancias mutuas, trae perdedores fronteras adentro. Por ejemplo, si uno lee con detenimiento las más de 500 páginas del Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica (TPP), es posible percibir que el mismo se adapta perfectamente a las necesidades de las empresas, siendo claramente un tratado a la carta. En ese contexto es de esperar que a partir de ahora haya una mayor negociación, y más controversias, entre la Casa Blanca y los empresarios en relación a los planes de negocios de las corporaciones. En otras palabras, el ejecutivo dejará de ser un mero instrumento para convertirse en un actor que dispute poder político y económico.

Gage Skidmore

Los efectos de la reforma en dicha materia quedaron en evidencia con dos decisiones de importantes empresas estadounidenses: Ford anunció que seguirá produciendo un nuevo modelo de automóvil en su planta de Kentucky dando de baja su plan de llevarlo a su filial en México y, por su parte, Carrier decidió luego de una negociación que incluyó al propio Trump y a Michael Pence, gobernador de Indiana, mantener mil puestos de trabajo en Indianápolis y no mudar parte del proceso a territorio mexicano. El empresario estadounidense claramente parece adaptarse a los nuevos tiempos que se avecinan. Esta situación no implica afirmar que Trump pueda revertir totalmente el modo en que Estados Unidos se ha insertado en las cadenas globales de valor (apostando a la tecnología y el diseño relegando la producción). Esa inserción es de carácter estructural y parece imposible revertirla, máxime con un dólar caro y altos salarios en términos comparativos. En ese plano, la designación de Wilbur Ross como futuro Secretario de Comercio tira por la borda las afirmaciones de una etapa proteccionista al interior de Estados Unidos. Ross es dueño de empresas textiles con filiales en todo el mundo, defensor del libre comercio. La impronta y la particularidad del gobierno de Trump estará en condicionar y gestionar la “vuelta a casa” de algún proceso productivo de la cadena. En estos parámetros va a estar la tan anunciada “revisión” de la globalización imperante. Estados Unidos, por primera vez, comenzará a gestionar internamente la globalización comercial. En el esquema apuntado, debe enmarcarse el anuncio del equipo del nuevo Presidente de una baja de 25 puntos sobre el impuesto para la repatriación de utilidades obtenidas en el exterior (de 35% a 10%) con el objetivo de que las empresas con sedes en paraísos fiscales o en otros Estados regresen al país. Por ejemplo, la empresa Apple está radicada en Irlanda debido a que solo paga el 2% de impuestos. Las multinacionales tendrán que evaluar costos: pagar un poco más en materia de carga impositiva o estar dispuestas a la confrontación con el gobierno de Estados Unidos.

Por último, todo parece indicar una importante continuidad en materia de globalización financiera. A pesar de la fuerte retórica de campaña contra el establishment de Wall Street, Trump parece lejos de querer perturbar el desempeño del sistema financiero estadounidense o mundial. Los temores y las desconfianzas de los inversionistas se diluyeron rápidamente como consecuencia de los gestos del Presidente electo. El flamante nombramiento de Steven Mnuchin (banquero y exsocio del banco Goldman Sachs) como próximo Secretario del Tesoro aplacó la desconfianza de los mercados. Las subas de las bolsas bursátiles de todo el mundo reflejaron el cambio de las expectativas. Por su parte, la entrevista que Trump le concedió al Wall Street Journal, uno de los principales diarios financieros (el cual había sido abiertamente opositor en la campaña) también tuvo una carga simbólica muy fuerte. En ese encuentro sostuvo que era hora de “dar vuelta la página”. Asimismo, la eficacia de cualquier medida en esa dirección conlleva irremediablemente coordinar políticas en el plano internacional con los demás actores. Dado el desprecio a la gobernanza global de Trump, esta posibilidad parece muy remota. Esta continuidad del futuro gobierno republicano atenta sustancialmente con la esperanza de muchos de sus conciudadanos para que se avance hacia la reducción de la desigualdad de ingresos que vive hoy Estados Unidos, elemento central que explica el resultado electoral. Como han sostenido reiteradamente economistas como Joseph Stiglitz, Paul Krugman o Thomas Piketty, sin regulación del sistema financiero el capitalismo actual seguirá direccionándose hacia la concentración de la riqueza en pocas manos. Justamente, Piketty sostuvo en un artículo publicado en el diario británico The Guardian que, paradójicamente, el plan económico de Trump conllevará mayor desigualdad entre los estadounidenses.

En síntesis, muchas de las especulaciones sobre el gobierno de Trump comenzarán a desvelarse a partir del 20 de enero de 2017, día que jure como Presidente. En un mundo cambiante, hacer análisis prospectivos tiene un riesgo sumamente elevado. Para disgusto de los análisis simplistas, no estaremos ante un gobierno que cambie radicalmente el rumbo económico de Estados Unidos, ni tampoco Washington seguirá al pie de la letra todas las políticas de su predecesor. Los indicios recolectados en estas últimas semanas posibilitan argumentar que el flamante gobierno aplicará un retorno, una reforma y una continuidad en materia económica.

ESTEBAN ACTIS es doctor en Relaciones Internacionales por la Universidad Nacional de Rosario (Argentina), donde se desempeña como profesor de la cátedra de Política Internacional Latinoamericana. Es becario posdoctoral por el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de la Argentina (CONICET).

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One Response to La economía de Trump

  1. Liliana Poirier dice:

    Muy acertado el comentario. Esto ya se tenia pensado, para mi, en la campaña. Ahora se tendrá que formar un conflicto para cerrar el tema..

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