La desventaja de vivir en el paraíso

29 febrero, 2016 • Artículos, Europa, Portada • Vistas: 1791

Incamerastock/Alamy

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avatarDefault Javier Martínez Mendoza. 

Europa enfrenta uno de los momentos más turbulentos de su historia reciente. A la persistente crisis de la Eurozona se ha sumado desde el año pasado un insostenible flujo de refugiados desde el Medio Oriente. Sin embargo, la verdadera crisis que amenaza al continente, su integración, sus valores y al modo de vida de sus ciudadanos, no proviene de la economía ni del otro lado del Mediterráneo, sino de su interior.

Desde el 9 de mayo de 1950 –día en que se pronunció la Declaración Schuman–, el proyecto de integración materializado actualmente en la Unión Europea, ha traído entre sus miembros el tiempo de paz más largo en toda su historia. Pero parece que este detalle es fácil de olvidar cuando el desempleo es alto, no hay crecimiento y, además, cada día llegan miles de migrantes y la amenaza terrorista es latente.

Europa se enfrenta a lo que cada vez parece más una quimera que una crisis: la suma de las crisis del euro, la de refugiados y la amenaza del terrorismo ha mermado las esperanzas de prosperidad y la sensación de seguridad de toda una generación, cuestionando así la existencia misma de un proyecto que, parafraseando a Robert Kagan, ha permitido vivir a los europeos en el paraíso. Sin embargo, hoy en día a muchos cuesta percibir lo que viven como ese edén de libertades, democracia y paz tan distinto de sus regiones vecinas.

Detrás de la falta de percepción de los beneficios de la integración europea y de los valores que representa se esconde un peligro existencial, ya que el actual desencanto de muchos europeos con la Unión Europea, sus líderes y la política convencional, ha decantado en el apoyo a diversas formas de extremismo como aparentes vías alternas a la solución de las crisis. De esta manera, las ideologías radicales han vuelto a desempeñar un papel importante en la sociedad y la política del continente, con sus alarmantes consecuencias.

Y es que la verdadera crisis de Europa es de identidad, en la que la percepción desempeña un papel muy importante. Al día de hoy la Unión Europea carece de una identidad europea común que consolide un sentimiento de pertenencia de sus ciudadanos al proyecto de integración. Lo anterior vuelve a las instituciones y políticas comunitarias susceptibles de recibir la culpa cuando se presentan dificultades.

En tiempos de crisis, individuos y colectividades voltean a sus identidades para encontrar sentido y protección ante aquello que amenaza su seguridad. Como respuesta a la difícil situación económica y a la inmensa llegada de refugiados, un significativo número de europeos han virado al nacionalismo, a la extrema izquierda o a la extrema derecha, asumiendo que estas posturas guardan mejor sus intereses que las instituciones europeas.

En las sociedades democráticas europeas la percepción y la identidad de la gente cobran una especial relevancia, ya que configuran los discursos que trascienden la práctica social cotidiana al ser parte de la arena política, donde se confrontan y atraen a la ciudadanía, condicionando a los líderes y políticos en su esfuerzo por ganar votos para mantener u obtener el poder. Siguiendo esta lógica, se entiende por qué Europa también padece una crisis de liderazgo. Los costos políticos han limitado las posibilidades de tomar decisiones que, aunque controversiales en el corto plazo, son indispensables para avanzar en la resolución de las crisis económica y de refugiados. Asimismo, el riesgo de perder a los electores que se han radicalizado ha llevado incluso a los líderes convencionales a asumir posturas más extremas y populistas, que desdeñan la acción comunitaria y, en peores casos, son contrarias a los valores y las libertades fundamentales que promueve la Unión Europea. La frustración de las sociedades europeas y su consecuente radicalización ha permitido a agrupaciones extremistas como el Frente Nacional en Francia o el Partido para la Independencia de Reino Unido pasar al primer plano en la política de sus países y desafiar a los partidos y líderes tradicionales.

REUTERS/Yves Herman

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En un principio culparon a las políticas comunitarias como la integración monetaria o el libre movimiento de personas del desempleo. Hoy en día, sin embargo, la llegada masiva de migrantes del Medio Oriente y la amenaza terrorista han alimentado su discurso radical y aumentado la atracción a sectores de la ciudadanía que temen por su seguridad o aquello que perciben como los aspectos culturales o sociales que constituyen su identidad.

Así, por ejemplo, el partido Alternativa para Alemania y el grupo Pegida han asumido una postura contraria a la migración, que desafía a la estabilidad política que el liderazgo de Angela Merkel ha encabezado desde previo al estallido de la crisis del euro. Con las puertas abiertas para los refugiados, por primera vez la Canciller emprende una política que lleva al extremo su hasta ahora incuestionable apoyo interno con el riesgo de que la extrema derecha capitalice sus pérdidas.

Recibir a los refugiados del Medio Oriente no es ­­­(mientras sean integrados a la sociedad) en sí un peligro para Europa ni, por sí sola, la solución a la amenaza del terrorismo. No obstante, hacer caso a las posturas radicales, marginar a los migrantes recién llegados y a la población musulmana, así como rechazar la acción comunitaria (por ejemplo, rehusarse al reparto de refugiados) solamente ahondará la crisis e incentivará a los sectores marginados a radicalizarse a favor de los grupos terroristas. Se aprecia, entonces, que el verdadero peligro para Europa procede, por un lado, de que sus ciudadanos cedan ante posturas extremistas que son contrarias a los valores y libertades que se han consolidado en el continente desde la posguerra y, por otro, de que los líderes basen sus decisiones en fines electorales en vez de optar por la solidaridad y las soluciones comunitarias.

La historia reciente del continente, marcada por la integración, es muestra de que solamente con mayor cooperación entre los socios europeos se resuelven las crisis. La crisis del euro y el reto que plantea la migración desde el Medio Oriente no son testimonio de la futilidad de la Unión Europea, sus instituciones y políticas, sino de la necesidad de ampliar la colaboración y avanzar en el proyecto comunitario, que desde sus inicios se ha caracterizado por su perfectibilidad.

Ceder ante los argumentos populistas y radicales de los grupos extremistas implicaría la división y la marginación que no se limitaría a distinguir solo entre europeos y no europeos, sino que llegaría a debilitar los lazos entre las naciones europeas y dentro de sus sociedades. Además, existen grupos cuya ideología es contraria también a las libertades fundamentales y los valores democráticos.

Para resolver esta crisis interna y evitar que la frustración de la ciudadanía favorezca el extremismo, los liderazgos nacionales y comunitarios deben comunicar de manera más cercana las razones de las crisis que enfrenta Europa y los argumentos a favor de las medidas necesarias para resolverlas. Por otro lado, es urgente que se fortalezcan los mecanismos institucionales por medio de los que la población pueda expresarse más allá de las votaciones.

Adicionalmente, la Unión Europea y sus Estados miembros deben trabajar en una identidad europea común con la que se puedan asociar. Para lograr este fin, las instituciones europeas deben estar más presentes en la vida cotidiana de los ciudadanos y en el discurso político de sus líderes, comunicando los beneficios de la integración.

Finalmente, los líderes comunitarios y nacionales deben trabajar en conjunto para resolver las causas principales detrás de las crisis del euro y de refugiados. En el caso de la Eurozona, aunque aún faltan decisiones importantes y una auténtica unión económica además de la monetaria, ya se han dado pasos en el camino a terminar con las dificultades económicas.

El desafío de la llegada desmedida de refugiados, por su parte, exige medidas que implican un auténtico avance hacia la integración política. El fortalecimiento de la Política Exterior y de Seguridad Común, para enfrentar de manera unida la guerra civil en Siria y al Estado Islámico, causantes verdaderos del flujo de refugiados hacia Europa, es el paso decisivo hacia la resolución de esta crisis y la promoción de una identidad europea de seguridad, esencial para lograr la identificación de los europeos con la Unión Europea.

El desencanto de los europeos con la Unión Europea y la presencia de grupos y partidos extremistas no dejarán de ser parte de la vida política y social del continente. Se necesita que los líderes de Europa incorporen ambas variables en su agenda para abordarlas con iniciativa y defender de manera asertiva las medidas que sus países requieren.

Gerard Cerles/AFP

Gerard Cerles/AFP

Al final, Europa saldrá adelante de las crisis que hoy enfrenta, pero la cuestión es cuál será su rostro una vez las haya sobrepasado. Los Estados miembros de la Unión Europea y sus ciudadanos tienen hoy el histórico desafío de dar los pasos hacia una integración más fuerte, comprometida y solidaria, fortaleciendo su papel en el mundo y en el modo de vida de cada uno de sus habitantes, o retroceder en un proyecto que ha logrado casi 70 años de paz.

Los países europeos deben ajustar la percepción de sus ciudadanos para que la frustración y la inseguridad se decanten en participación, solidaridad y cooperación, al mismo tiempo que se promueve a la Unión Europea y la acción comunitaria como parte de la solución y no del problema. Porque, finalmente, la desventaja de vivir en el paraíso es que a veces basta una tormenta para olvidar que se vive en él.

JAVIER MARTÍNEZ MENDOZA es consultor junior en Pretium, S.C. y graduado con Mención Honorífica en Relaciones Internacionales por la Universidad Anáhuac México Norte. Obtuvo el primer Lugar en el concurso Jacques Delors de la Delegación de la Unión Europea en México y el Premio CENEVAL al Desempeño de Excelencia. Fue locutor en el programa de Relaciones Internacionales de Radio Anáhuac. Sígalo en Twitter en @javmarm

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One Response to La desventaja de vivir en el paraíso

  1. Javier Martor dice:

    Muy interesante, pues muestra la verdadera causa del problema y así poder identificar las opciones para empezar a solucionar los conflictos cpnsecuentes.

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