Iguala y el Chapo: por culpa de la heroína

15 febrero, 2016 • Entrevistas, Latinoamérica, Norteamérica, Portada • Vistas: 1565

Entrevista FAL al periodista José Reveles

FAL-Gerardo R. Valenzuela

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avatarDefault Gerardo R. Valenzuela y Sergio E. López-Araiza

El 26 de septiembre de 2014 un grupo de estudiantes de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” fue atacado en Iguala. La desaparición de 43 de ellos y el asesinato de 6 más sacudió a México y al mundo, dejando en evidencia el estado de descomposición en el que vive Guerrero y los alrededores de Iguala. Asimismo, la barbarie imperante en esta tragedia dejaba muchas interrogantes en la sociedad en torno a qué era lo que realmente había pasado esa fatídica noche de septiembre. Este trágico hecho, aunado a la reciente recaptura de Joaquín el Chapo Guzmán y al circo mediático que la rodeó, hablan de la enorme descomposición social y política por la que atraviesa México en manos del narcotráfico. Para ahondar en ambos temas, así como para comprender mejor al mundo del narcotráfico, el equipo editorial de Foreign Affairs Latinoamérica se reunió con José Reveles, un periodista con más de 50 años de experiencia que ha trabajado de cerca estos temas. Reveles acaba de publicar Échale la culpa a la heroína, libro en el que desenmascara y explica por qué la híperproducción de heroína explica la tragedia de Iguala y la de México.

Foreign Affairs Latinoamérica –  En su más reciente libro, Échale la culpa a la heroína, hace una afirmación un tanto escandalosa: “Los máximos culpables de la tragedia de Iguala son los tres últimos presidentes”.  ¿Qué lo lleva a hacer esta afirmación?

José Reveles –  En realidad pienso que México, sobre todo a partir del gobierno de Felipe Calderón pero también desde el de Vicente Fox, vive una situación terrible. Esto se da más acentuadamente con Calderón porque él es el que declara públicamente la guerra contra el narcotráfico, que tiene como resultado principal el hecho de que al final de 10 años producimos más droga que antes. Es muy absurdo que haya habido una guerra que nos pasó de noche, porque están los enfrentamientos y la violencia, pero resulta que somos un país con mayor producción que cuando se empezó a combatir el narcotráfico, por lo que la guerra fue absolutamente inútil. Ni siquiera digo que fue una guerra fallida, fue más bien fingida porque lo que se hizo fue lo mismo que se está haciendo en estos momentos: capturar a un capo, hacer mucho ruido mediático y, a partir de ahí, no hacer nada más.

En el caso de Joaquín el Chapo Guzmán no hay “misión cumplida” porque, pese a que hayan capturado al capo y lo encierren, él sigue operando desde adentro de la cárcel. Además de que no le han quitado un maldito quinto, no le quitan tampoco su capacidad financiera económica y por tanto sigue siendo poderosísimo, dentro y fuera de la cárcel. Eso es lo que pasó las dos veces anteriores que estuvo en prisión: él hizo crecer su imperio estando en la cárcel y no conozco una lista de incautaciones que se le hayan hecho, ni de cuentas bancarias, ni de empresas y ni siquiera de vehículos. Él presumió ahora con Sean Penn todas las propiedades que tiene, lo cual es cierto. De hecho, tengo en mi libro El cártel incómodo una incautación que le hicieron en Colombia de 25 aeronaves. Sin embargo, en México no le han hecho nada, por eso afirmo que es una guerra fingida que no va al fondo de ninguno de los tesoros acumulados, como dinero, vehículos y armas.  Lo tienen en prisión pero no hacen nada.

Para poder hablar verdaderamente de una “misión cumplida” deberían de desmantelar al cártel de Sinaloa y no nada más irse por el escándalo mediático de capturar a un capo. Vamos, en este momento el Chapo ya tiene sustitutos. Ahí está Nemesio Oseguera Cervantes, el Mencho, quien afirman es el líder del cártel Jalisco Nueva Generación que, según la Agencia Federal Antidrogas estadounidense (DEA) y según México, es el más enriquecido. Este es un grupo que está creciendo como la espuma y que está disputándole territorio al cártel de Sinaloa, aunque no se ha metido a esa entidad.  Tiene presencia en Guanajuato, en Guerrero, en Michoacán, en Morelos y en Veracruz.

Entonces, al no hacer las autoridades esa tarea, lo que pasa es que se provoca que México sea un país hiperproductor de tres drogas: heroína —yo caculo que producimos cuatro veces más que cuando empezó la guerra de Calderón—, marihuana —hoy producimos el doble que hace 10 años— y metanfetaminas. Al respecto de esta última, los mexicanos se han hecho especialistas en elaborar drogas sintéticas como el cristal y las metanfetaminas. De hecho, los mexicanos se trasladaban incluso a Argentina a montar laboratorios porque la efedrina era es más barata allá, entrabas legalmente para hacer laboratorios de uso médico y entonces los mexicanos emigraron a hacer drogas sintéticas, ahí estaba un escándalo en Argentina por lo mismo.

FAL –  Si es tan claro y tan evidente el estado del país, ¿por qué continuar con este circo mediático y no iniciar realmente la solución del problema, que es desmantelarlo?

JR – Mi libro lo que sostiene es que Iguala y cuarenta municipios principalmente de Guerrero son el reino de la amapola y se permitió que creciera. Luego ocurre la tragedia de los normalistas, tanto las seis muertes del 26 de septiembre de 2014 como la desaparición de 43 muchachos. Este fue un ataque insólito, con una violencia extrema que no se puede explicar a no ser que justamente vaya un camión cargado con heroína o con goma de opio.

En términos operativos, ¿dónde está el ataque a esa droga? No hay nada. Para desgracia de este país, los desaparecidos siempre van a ser como un distractor para que se siga encubriendo el tráfico, la producción, el cultivo, la cosecha y el trasiego de la amapola. La tragedia de Iguala —la mayor en muchas décadas— es un aviso de que ahí hay un foco rojo y de que sigue habiendo violencia y hallazgo de fosas. Buscando a los muchachos, ya encontraron 106 cuerpos en las fosas y hay 400 denunciados como desaparecidos por el grupo de Los Otros Desaparecidos. Estamos hablando de un número de 600 víctimas comprobadas y no pasa nada. Ahí no hay un operativo ni militar ni policiaco, ahí solo entran los guardias rurales a patrullar la zona.

FAL – ¿Cómo interactúa en esta tragedia de Iguala todo el pasado que hay en Guerrero, toda esta historia de desapariciones forzadas y de fuerza estatal?

JR – No ha cambiado ni la violencia ni la vocación de estado productor de todo tipo de drogas, como la marihuana y la amapola. Tampoco han cambiado los cacicazgos, que ahora son nichos de impunidad e ingobernabilidad. Se trata de  rutas y de territorios en donde no hay gobierno, lo que hay son gobiernos de facto: traficantes y delincuentes que compran alcaldías, generalmente  mediante la amenaza, pero en el caso paradigmático de Iguala entran a las elecciones y ganan cobijados bajo las siglas de un partido supuestamente de izquierda. Eso es una tragedia: en Iguala y en otros lugares, que no se mencionan, no hay gobiernos.

¿Qué hay en estos lugares? Hay mucha presencia de militares y de fuerzas estatales, pero no se ve que termine con el fenómeno. Esto sucede porque hay una gran impunidad: la violencia, las desapariciones, las muertes y las fosas tienen que ver con la gran corrupción de la sociedad. Además, hay un gran “halconeo” en la zona y la gente no puede entrar sin que los ubiquen perfectamente, con el riesgo de ser llevados a algún lugar desconocido. Eso no ha cambiado en Guerrero y ha ocurrido con o sin guerrilla, pero particularmente con la presencia militar. El ejército se ha aposentado en Guerrero hace más de medio siglo, es el que domina el estado. Por este motivo es que hay tantas sospechas de su participación y algunos hechos comprobables del involucramiento de la tropa en los acontecimientos de Iguala.

 

Editorial Grijalbo

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FAL – Nos hemos detenido a hablar de Iguala y de Guerrero, pero el subtítulo de su libro es “De Iguala a Chicago”. ¿Qué pasa en Chicago y en Estados Unidos?

JR – El mayor punto concentrador de la droga en Estados Unidos es Chicago. De hecho, como está escrito en el juicio a Vicente el Vicentillo Zambada Niebla, hijo de Ismael el Mayo Zambada, lo era desde que operaba la plaza el cártel de Sinaloa. Ahí es donde también entra la heroína, aunque no necesariamente lo hace de forma directa pues puede entrar por California. Fue en Chicago en donde se descubrió a un grupo de mexicanos que fueron nombrados como una especie de corresponsalía o de sucursal del cártel Guerreros Unidos. En Chicago aprehendieron a un mexicano en un auto con una cantidad inmensa de dólares, al que convirtieron en un delator y en testigo protegido. Con él hicieron el seguimiento a números telefónicos durante más de un año, de 2013 a 2014. En todo ese tiempo, la mayor parte de las llamadas fueron a Iguala, con lo que descubren la conexión de Iguala a Chicago. Incluso, este grupo fundó dos empresas de transporte de pasajeros, una en Zacatecas y otra con sede en Guanajuato, desde donde ellos hacen el tráfico de droga.

Entonces, con esta información es que los miembros del Grupo Internacional de Expertos Independientes (GIEI) hablan del quinto camión sospechoso de llevar droga, en la lógica de que hay una investigación en curso en Estados Unidos. Curiosamente ellos dieron a conocer esta hipótesis el 6 de septiembre de 2015 y yo le puse el título a mi libro en mayo de 2015 porque yo andaba sobre la misma pista, solo que no tengo los mismos recursos para descubrir exactamente qué sucedió. Ellos dicen que es el quinto autobús, yo sostengo que puede ser cualquiera de los tres que tomaron, no necesariamente el quinto.

El caso es que sí existe una conexión porque México surte más del 90% de toda la heroína que consume Estados Unidos. Se dio este fenómeno porque, aunque duela admitirlo, México es un país dependiente y supeditado en buena medida a la voluntad de Washington, quien administra y tiene el control mundial de la droga. Siempre repito que la DEA tiene esa “A” por “Administration”, porque ellos administran. Como se decía en los viejos textos marxistas, hay una división del trabajo y a México le asignaron el ser abastecedor seguro de heroína y de marihuana porque compartimos más de 3000 kilómetros de frontera con Estados Unidos. Les sale muy caro traer la heroína de Afganistán, como solían hacerlo.

FAL – En este contexto, ¿podríamos decir que la solución a estos problemas y la responsabilidad de que no exista otro Ayotzinapa es de quien administra toda esta industria?

JR – La responsabilidad es de quien permite que eso ocurra. Por eso es que hay que investigar las ligas políticas y económicas que tienen que ver con esa producción tan bestial de droga. Para darnos una idea, hice un cálculo hipotético de nuestro potencial productor y estamos hablando de casi 250 toneladas de heroína al año que darían un ingreso de 35 mil millones de dólares, es muchísimo dinero. Lo más grave es que así se manejan los cárteles, con esas cantidades de dólares. No es verdad que el Chapo tenga mil millones de dólares como calcula Forbes, tiene mucho más. Por la conformación de las estructuras que son empresariales e internacionales, según Edgardo Buscaglia, el cártel de Sinaloa está en 52 países. Además, tenemos el antecedente de cuánto invirtieron en el banco Wachovia, del que ya he ahondado en varios libros.

Presento datos duros, estadísticas e inversiones porque describen lo que realmente está pasando en estas estructuras criminales, de las que solemos tener una idea demasiado vaga. Según un reportaje de The Economist, en cosa de 6 o 7 años el cártel de Sinaloa depositó  358 mil millones de dólares. Este es el presupuesto de varios países y representa la tercera parte del PIB mexicano. Este caso fue investigado y castigado en Estados Unidos: les impusieron una multa de 110 millones de dólares, que no es nada. Es decir que los beneficiarios del narcotráfico no solo son los delincuentes, sino toda una estructura cómplice.

FAL-Gerardo R. Valenzuela

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Estamos hablando, entre otras cosas, de municipios donde a los policías les pagan los traficantes. Jorge Madrazo, quien fue Procurador General de la República, decía que el narcotráfico dedicaba el 40% de su ingreso a sobornar y a corromper autoridades. Él calcula que en la década de 1990 la ganancia del narco mexicano era de 30 mil millones de dólares. Por lo tanto, 12 mil millones de dólares estaban destinados a la “mordida”, a la corrupción y al al pago de protección. Esto explica el episodio que narra Sean Penn en el que un retén militar ve manejando a Alfredo Guzmán, el hijo del Chapo, y lo dejan pasar.

FAL – Mucho de lo que se ha discutido con respecto al texto y a la entrevista de Penn es si es un periodista y si es una buena entrevista. Tú que has trabajado estos temas, ¿qué opinas? ¿Cómo se hace un buen periodismo y cómo se debe hacer una entrevista a un capo de este tamaño?

JR – Creo que Sean Penn hizo una buena crónica, que tiene su estilo gringo cinematográfico. No es un periodista de profesión, aunque podría ser cronista, pues tiene la vocación más firme y más visual. Sin embargo,  en donde se le va la nota es en la entrevista por una sencilla razón: porque no se pudo hacer de manera presencial y solo mandó las preguntas y el Chapo las contestó como quiso. No hay repregunta ni hay intercambio de ideas y, por lo tanto, perdió el control de la entrevista.

Ahí tenemos que estar discutiendo la validez de la entrevista de Julio Scherer con El Mayo. A mí en lo personal no me pareció una buena entrevista: se le fue vivo. El penetrante, agudo e inteligente periodista Julio Scherer no lo doblegó y no lo acorraló. Fue evasivo, El Mayo hizo la figura y él se hizo de fama. Si me ofrecieran entrevistar a un capo del narcotráfico yo probablemente no aceptaría, porque tienes que hacer una entrevista incomoda: lo tienes que ir a acorralar con datos precisos. Si tienes conocimiento de las cosas debes de hacer una entrevista muy difícil. Sin embargo, hacer preguntas incómodas es complicado porque no te las van a contestar o te van a matar.

Por eso es que a veces, más que a los personajes, hay que trabajar los contextos. Esto es lo que intento hacer en Échale la culpa a la heroína: hablo del contexto histórico, del porqué somos un país híperviolento e híperproductor de droga. Explico por qué —en medio de la decisión oficial de fumigar y de luego dejar de hacerlo durante la guerra— hay decenas de miles de desaparecidos y un millón y medio de desplazados.

FAL – Tenemos un Chapo capturado y encerrado en la misma cárcel de la que se escapó, tenemos a una Kate del Castillo investigada y una titubeante entrevista de Sean Penn: en general, tenemos todo un circo mediático. ¿Cuál va a ser el siguiente episodio de esta novela?

JR – No me gusta hacerle de profeta, pero estoy convencido de que el Chapo se va ir a Estados Unidos. Ya lo confirmó Arely Gómez, la Procuradora General de la República. Desde el principio estaba dicho que la voluntad de Los Pinos es que se vaya a Estados Unidos. Van a criticar a Enrique Peña Nieto por falta de soberanía, por incapacidad y a él le vale. Es un negocio mundial y el que manda ahí es Washington, que lo quiere y que va a negociar.

De hecho, hay indicios de que el Chapo ya está negociando la posibilidad  de irse Estados Unidos. Ahora con más razón se quiere ir, pues aquí lo tratan pésimo y se quedaría de por vida en una cárcel mexicana. Por otro lado, en Estados Unidos tiene una rendija a base de negociación, entrega de dinero, entrega de información y entrega de cómplices. Además, podría obtener protección para sus familiares e inmunidad para su gente, lo cual resulta importante para el Chapo porque ama a su familia y es muy cercano a todos sus hijos —que son entre 18 y 21— y a sus 7 u 8 mujeres.

FAL-Gerardo R. Valenzuela

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La negociación que yo vaticino es como la que hizo Gilberto Rodríguez Orejuela, quien entregó más de 2 mil millones de dólares. A él le perdonaron la persecución a todos sus familiares y le dejaron una cadena de farmacias, por lo que no tiene ningún problema. Va a pasar lo mismo con el Chapo. Aceptará ser encerrado pero seguramente tiene la esperanza de, siendo un preso de Estados Unidos, convertirse en testigo protegido y cambiar de personalidad, de nombre y de registro para andar con cierta libertad. No necesariamente quedará en las cárceles. Lo digo porque ha ocurrido: se dice que Osiel Cárdenas ya está en esa condición y que Édgar Valdez Villarreal, la Barbie, va a conseguir algo muy parecido. Casos como estos hay muchos. Por ejemplo, está confirmado que la DEA tiene a un preso colombiano que se llama Harold Mauricio Ojeda, el Conejo. Lo trae traficando droga —incluso en aviones de la DEA— y depositando el dinero en los bancos. Es una caso como el operativo “Rápido y Furioso”, nada más que con droga.

Yo creo que el Chapo es un tipo muy inteligente y que él sabe todas estas cosas. Está negociando, hasta puedo decir quién está negociando por él: es el licenciado Humberto Goya, que negoció el trato del Vicentillo. A él le quitaron el proceso a cambio de que cantara lo que sea, hasta rancheras. Es un delator de su propio padre y del cártel y él acepta que traficó con submarinos, barcos y trenes. Lo que pasó de noche en México es que a el Vicentillo le incautaron 1300 millones de dólares, más de los que dice Forbes que tiene el Chapo. Si aceptó que le quitaran esa cantidad de dinero, ¿cuánto tiene? En fin, le dieron nada más 10 años de prisión y, si le cuentan los 6 que ya tiene preso, va a salir multimillonario dentro de 4 años a seguir operando el narcotráfico.

Así es como se hacen las cosas en Estados Unidos, así es como se reducen las condenas. Sin duda, 25 años no es nada para Benjamín Arellano Félix, pero es mucho para su edad. Para el Chapo es lo mismo. Ojuela se resignó a quedarse toda la vida en la prisión porque su familia fue respetada, incluso su hijo fue liberado a los 5 años en una condena de 18. Ese tipo de negociaciones son reales y existen en Estados Unidos. En este contexto, si México no se apura, la lana del Chapo se va a quedar en Estados Unidos, no acá.

GERARDO R. VALENZUELA y SERGIO E. LÓPEZ-ARAIZA son Subdirector Editorial y Editor Web de Foreign Affairs Latinoamérica respectivamente. Sígalos en Twitter en @ForeignAffairsL y en @selopab.

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