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12 octubre, 2017 • Artículos, Portada • Vistas: 1652

El verdadero poder de las redes sociales

Getty Images

Laura Coronado Contreras

Octubre 2017

Una colaboración de la Facultad de Estudios Globales de la Universidad Anáhuac México.

Lo ocurrido el 19 de septiembre de 2017 fue solo una muestra del poder que los ciudadanos podemos ejercer, por medio de plataformas como Whatsapp, Facebook y Twitter y, muy particularmente, de los beneficios y riesgos del impacto de estas en la sociedad. En México, de los 70 millones de usuarios de internet, 83% de ellos acceden a redes sociales y navegan sobre las mismas alrededor de 38% del tiempo que destinan a “estar en línea”.

La relevancia del ciberespacio es tal que podemos usarlo como 1) un instrumento de desarrollo personal y medio para garantizar otros derechos individuales; 2) una herramienta para la expansión del conocimiento y; 3) un elemento del proceso político democrático. Como nunca antes la idea de “aldea global” se ha convertido en realidad. Es así que vemos una generación que “vive en tiempo real” en Snapchat o FacebookLive, en donde Wikipedia es la fuente de conocimiento por excelencia, creada por y para los ciberciudadanos y donde el “pronunciamiento oficial” de mandatarios como el presidente Donald Trump surge a partir de “tuitazos”.

Una familia de desconocidos

Hace unos días Jesús Silva-Herzog Márquez señalaba que la nación —quizás recordando a Renan quien la definía como “un plebiscito cotidiano”— es el “reconocimiento de que la suerte de uno importa a todos y que los problemas que padecen algunos preocupan al resto”. Y más allá de que nos encontremos frente a una nueva etapa política de la “nación mexicana”, es un hecho que la solidaridad lograda a partir del “sentido de comunidad en el ciberespacio” mostró una mejor y mayor organización de la sociedad civil. En contrapartida, los resultados de las acciones gubernamentales reflejaron, por su parte, una falta de confianza en muchas instancias dada la corrupción e impunidad, un desvanecimiento de la autoridad y la visión de que el Estado había permitido una serie de irregularidades que lo convertían en parte del problema y la causa de muchas pérdidas humanas y patrimoniales. Es así que el gobierno no tuvo mayor opción que sumarse al esfuerzo generado por la sociedad en redes sociales y seguir sus pautas.

Indudablemente, el ciberespacio se ha convertido en un metaespacio mundial y aunque para muchos pudo resultar sorpresivo, la colaboración entre los internautas —por medio de los famosos hashtags como #FuerzaMéxico— ha sido un fenómeno en gestación desde 2007 cuando, a raíz también de una situación de peligro, se popularizó la etiqueta de #SanDiegoOnFire. Este nuevo sentido de pertenencia, debido a que la información y el trabajo eran de “voz en voz” y “cuerpo a cuerpo”, no podría realizarse sin las nuevas tecnologías, a pesar de la crítica a su uso superficial por parte de algunos usuarios.

AFP-Pedro Pardo

Johannes Gutenberg cambió por completo a la sociedad con la imprenta al permitirle, paulatinamente, a la mayor parte de la población conocer, confrontar o asimilar información, perspectivas o creaciones. Nuevamente, nos encontramos en una época trascendental en la que las compañías telefónicas tuvieron que “abrir sus redes” y los partidos políticos se vieron forzados a destinar recursos para apoyar a las regiones más afectadas debido a la presión en redes sociales.

Más que otra generación, un “Nuevo Mundo”

Siglos después de que Marco Aurelio, el emperador-filósofo, señalara que “todas las cosas están unidas entre sí y con un nudo sagrado, todos los seres están coordinados en conjunto, todo concurre a la armonía del mismo mundo”, hoy vivimos en una sociedad no solo cada vez más interconectada sino quizás más consciente de su injerencia en lo que sucede a su alrededor. La transformación de las relaciones económicas y sociales tendientes al desarrollo de una “economía digitalizada” es una realidad que avanza a pasos agigantados: casi 50% de los internautas realizaron alguna compra y operaciones bancarias en línea, un tercio de ellos interactúan con la publicidad que ven, casi 60% utiliza mapas o solicita transportación por medio de aplicaciones y 38% estudia “virtualmente”.

Sin dejar a un lado el poder de decisión que residirá en los millennials en los próximos años, México cuenta con 63% de su población con acceso a internet contando a habitantes a partir de los 6 años de edad. Aunque aún existen barreras de acceso para personas mayores debido al desconocimiento sobre su uso, dicha frontera cada vez se irá disminuyendo debido a los cambios de hábitos de la sociedad en su conjunto.

El éxito de las redes sociales no es accidental. Por ejemplo, si partimos de la “Pirámide de Maslow”, estas cubren prácticamente todas las necesidades de los seres humanos: 1) aquellas fisiológicas al permitir comunicarnos, lo cual es una prioridad para cualquier persona; 2) seguridad ya que la información nos permite vivir con tranquilidad; 3) afiliación porque brinda la oportunidad de agruparnos y ser parte de comunidades; 4) reconocimiento al colaborar con aportaciones o comentarios en línea o al ser receptores de likes y 5) en la autorrealización o “motivación para el crecimiento” ya que permite establecernos metas cuya consecución nos hace sentirnos plenos al compartirlas con nuestros amigos, seguidores o incluso troleadores.

¿Un espacio sin fronteras, sin gobierno y sin derechos?

Obviamente, existen muchas críticas a lo sucedido en el ciberespacio siendo una vertiente relevante, las llamadas “noticias falsas”. Desde el derrumbe de edificios o puentes, malos tratos del gobierno mexicano a rescatistas japoneses o la predicción de nuevos sismos por parte de la Organización de las Naciones Unidas, circularon una serie de rumores que entorpecieron, en muchas ocasiones, la labor de los centros de acopio.

Voluntarios trabajan en el centro de #Verificado19s promovido por Horizontal – Alejandro Fernández

Los límites tradicionalmente establecidos para indicar la territorialidad de los hechos o actos jurídicos, así como otros tipos de controles de los gobiernos en el ciberespacio, prácticamente, han desaparecido. Ello ha generado dos contrastes: la desregulación (ocasionando un libertinaje en la difusión de información) y la sobrerregulación (creando un panorama de censura). Por ello, cada vez es más apremiante el contar con una legislación que permita ejercer la libertad de expresión y, a su vez, considere a los usuarios como personas que pueden, y deben, discernir sobre los contenidos que reciben ya que, de lo contrario, la eficacia de la comunicación entre los usuarios se perdería. Es así que podemos afirmar que el ser miembro de la comunidad ciberespacial también implica ciertas responsabilidades y no podemos dejar de pensar en que si existen límites al ejercicio de la libertad de expresión en otros medios, las redes sociales sean la excepción.

Para John Stuart Mill no había “mejor prueba del progreso de la civilización que el progreso del poder de cooperación” y hasta el momento no hemos visto un fenómeno que implique a tantos seres humanos como en los últimos años ya sea para apoyar la democracia en regiones distantes como Irán, crear nuevos líderes de opinión como los blogueros o youtubers, fomentar nuevas formas de negocios como Netflix o Spotify, o bien, para llevar ayuda a Puerto Rico tras catástrofes naturales. El reto para nuestra generación y las futuras es mayúsculo, afortunadamente, podemos “etiquetarnos”.

LAURA CORONADO CONTRERAS es investigadora adscrita al Centro Anáhuac de Investigación en Relaciones Internacionales, doctora en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid y abogada por la Universidad Anáhuac. Es catedrática de Derecho Internacional Privado en la Facultad de Estudios Globales de la Universidad Anáhuac Campus Norte y miembro del Sistema Nacional de Investigadores del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt). Es autora del Manual de Derecho Internacional Privado: casos prácticos y El Capital Humano en la Industria Energética: Estudio de Compañías Nacionales Exitosas, ambos de Editorial Porrúa. Sígala en Twitter en @laucoronado_.

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