El patrimonio cultural inmaterial en la era de la globalización

11 diciembre, 2018 • Artículos, Asuntos globales, CEI Gilberto Bosques, Portada • Vistas: 1096

Andina

Judith Fuentes Aguilar Merino

Diciembre 2018

Una colaboración del Centro de Estudios Internacionales Gilberto Bosques

El patrimonio cultural incluye manifestaciones tangibles e intangibles dinámicas, vivas, que trascienden en prácticas socioculturales y cimentan la identidad en una comunidad. Si bien la concepción del patrimonio cultural estuvo centrada a principios del siglo XX en su acepción material, la necesidad de crear esquemas para su protección en general se incrementó en las primeras décadas de dicha centuria, a raíz del movimiento conservacionista internacional que se plasmó en la Carta para la Conservación de Monumentos Históricos y Artísticos de Atenas, de 1931. Posteriormente, la Convención de la Haya de 1954, tratado internacional encargado de proteger y salvaguardar el patrimonio cultural en caso de conflicto bélico, reconoció la urgencia de establecer mecanismos para la conservación del patrimonio cultural como un bien “no renovable, portador de identidad y en riesgo”.

En lo referente al patrimonio cultural inmaterial, en 1989, la Recomendación sobre la Salvaguardia de la Cultura Tradicional y Popular de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), puso de manifiesto su fragilidad y recomendó, como estrategia para su conservación, que toda expresión inmaterial de la cultura fuera identificada, inventariada y registrada para alentar así su investigación y preservación. La discusión derivó en la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Inmaterial de la Unesco (2003), la cual definió este tipo de patrimonio como todo uso, representación, expresión, conocimientos, técnicas e instrumentos que se manifiesten por medio de la lengua, los rituales, las festividades, los conocimientos y las técnicas artesanales. La aprobación de esta Convención por parte de los Estados miembros repercutió en la protección de dicho patrimonio con la intención de incidir en los marcos legales nacionales.

El binomio globalización y patrimonio cultural como detonadores de diversidad

Pese a estos esfuerzos por garantizar el registro y salvaguarda del patrimonio inmaterial, el siglo XXI plantea el fenómeno de la globalización como un nuevo generador de tensión sobre su protección. La globalización y el uso masivo de tecnologías de la información y la comunicación desde esta perspectiva se interpretan como un posible factor disolvente de ciertas prácticas culturales. Es decir, la difusión masiva de ciertos bienes culturales representa una amenaza hacia otros, ante su aparente fragilidad. Ante esto, países como Francia han asumido su responsabilidad en cuanto a la protección de su patrimonio cultural, generando políticas públicas específicas para difundir y posicionar su cultura a nivel nacional e internacional. La estrategia más allá de sus fronteras a favor de la identidad gala, es una de las más completas y robustas a nivel internacional, que tiene a la francofonía como su principal activo. La política de Estado a favor de la francofonía se traduce en acciones como el subsidio para el cine francés; la difusión de su lengua y su cultura por medio de la red de Alianzas Francesas en más de 130 países; la reciente apertura, en enero de 2018, de la franquicia museística del Museo de Louvre en Abu Dabi, y la futura sede del Centro Pompidou en Shanghái. En otras palabras, Francia fortalece la difusión del patrimonio cultural material e inmaterial francés y su identidad, como capital simbólico y de valores; como elementos de atracción hacia su cultura generando con estas acciones la posibilidad de convivencia con el otro.

La difusión masiva de ciertos bienes culturales representa una amenaza hacia otros, ante su aparente fragilidad.

Ante este y otros panoramas logrados en paralelo por otros países, es necesario tener en cuenta y reconocer que, por medio del flujo de intercambios en el mundo, las distintas culturas se han visto enriquecidas, ya que la sobreprotección o el aislamiento no necesariamente les beneficia. En este sentido, sin duda el reto del patrimonio cultural inmaterial en tiempos de globalización es generar una necesaria conciencia a nivel mundial, sobre la importancia de estas manifestaciones culturales como eje fundamental e intrínseco de la vida cotidiana de una comunidad, toda vez que son generadoras de desarrollo y promotoras de la reconstrucción del tejido social.

Bajo esta premisa, el fortalecimiento de políticas públicas y de una agenda cultural en los tres ámbitos de gobierno ―federal, estatal y municipal― que impacte positivamente en la preservación y divulgación de estas manifestaciones culturales, repercutirá directamente en la sociedad, impulsará la tolerancia y representará una base sólida en materia identitaria para su posicionamiento en el extranjero.

La revaloración del patrimonio cultural inmaterial en México

La Constitución Política de México sustenta la composición pluricultural del país en sus diversos pueblos indígenas, reconoce sus instituciones sociales, económicas, políticas y culturales, y garantiza la preservación de sus conocimientos y lenguas. De igual forma el artículo 4 de la Carta Magna desde 2009 garantiza el derecho de toda persona al acceso, disfrute de la cultura, bienes y servicios que presta el Estado, así como al ejercicio de los derechos culturales. Y recientemente la aprobación de la Ley General de Cultura y Derechos Culturales en 2017 integra una nueva visión al reconocer, promover, respetar, proteger y asegurar el ejercicio de los derechos culturales, y reconocer jurídicamente al patrimonio cultural inmaterial.

A lo anterior también es necesario integrar variables como la trasmigración o la multietnicidad como formas de explicarnos y entendernos como país y como afirmación de la diversidad que conlleva a la comprensión y entendimiento de otras culturas, que contribuyen al diálogo y al respeto basado en el reconocimiento de la otredad. Y es justamente en este reconocimiento y respeto al otro, que las prácticas del patrimonio cultural inmaterial permiten reafirmar las culturas propias y también enriquecerse entre sí. En un mundo que pugna por contrarrestar la desigualdad e impulsar un desarrollo social y cultural diverso y equilibrado como ejercicio del derecho humano a la identidad cultural y el respeto a la diferencia, el patrimonio inmaterial juega un papel importante.

Pese a su aparente fragilidad, el patrimonio cultural inmaterial es un factor sin igual para expresar la diversidad cultural y la no estandarización de la cultura

Para lo anterior se requiere reconocer e integrar las experiencias del patrimonio inmaterial desde lo local, incluir al ciudadano como responsable de dar continuidad a dichas manifestaciones, y a los órdenes de gobierno como instancias, crear las condiciones para ello.

Si bien el mercado como resultado del fenómeno mundial ha hecho que el valor comercial de una manifestación cultural sea lo que determine su conservación sobre el valor social, es necesario que las políticas para preservar y difundir el patrimonio cultural inmaterial vayan más allá del primer paso: su registro, para darle un justo valor como detonador de la cohesión social de una comunidad. No se trata solo del resguardo de este patrimonio vivo, contextualizado en realidades sociales específicas y su aislamiento en tiempos de globalización, sino de generar las sinergias y espacios en los cuales se pueda seguir impulsando y difundiendo este patrimonio asociado a usos sociales, y que garantiza el derecho a las diferencias.

En consecuencia, el fenómeno de la globalización como medio para relacionarse con el otro, permite que cada persona trace su identidad cultural, fortalece la libertad individual al reconocerse como parte de una comunidad y una cultura propia, y al descubrir otras expresiones culturales que en conjunto integran el patrimonio cultural de la humanidad. Es decir, el fenómeno de la globalización por medio del patrimonio cultural permite exaltar las características individuales y colectivas que nos igualan, que nos diferencian y dan sentido de pertenencia. Pese a su aparente fragilidad, el patrimonio cultural inmaterial es un factor sin igual para expresar la diversidad cultural y la no estandarización de la cultura; toda vez que se transmite de generación en generación, evoluciona en respuesta a su entorno y contribuye a infundir en la comunidad un sentimiento de identidad y continuidad.

JUDITH FUENTES AGUILAR MERINO es licenciada en Historia por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) y maestra en Historia del Arte por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Se ha desempeñado en el ámbito de las políticas públicas culturales desde 1999, en la Secretaría de Cultura del estado de Puebla. Desde 2012 se incorporó al Senado de la República como asesora de la Comisión de Cultura y a partir de 2017 se integró al Centro de Estudios Internacionales Gilberto Bosques. Sígala en Twitter en @judfam.

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