El fin del poder

1 octubre, 2014 • Reseñas • Vistas: 2540

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El fin del poder, Moisés Naím, México, Debate, 2014, 433 pp., MX$299.00.

El orden internacional actual sufre transformaciones geopolíticas producto de la dinámica del poder, pero no del poder tradicional. No se trata de cambios gestados única y exclusivamente por iniciativa de grandes líderes mundiales o de ricos empresarios, sino que ahora desempeñan un papel crucial nuevos actores, más pequeños y con la capacidad de obstaculizar las decisiones de los líderes tradicionales.

Es la reflexión que, con su elocuencia y lucidez intelectual, hace Moisés Naím en El fin del poder. El autor sostiene que los nuevos actores, a los que llama “micropoderes”, tienen la capacidad de obstaculizar e incluso vetar las decisiones de los actores tradicionales de poder. Esto, postula Naím, es producto de diversos factores.

Por un lado está lo que llama las revoluciones del “más”, de la “movilidad” y de la “mentalidad”. Con “más” se refiere al surgimiento de nuevos países, el crecimiento demográfico y la aparición de nuevas tecnologías; la “movilidad” es la de personas y de información; y la “mentalidad” es prácticamente el producto de las anteriores, ya que con más información y puntos de vista, las personas están más informadas y es más difícil que se sometan a un régimen autoritario.

Por otra parte, no deben pasarse por alto factores como la capacidad y la eficacia de las instituciones tradicionales, porque al perder poder, significa que el estilo de vida que dan a individuos no es el idóneo y, por tanto, las rebasan actores que intentan llenar esos vacíos, algunos para bien (como las organizaciones no gubernamentales comprometidas con una causa humanitaria) y otros no tanto (en el caso de grupos extremistas que acuden a la violencia).

Los individuos deben defender sus intereses y, por ende, exigen un entorno con calidad de vida. Pero un punto fundamental es que las revoluciones del “más”, la “movilidad” y la “mentalidad” han provocado un trastorno del sistema de pesos y contrapesos tal, que el mundo es testigo y víctima de la incapacidad de alcanzar consensos por la infinidad de los actores. Ante esta situación, debe evitarse a toda costa el riesgo de pasar de la democracia a lo que Francis Fukuyama denomina “vetocracia”.

Lo anterior no es un anuncio del fin del poder de los grandes actores, como China o Estados Unidos, ni del famoso 1% que concentra la mayor parte de la riqueza mundial. Todos estos actores han tratado de conservar su poder y muchos lo han logrado, aunque con limitaciones. La clave está en cómo van a sobrevivir a los cambios y retos que imponen los micropoderes y cómo pueden coexistir todos de manera pacífica. Encontrar esa forma de enfrontar la realidad será crucial para destrabar la falta de consensos y evitar que la situación conduzca al caos. Se trata, pues, de mantener un equilibrio para no caer en la anarquía, pero tampoco en el autoritarismo.

Naím ofrece numerosos ejemplos de la degradación del poder de diversos actores (desde presidentes, empresarios y corporaciones, hasta entidades religiosas y filantrópicas) para trazar un panorama en el que se planteen las alternativas a los cambios actuales. Ver el mundo desde esta perspectiva confirma una verdad universal sobre el poder (y que fue una de las razones que llevaron a Naím a escribir el libro), a saber: que el poder es relativo, y que cuando un individuo tiene cierto poder, no puede actuar libremente, pues siempre habrá actores con su propio poder.

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One Response to El fin del poder

  1. juancarlos rodriguez bautista dice:

    hola saudos felicitaciones por los por los enzayos y textos son un medio que nos norman un vision holistica de los nuevos cambios, quisiera hacer una peticion donde conseguir el libro yo recido en puebla puebla mexico GRACIAS

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