El fin del ciclo hegemónico de Estados Unidos

30 marzo, 2017 • Artículos, Asuntos globales, Portada • Vistas: 18259

National Archives

 Daniel Morales Ruvalcaba

Abril 2017

Hegemonía es un concepto que deriva del griego ἡγέομαι (hegemonía), que significa ser guía o llevar adelante. Éste ha sido utilizado en las Relaciones Internacionales para nombrar a un Estado que mantiene preeminencia sobre los demás, en particular, sobre los más fuertes. De manera sucinta se puede enunciar aquí que los tres requisitos para considerar a un Estado como poder hegemónico son: 1) preponderancia de poder, 2) voluntad para utilizar dicho poder en fines específicos, y 3) liderazgo fundamentado en el consentimiento explícito de los demás.

A lo largo de la era moderna, solo tres Estados han alcanzado la hegemonía mundial: las Provincias Unidas de los Países Bajos, el Reino Unido y Estados Unidos. Dichas hegemonías, al igual que todos los fenómenos sociales, han tenido periodos de determinada duración (poco más de un siglo) que han sido denominados ciclos de las hegemonías, los cuales constan de cinco fases: emergencia, despliegue, apogeo, declive y extinción. Ahora bien, cada fase corresponde a la promoción de ideas y valores de alguna ideología. Conforme evoluciona el poder nacional de un Estado hegemónico, éste tiende a orientarse por cierta ideología, lo cual se traduce en un comportamiento internacional que favorece determinadas políticas económicas y estimula cierto tipo de alianzas y de organizaciones internacionales con vocaciones específicas.

Ciclos políticos hegemónicos

En su fase de emergencia, se ha observado en las hegemonías la propensión a favorecer una ideología progresista-revolucionaria, concebida como un conjunto de ideas tendientes a implementar una reforma muy profunda o total en diversos ámbitos de la actividad humana. Bajo esta ideología, el Estado desempeña un rol fundamental, que funge como impulsor y garante de los procesos sociales. De hecho, si el Estado no cataliza la metamorfosis que experimenta la sociedad, la hegemonía que se encuentra en su fase de emergencia puede verse interrumpida y trunca. En lo que se refiere a sus implicaciones hacia el exterior, el uso de la ideología progresista-revolucionaria obedece a la necesidad de adquirir o incrementar el poder. De ahí que, en esta fase, el poder hegemónico emergente contemple alianzas —ya sea con algunas potencias mundiales consolidadas, como con otras potencias ascendentes— para tratar de incrementar su poder nacional. Así, las Provincias Unidas en la segunda mitad del siglo XVI, el Reino Unido a mediados del siglo XVIII y Estados Unidos a inicios del siglo XX, asumieron ideologías progresistas-revolucionarias para el desarrollo de sus hegemonías.

AFP

En las fases de despliegue y apogeo, los poderes hegemónicos asumen una ideología liberal. El aventajamiento alcanzado por el país hegemónico en la fase anterior incrementa la centralización de capitales en torno a sus principales ciudades, eleva los estándares de vida en el conjunto de su sociedad y pasa a convertirse en el “faro” para el desarrollo científico-tecnológico, por lo cual el cambio hacia el liberalismo se instrumenta con el propósito de consolidar sus ventajas competitivas. Pero también el poder hegemónico impulsa el liberalismo para neutralizar a posibles Estados competidores. Así, en esta fase el país se muestra especialmente abocado ya no a incrementar su poder, sino a consolidarlo y demostrarlo; y precisamente el ambiente más propicio para hacerlo es en la libre competencia. Tanto las Provincias Unidas en la primera mitad del siglo XVII, como el Reino Unido a finales del XVIII e inicios del XIX y Estados Unidos a mediados del XX, asumieron y promovieron el liberalismo (filosófico, económico y político) como ideologías hegemónicas.

Finalmente, en las fases de declive y de extinción, las hegemonías mundiales tienden a orientar su política internacional desde una ideología conservadora. ¿Por qué el país hegemónico vira ideológicamente desde el liberalismo al conservadurismo? La respuesta se encuentra en la fase anterior, pues de hecho el liberalismo engendra su propio declive. Las ventajas competitivas alcanzadas décadas antes por el poder hegemónico son difundidas entre los Estados competidores gracias al sistema de libre competencia establecido por el mismo: el liberalismo lleva a la democratización de las ventajas tecnológicas y productivas del país, especialmente, con sus contrincantes. Así, el poder hegemónico pierde su aventajamiento y, en términos relativos, comienza a declinar. En un esfuerzo por frenar los cambios estructurales, el país declinante abandona paulatinamente la ideología liberal y asume una de tipo conservadora: en estos momentos buscará conservar su poder y statu quo internacional. Las Provincias Unidas en la segunda mitad del siglo XVII e inicios del XVIII, el Reino Unido en la segunda mitad del XIX y Estados Unidos en las últimas dos décadas del XX asumieron, con diversos matices, posturas conservadoras de cara a las irrefrenables reducciones de su poder nacional, ocasionando siempre críticas a su liderazgo y rechazo a su política internacional.

Reducción del poderío estadounidense y viraje al conservadurismo

A partir de la última década del siglo XIX, el sistema internacional entró en una dinámica marcada por la hegemonía de Estados Unidos: su fase de emergencia o ascenso ocurrió desde los últimos años del siglo XIX hasta la Primera Guerra Mundial. Entre 1914 y 1944, Estados Unidos desplegó su poderío y consolidó su hegemonía. Finalmente, desde 1945 hasta 1981, transcurrió un periodo de apogeo hegemónico caracterizado no solo por la preponderancia de poder nacional, sino también por la voluntad para emplearlo en la definición de la nueva gobernanza internacional. No obstante, en el último cuarto del siglo XX, la hegemonía estadounidense comenzó a dar signos de agotamiento. Tal como se plasma en la siguiente gráfica, después de un momentáneo incremento en el Índice de Poder Mundial entre 1983 y 1984 (debido a los drásticos ajustes realizados por las reaganomics), las capacidades nacionales de Estados Unidos se estancaron durante el resto de la década de 1980 y durante toda la década de 1990, para luego declinar drásticamente a partir de 2001.

Daniel Morales

Conservación del statu quo y erosión del liderazgo

El declive hegemónico estadounidense fue acelerado con los trágicos acontecimientos del 11 de septiembre de 2001. Los atentados terroristas del 11-S cambiaron por completo las prioridades del recién iniciado gobierno de George W. Bush (2001-2009): la guerra contra el terrorismo se convirtió en el tema central de su política interna y externa. Ello quedó plasmado en la National Security Strategy de 2002, cuyos planteamientos repercutieron no solo en la creación del poderoso Departamento de Seguridad Nacional, sino también en la definición de una política exterior caracterizada por la búsqueda del reposicionamiento de su país a través de un fuerte unilateralismo, un mínimo de cooperación y la dominación en ciertos asuntos internacionales. Bush y sus “halcones” proyectaron a Estados Unidos como el único actor capaz de defender ortodoxamente el mercado, conservar la libertad y combatir al “eje del mal”.

Esta dura política neoconservadora de inicios del siglo XXI fue insostenible para el país hegemónico pues abultó los costos económicos, políticos y sociales al punto de disipar todo su liderazgo. El punto de quiebre fue la crisis financiera de 2008 y 2009. Ciertamente, el gobierno de Barack Obama estabilizó la economía nacional y logró mostrar una faceta distinta de su país al mundo. Sin embargo, el estancamiento de la hegemonía estadounidense no se trata de un simple discurso político, sino de un fenómeno que acumula evidencia día con día.

Consciente de estas realidades, durante su candidatura y en sus primeros días como presidente, Donald Trump se ha orientado a dejar de cargar con los costos que implica seguir ejerciendo la hegemonía mundial. Ciertamente Estados Unidos gozará de una dotación de poder muy importante, por lo cual seguirá siendo la principal potencia del orbe. Sin embargo, Trump estaría renunciado a la voluntad de utilizar dicho poder en fines específicos, retrotrayendo a su país a prioridades nacionales y cediendo liderazgo en la gestión de ciertos asuntos de la agenda internacional a otras potencias. Pero, ¿es éste un hecho inédito? Una revisión histórica de larga data permite corroborar que las antiguas potencias hegemónicas siguieron patrones de comportamiento similares a lo que pudiera experimentar Estados Unidos en los próximos años: los Países Bajos en las primeras décadas del siglo XVIII y el Reino Unido a finales del siglo XIX.

Trump, la redefinición de Estados Unidos y el nuevo orden mundial

La redefinición del rol de Estados Unidos con la presidencia de Trump, tendrá un impacto directo en el devenir de otros países: varias potencias mundiales —hasta ahora socios estratégicos de Estados Unidos en el G7, la Unión Europea y la Organización del Tratado del Atlántico Norte— podrían verse seriamente afectadas por la falta de liderazgo y compromiso de la potencia exhegemónica. Este cambio generará vacíos de poder en la estructura internacional que bien podrían ser ocupados por potencias regionales que se hayan mostrado como “emergentes” desde los primeros años del siglo XXI, concretamente China, India y Rusia. Todo ello, llevará a significativos ajustes en los “clubes” de potencias, sobre todo entre el G7, el Foro BRICS y el G20.

Sin duda, Trump no pretende cerrar a Estados Unidos del mundo ni apartarlo de la globalización, pero muy posiblemente veamos en su gobierno ejecutar una suerte de “espléndido aislacionismo” estadounidense, es decir, la conducción de su país como una potencia mundial exhegemónica que actuará con mucha mayor prudencia y cautela. Todo esto no debe ser motivo de preocupación, sino simplemente de reconocimiento de que el rol de Estados Unidos en el siglo XXI será uno muy distinto al que despeñó en el anterior.

DANIEL MORALES RUVALCABA es doctor en Ciencias Sociales y maestro en Estudios Contemporáneos de América Latina. Además, es miembro del Sistema Nacional de Investigadores de México. Sígalo en Twitter en @moralesruv.

 

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4 Responses to El fin del ciclo hegemónico de Estados Unidos

  1. […] Hegemonía es un concepto que deriva del griego ἡγέομαι (hegemonía), que significa ser guía o llevar adelante. Éste ha sido utilizado en las Relaciones Internacionales para nombrar a un Estado que mantiene preeminencia sobre los demás, en particular, sobre los más fuertes. De manera sucinta se puede enunciar aquí que los tres requisitos para considerar a un Estado como poder hegemónico son: 1) preponderancia de poder, 2) voluntad para utilizar dicho poder en fines específicos, y 3) liderazgo fundamentado en el consentimiento explícito de los demás… http://revistafal.com/el-fin-del-ciclo-hegemonico-de-estados-unidos/ […]

  2. David Martínez Molina dice:

    Buen día,
    Bajo esta mirada del analisis hegemonico como interpretan la accion militar que tuvo lugar el día de ayer en Siria por parte de Donald Trump, entiendiento que esta intervención pondrá sin duda a Estados Unidos ad portas de una Intervención .

  3. Pablo Concha dice:

    El análisis realizado debiera complementarse con una evaluación del contexto. Excepto existan factores internos muy importantes, en el periodo actual no se observa un nuevo centro alternativo que afecte la hegemonía de EEUU en el mediano plazo

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