El Acuerdo de París: un nuevo comienzo en la lucha contra el cambio climático

16 mayo, 2016 • Artículos, Asuntos globales, Portada • Vistas: 8523

The Guardian

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Mayo 2016

El 12 de diciembre de 2015, la Conferencia de las Partes en su edición 21 adoptó el Acuerdo de París. Al hacerlo, la comunidad internacional se comprometió a luchar de forma colectiva y cooperativa ante el cambio climático inducido por el hombre. Su adopción dio aliento a un débil sistema institucional y al tambaleante panorama financiero. Sin embargo, este es el primer acuerdo en la historia adoptado por 195 jefes de Estado al mismo tiempo, todos bajo el mismo techo.

Después de 25 años de diplomacia climática, los gobiernos del mundo tienen, por primera vez en la historia de las negociaciones, un tratado que contempla las acciones a emprender en todas las naciones. El Acuerdo pone fin a la paralizante división del mundo entre países industrializados y no industrializados establecida por la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) asentada durante casi 20 años a través del Protocolo de Kioto. De hecho, desde esta conferencia en 1997 no se había llegado a un acuerdo tan relevante. Por este motivo es que el Acuerdo de París es un gran avance en las políticas de mitigación internacional que engloba a todos los países y, en este entorno, significa la adopción de un nuevo régimen ascendente.

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El mundo ha cambiado desde la década de 1990 y algunos países con nivel de desarrollo medio se han convertido en los mayores emisores de gases efecto invernadero (GEI), tales como China y la India. Es así que los países en vías de desarrollo acordaron poner fin a esta dicotomía, a pesar del hecho de que muchos de los industrializados no han mostrado un alto grado de liderazgo en la lucha contra los efectos del cambio climático. De este modo, los primeros han aceptado que se trata de una tarea global común, aunque con responsabilidades comunes y diferenciadas. La inclusión de este punto en el Acuerdo debe ser visto como un gran éxito de la cumbre de París.

Otro éxito importante del Acuerdo es la adopción de metas a largo plazo para mantener el aumento de la temperatura media global “muy por debajo de los 2 grados Celsius”. Este límite se inscribe no solo dentro del tratado internacional, sino también en comparación con las declaraciones previas realizadas por los países ante la CMNUCC. Por otra parte, el Acuerdo tiene el objetivo de “proseguir los esfuerzos para limitar el aumento de la temperatura por debajo de los 1.5 grados Celsius por encima de los niveles preindustriales”. Los cálculos recientes apuntan a que el límite de los 2 grados Celsius no es seguro para el desarrollo de la vida en el planeta y en cambio representa severos daños por los efectos del cambio climático.

Combustibles fósiles

El principal mensaje de París es que la era de los combustibles fósiles terminó. En este sentido, es muy significativo que la meta de aumento de la temperatura debajo de 2 grados Celsius se alcance en primera instancia logrando el pico de emisiones de GEI tan pronto como sea posible y, en segundo lugar, manteniendo un equilibrio entre las emisiones antropogénicas y la absorción en sumideros para la segunda mitad del siglo XXI. Se trata en realidad de un llamado a la descarbonización global antes de 2100.

Este mensaje debe reforzarse con un claro y progresivo pedido a tener cada vez ambiciones más fuertes de mitigación de los Estados, con la expectativa de que los países más industrializados se comprometan a reducciones absolutas de sus emisiones de GEI. A su vez, se debe alentar a los países en vías de desarrollo a mitigar sus emisiones con mayor flexibilidad y apoyo financiero para alcanzar sus metas. Por otro lado, las contribuciones de todos los países deben ser comunicadas y publicadas debidamente en periodos de 5 años. Este ambicioso mecanismo sienta las bases de un innovador sistema de contabilidad global para el fortalecimiento de los esfuerzos nacionales de mitigación, siendo una de las principales razones para mantener la esperanza de este Acuerdo.

París también ofrece una función legitimadora contra las centrales carboeléctricas, las minas, los oleoductos y demás infraestructura que genera daños al clima. De este modo, quienes busquen limitar este tipo de actividades productivas e instalaciones pueden apuntar a los objetivos del Acuerdo para justificar sus acciones y demandas.

Los esfuerzos de adaptación también han sido fortalecidos a través del artículo 8, que habla de pérdidas y daños. Para enfrentar estos perjuicios se ha establecido una tercera columna —junto a las acciones de mitigación y adaptación— ante los efectos del cambio climático. Se trata de una gran preocupación de los países más vulnerables.

Sin embargo, cumplir con las contribuciones de cada país no es una obligación jurídicamente vinculante. El Acuerdo únicamente compromete a cada parte a “preparar, comunicar y mantener sucesivas contribuciones determinadas a nivel nacional (INDCs) que se propone alcanzar”. Aunado a esto, “las partes deberán aplicar medidas locales de mitigación, con el propósito de alcanzar los objetivos de dichas contribuciones”. Por lo tanto, mientras el Acuerdo obliga a las partes a tomar medidas, no existe una obligación jurídicamente vinculante para alcanzar sus contribuciones.

Dado que casi todos los INDCs fueron comunicados antes de la COP21, el impacto previsto de las reducciones de emisiones era bien conocido antes de que comenzara la conferencia. Por lo tanto, resultaba evidente desde el comienzo de las negociaciones que el Acuerdo de París no llegaría a la meta de aumento de la temperatura media global por debajo de los 2 grados Celsius. Las partes reconocieron este déficit en la decisión de adoptarlo cuando se tomó nota con preocupación de que los INDCs no alcanzarían el límite de los 2 grados Celsius y, en cambio, conducirían a un escenario proyectado de 55 gigatoneladas de carbono para 2030.

La efectividad del Acuerdo para limitar el calentamiento global dependerá entonces del rápido fortalecimiento de las contribuciones nacionales. Algunos análisis realizados inmediatamente después de la Cumbre de París parecen indicar que un eficiente mecanismo de revisión sería suficiente para mantener la temperatura por debajo de los 2 grados Celsius. Sin embargo, esto implicaría que, para 2018, los países comuniquen contribuciones más ambiciosas con miras a 2030 y se comprometan a objetivos de largo plazo más sustanciales.

En 2018 se realizará una primera revisión de los INDC’s , marcando un segundo momento de concentración y atención política después de los compromisos logrados en París. Este evento podrá ser utilizado para fomentar la dinámica del proceso, abriéndose estos espacios cada cinco años. También en 2018, el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) presentará un informe especial sobre los impactos en el clima de un aumento global de la temperatura de 1.5 grados Celsius.

Para el éxito de esta revisión periódica será crucial que los países informen de manera transparente la implementación de sus contribuciones y se sometan al escrutinio internacional. En este sentido, el Acuerdo define un marco de transparencia que aún no ha sido perfeccionado. Este marco, además de aumentar el nivel de ambición de los países, será uno de los campos de trabajo más relevantes para la CMNUCC y las partes en los próximos años.

Los países industrializados tendrán que divulgar el volumen y uso de sus contribuciones financieras cada dos años, lo que beneficiará a la transparencia en el uso de los recursos y apoyos que se otorguen a los países en vías de desarrollo. No obstante, el Acuerdo solo contiene un lenguaje vago en lo que respecta a las contribuciones financieras concretas destinadas a la mitigación y adaptación en los países en vías de desarrollo. El texto reitera que la meta anual de 100 000 millones de dólares del flujo financiero entre el hemisferio norte y el hemisferio sur para 2020 —según lo acordado en Copenhague— seguirá siendo válida y se incrementará antes de 2025. Por lo tanto, este monto —que hasta ahora muchos países industrializados consideraban un techo— debe ser el piso de las contribuciones financieras.

National Geographic

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Mecanismos de mercado

Queda también mucho por hacer en relación a los mecanismos de mercado. El resultado final permite a los países diseñar diversos enfoques de mercado, pero dispone la creación de un nuevo mecanismo que “promueve la mitigación de GEI a través del fomento de procesos de desarrollo sustentable” como característica distintiva. Si bien se basa en la experiencia de los mecanismos flexibles del Protocolo de Kioto —como el Mecanismo para un Desarrollo Limpio (MDL) y la Implementación Conjunta (IC)—, el ámbito de aplicación de este mecanismo es más amplio y no se limita a proyectar determinados tipos de actividades. Además, “ofrece una reducción global de las emisiones”, yendo más allá de la naturaleza compensatoria de los mecanismos actuales. Esta diferenciación con los mecanismos de Kioto también se refleja en el hecho de que ambos, tanto países desarrollados como en vías de desarrollo, pueden utilizar este mecanismo, lo que se traduce en una especie de híbrido entre el MDL y los mecanismos de IC. Tanto las modalidades detalladas como los procedimientos se desarrollarán en los próximos años y durante las siguientes COP.

Por otra parte, el Acuerdo permite desarrollar “enfoques cooperativos”, mismos en los que los resultados de la mitigación de GEI pueden ser “internacionalmente transferidos” y “usados” para alcanzar contribuciones nacionales determinadas. Es decir, se trata de un sistema de comercio de reducciones de emisiones. El artículo 6° ratifica a la integridad ambiental, la transparencia y una contabilidad sólida como los principios básicos que guiarán este enfoque, mientras que no prevé la vigilancia de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCCC).

Un problema fundamental es cómo articular la transferencia de los resultados de mitigación dada la diversidad de tipos de contribuciones y ante el hecho de que no hay una obligación jurídicamente vinculante para lograrlas. En este sentido, el Protocolo de Kioto fue en su momento la piedra angular para el sistema global de comercio de reducciones de emisiones. Actualmente el Acuerdo también prevé el comercio, dejando a los Estados la tarea de establecer sus límites y reglas. Sin embargo, la mayoría de los países no tienen objetivos absolutos de reducción de emisiones, lo cual complica la transferencia de las contribuciones. Más allá de esto, debido a que el logro de las contribuciones no es jurídicamente vinculante, este Acuerdo carece de una salvaguarda fundamental contra la doble venta, otro deber para las futuras COP.

El frente financiero  

París significó también un gran momento en materia de acción climática desde el frente financiero, particularmente para inversionistas y empresarios. A través de la Agenda de Lima fueron presentadas impresionantes iniciativas climáticas, demostrando que los esfuerzos para la acción climática están en marcha. Entre ellos destacan la “Coalición para el Portafolio de Descarbonización” —20 inversionistas representando $3.2 billones de dólares que se comprometieron a “descarbonizar” $600 mil millones de dólares en activos— y la Federación Internacional de Cooperativas y Mutuales de Seguros, que aumentó su compromiso hecho en 2014 con más de $109 mil millones de dólares de inversión verde realizadas hasta la fecha.

Además, 106 bancos, que anualmente invierten un total de $250 mil millones de dólares, junto con docenas de inversionistas que manejan 400 mil millones de dólares en activos, se comprometieron a aumentar considerablemente sus carteras de inversión para realizar préstamos a proyectos de eficiencia energética. Por otro lado, 64 directores ejecutivos que representan 1.9 mil millones de dólares en ingresos anuales se han comprometido a integrar un precio al carbono dentro de sus estrategias corporativas a largo plazo y 450 directores ejecutivos de 65 países —que pertenecen a 30 sectores industriales— se comprometieron a establecer objetivos para impulsar planes de acción climática.

Conclusión

Durante los próximos años se mostrará si la comunidad mundial está dispuesta a abordar seriamente los desafíos de una transformación global provocada por los efectos del cambio climático. Sin embargo, pese a que el Acuerdo de París representa un vuelco a la trayectoria del desarrollo basado en la quema de combustibles fósiles, requerirá de una inmediata implementación y el fortalecimiento de las contribuciones nacionales para 2018, lo que implicará un fuerte compromiso internacional. Se requerirá de políticas transformadoras en la mayoría de los sectores, como energía, transporte, procesos industriales, vivienda, agricultura y uso de suelo.

Este hecho histórico en París, que fue sentido por todos los que estuvieron presentes en la cumbre y que incluso fue transmitido a través de los medios electrónicos, debe ser políticamente relevante en todos los planos. Los políticos, la iniciativa privada, la sociedad civil, la ciencia y la academia tenemos la responsabilidad de hacer posible la utopía: un planeta sustentable para todos.

EDUARDO PIQUERO es politólogo por la Universidad de Buenos Aires y tiene una maestría en ciencias del Estado por la Universidad del CEMA. Es director de MÉXICO2, una plataforma de mercados ambientales en la Bolsa Mexicana de Valores. Es experto en el diseño de mercados carbono, se desempeñó como consultor del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y varias firmas internacionales especializadas.

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