Desplazamiento interno inducido por la violencia: una experiencia global, una realidad mexicana

24 marzo, 2015 • Reseñas • Vistas: 954

avatarDefault Cristina Mac Gregor Vanegas y Natalia Figueroa Lima

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Desplazamiento interno inducido por la
violencia: una experiencia global, una
realidad mexicana
, Laura Rubio,
México, Tres Picos Servicios
Editoriales, 2014, 199 pp.,
mx$750.00.

En 1998, el Exsecretario General de la ONU, Kofi Annan, dijo que el desplazamiento interno era la gran tragedia de nuestros tiempos. De acuerdo con los principios rectores de los desplazamientos internos, son aquellos en los que las personas se ven forzadas a huir de su lugar de residencia habitual, como medida tanto de reacción como de prevención, por conflictos armados, violencia generalizada, violaciones de derechos humanos, catástrofes naturales o provocadas por el hombre, sin cruzar una frontera estatal reconocida internacionalmente.

Precisamente por no cruzar una frontera, no son sujetos de protección internacional y asistencia humanitaria, como los refugiados, sino que dependen de la disposición y de la buena fe de los Estados en donde residen, pero muchas veces, por acción u omisión, estos son quienes provocan o no impiden su desplazamiento.

La diferencia entre el número de refugiados y desplazados es muy amplia. Mientras que en todo el mundo los refugiados sumaron 16.7 millones en 2013, los desplazados llegaron a 33.3 millones: 12.5 millones en África, 9.1 millones en la zona del Medio Oriente y el Norte de África, 6.3 millones en Latinoamérica y 3.2 millones en el sureste de Asia. Los desplazados pierden la capacidad de hacer efectivos sus derechos básicos: desde los derechos a la seguridad y a la vida, hasta la gama de derechos económicos, sociales y culturales inherentes a toda persona y garantizados por instrumentos internacionales y regionales de protección a los derechos humanos.

Más allá de las alarmantes cifras, el libro retrata la realidad del flagelo humanitario por medio de una recopilación de imágenes captadas por fotógrafos y organizaciones de distintas partes del mundo. Así, se presenta el caso de Sukuru, el niño de 10 años de la República Democrática del Congo, que vive en un campamento porque tuvo que dejar su hogar en Kivú del Norte como consecuencia de los enfrentamientos violentos entre fuerzas gubernamentales y rebeldes. También se muestra cómo Dawa Musa, de 80 años de edad, tuvo que huir de su hogar en Sudán del Sur. De esta forma, se reflejan casos concretos de víctimas de desplazamiento interno en distintos lugares, y se hace énfasis en la forma en la que se materializa en Latinoamérica, de manera particular en México.

En el territorio mexicano, de acuerdo con la investigación de la autora, se han documentado éxodos de personas en al menos doce estados, como consecuencia del aumento sostenido en homicidios y violaciones a los derechos humanos registrados desde 2006. La autora presenta cifras alarmantes, como los 121 episodios de desplazamientos masivos de comunidades completas y el de los 170 000 desplazados que aún no son reconocidos por el Estado.

La autora señala que, en todo el mundo, al ser el Estado el principal garante, protector y hasta el violador de los derechos humanos, debería ser su responsabilidad directa la protección y la asistencia de la población desplazada. Reconoce que en ocasiones carece de la capacidad institucional o no cuenta con los recursos suficientes para cumplir su función, mientras que en otra, como en México, el Estado decide no reconocer esta responsabilidad. Además, destaca que en nombre de la soberanía, muchos Estados han negado la ayuda humanitaria internacional directa para atender a su población desplazada. Con todo, hay principios y marcos que se podrían adoptar en las legislaciones nacionales para mejorar la protección. Asimismo, los Estados deben buscar alianzas con la sociedad civil, las organizaciones internacionales y nacionales.

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