De Mujica a Tabaré

20 noviembre, 2014 • Artículos, Latinoamérica, Portada, Sin categoría • Vistas: 2526

Uruguay hacia un tercer gobierno de izquierda 

avatarDefault Martín Freigedo y Alejandro Milanesi

Noviembre 2014

A finales del mes de octubre, previo a la primera vuelta electoral, prevalecía una gran incertidumbre en torno a los resultados de las elecciones en Uruguay. Ni las encuestadoras ni los analistas y actores del sistema político tenían certezas sobre los posibles resultados, y mucho menos podían afirmar la victoria de algún candidato.

Pasada la primera vuelta electoral del 26 de octubre de 2014 esta incertidumbre parece disiparse. Si no sucede nada extraño en los próximos días, es muy probable que el país se embarque hacia un tercer gobierno de izquierda liderado por el Frente Amplio (FA), cuando el 30 de noviembre de 2014 se realice la segunda vuelta electoral. En este artículo se analizarán los resultados de la primera elección y cómo los mismos condicionan los escenarios a futuro, tanto en la elección presidencial, como en la gobernabilidad del país en los próximos años.

Los resultados electorales de la primera vuelta

Si bien esta primera vuelta se caracterizó por algunos resultados inesperados, también se confirmaron ciertos pronósticos que no generaban discusión en la campaña previa. En primer lugar, como en los últimos 15 años, el FA se mantuvo como la mayor fuerza política del país. En segundo lugar, ningún partido alcanzó la mayoría absoluta requerida para triunfar en la primera vuelta. Por lo tanto, se confirmó que la elección presidencial se disputará ─mediante el llamado sistema de balotaje o segunda vuelta electoral─ entre Tabaré Vázquez del FA y Luis Lacalle Pou del Partido Nacional (PN), quedando relegado al tercer lugar el histórico Partido Colorado (PC) liderado por Pedro Bordaberry.

Lo que sí generó sorpresas fueron los porcentajes de votos obtenidos por los partidos. Antes de las elecciones, las principales encuestadoras mostraban un escenario bastante distante de lo que finalmente ocurrió. Incluso, los resultados finales pusieron a las empresas de opinión pública en el foco de controversia sobre la legitimidad de sus previsiones.

Las últimas encuestas divulgadas antes de la elección mostraban al FA en el entorno del 43% y 46%, al PN entre 31% y 34% y al PC entre 15% y 18%. Sin embargo, los resultados finales arrojaron un 47.8% para el FA, 30.9% para el PN y solamente un 12.9% para el PC. Además, el Partido Independiente (PI) creció respecto a la elección anterior, llegando al 3%. Por su parte, los partidos menores ─la Unidad Popular (UP) y el Partido Ecologista Radical Intransigente─ alcanzaron el 1.1% y 0.8% respectivamente.

Más allá de los datos, ¿qué nos dejan los resultados de la primera vuelta? En primer lugar, al contrario de lo vaticinado por las encuestadoras, permitió que el FA lograra mantener la mayoría parlamentaria. En la elección de octubre obtuvo la mitad de los escaños en el Senado con 15 representantes (en caso de que el FA obtenga la victoria en la segunda vuelta, el vicepresidente oficia como el voto para la conformación de mayorías en la cámara alta) y una mayoría en la Cámara de Diputados con 50 de los 99 representantes.

Por otro lado, luego de 10 años en el gobierno, el FA ha logrado mantener su apoyo electoral prácticamente sin cambios. Además, ha logrado permanecer inmune al natural desgaste del ejercicio de la gestión. De cualquier forma, existen claves dentro del comportamiento electoral de los votantes frenteamplistas que se deben tomar en cuenta y que han modificado la base electoral del partido.

Históricamente el FA ha tenido una expansión y un apoyo relevante dentro de los sectores urbanos, fundamentalmente en Montevideo y en su área metropolitana. Si bien en las últimas elecciones el apoyo en estas regiones se redujo levemente, es en el interior del país dónde ha crecido de manera significativa su caudal de votos, lo que le permitió alcanzar la victoria en bastiones identificados tradicionalmente con el PN y PC. De hecho, como lo muestra la gráfica 1, el FA triunfó en 14 de los 19 departamentos del país. Esta situación fue la que, en última instancia, hizo que no se viera afectado su apoyo electoral.

 Gráfica 1: Evolución de la votación por departamentos

 Fuente: Corte Electoral *Partido que obtuvo más votos en las últimas cuatro elecciones nacionales. 

Fuente: Corte Electoral.

*Partido que obtuvo más votos en las últimas cuatro elecciones nacionales.

Ahora, ¿por qué se da este aumento del FA en el interior del país? En este sentido, se pueden encontrar por lo menos dos razones que ayudarían a explicar este fenómeno. La primera se asocia a que el FA tuvo una fuerte impronta de fortalecer la presencia del gobierno central en el territorio desde su llegada al gobierno en 2005. Luego de mucho tiempo, el partido en el poder comenzó a cumplir las funciones que le correspondían y que de facto ─y no de jure─ las realizaban los gobiernos departamentales encabezados, en su mayoría, por los partidos tradicionales.

Esta presencia se ve reflejada sobre todo en la puesta en marcha de políticas sociales a nivel local y en un énfasis en el desarrollo de emprendimientos productivos en el interior que redundaron en una mejora en los niveles de crecimiento económico local. Otra razón se debe a la figura personal del presidente José Mujica, quien ha tenido una fuerte presencia en el interior del país lo que le otorgó mayor visibilidad y apoyo político. Esto se vio reflejado en el importante caudal de votos que obtuvo su sector (el Movimiento de Participación Popular) dentro del FA, mismo que se configura una vez más como la fuerza mayoritaria dentro del partido de gobierno.

A su vez, una segunda lectura de los resultados muestra que el bloque de los partidos tradicionales (PN y PC) se redujo respecto a elecciones anteriores. De hecho, esta situación los ha dejado con una representación parlamentaria bastante menor a la esperada. De cualquier forma se debe diferenciar entre ambos partidos. Por el lado del PN, si bien creció un 2% respecto a la elección anterior, a pesar de la fuerte campaña mediática y el perfil carismático y renovador que pretendía mostrar el candidato, no tuvo el impacto deseado. El discurso poco confrontativo, limitado a destacar los logros del gobierno de izquierda, y su imagen joven en comparación a la de su rival directo ─Lacalle Pou tiene 41 años de edad, mientras que Vázquez tiene 74 años─ no fueron suficientes para captar el voto no partidista del electorado al que apuntaba.

Una sorpresa fue la baja captación de votos del PC, que lo deja en un lugar residual dentro de la vida política uruguaya y bajo una importante crisis de representatividad. Su campaña, centrada casi exclusivamente en los problemas de seguridad, lo dejó acorralado en la derecha del espectro político, imposibilitado para captar votos de centro, los cuales posiblemente cayeron en manos del PN o del PI. En ese sentido, si el PC quiere volver a disputar el acceso al gobierno nacional en futuras elecciones, parece necesario que redefina ideológica y programáticamente sus líneas de acción, mismas que en la actualidad no generan una adhesión masiva entre los ciudadanos.

Dentro de los partidos menores se debe destacar el acceso del PI al Senado y la obtención de tres diputaciones. Si bien logró el objetivo de conseguir representatividad en ambas cámaras, la mayoría parlamentaria obtenida por el FA no le permitió el objetivo político de oficiar como el fiel de la balanza entre ambos bloques del sistema de partidos.

Por último, es importante mencionar que la UP llegó por primera vez al Parlamento. Este pequeño conglomerado de partidos de izquierda radical aumenta la fragmentación dentro del Parlamento, el cual ahora contará con la representación de cinco partidos, como lo muestra la gráfica 2.

 Gráfica 2: División del Parlamento por partidos políticos

Fuente: www.montevideo.com

Los resultados también confirman la baja volatilidad del electorado uruguayo. El alto grado de institucionalización del sistema de partidos hace que los cambios entre elecciones sean muy leves. Sin embargo, pese a este escenario histórico, la última elección se caracteriza por ser la de menor volatilidad, como lo muestra la gráfica 3.

 Gráfica 3: Volatilidad electoral
(Índice de Pedersen)

168 freigedoy milanesi-uruguay2 GRÁFICA 03 (Elaboración propia con datos de la Corte Electoral)

Fuente: Elaboración propia con datos de la Corte Electoral

Otro aspecto importante sobre los resultados de la primera vuelta es el hecho de que el plebiscito presentado para bajar la edad de imputabilidad de los menores de 18 a 16 años no fue aprobado por la ciudadanía. Esto representó un golpe más para el bloque de los partidos tradicionales, los cuales impulsaron la iniciativa. De igual forma, también se convirtió en un llamado de atención para el gobierno de izquierda ya que el 47% de los electores estuvieron a favor de la reforma, lo que se puede interpretar como un mensaje de preocupación sobre los temas de seguridad desde la ciudadanía.

Por último, cabe destacar la confianza que la ciudadanía y los actores políticos tienen hacia el sistema electoral y a sus resultados. A pesar del escaso margen por el que el FA obtuvo las mayorías parlamentarias y lo que esto significa para el próximo escenario gubernamental ─ya que reduce de manera sustancial las posibilidades de la oposición de controlar al gobierno─, no existieron fuertes cuestionamientos desde los sectores opositores hacia los resultados.

El escenario de la segunda vuelta

A punto de registrarse la segunda vuelta electoral, el escenario parece estar definido. Las encuestas otorgan un margen de aproximadamente 15 puntos de distancia entre Vázquez y Lacalle Pou, a favor del primero. Estas cifras parecen poner a resguardo al candidato frenteamplista, incluso de eventuales errores en las mismas encuestas.

En relación al posicionamiento de los otros partidos políticos ante el sistema de balotaje, el PC ya ha hecho público su apoyo a Lacalle Pou, aunque no exento de conflictos internos. Este comportamiento de apoyo mutuo ha sido habitual en las filas de los partidos tradicionales en los casos de balotajes. Por su parte, los partidos menores (PI y UP) se abstuvieron de otorgar su apoyo a cualquiera de los dos candidatos. No obstante, es factible que sus votantes se inclinen en su mayoría por Vázquez, o bien, de no tomar preferencia, por ninguno de los candidatos.

En síntesis, bajo una campaña que ha reducido su intensidad, parece que sería necesario un movimiento telúrico para que Vázquez no sea nuevamente el presidente de los uruguayos, sobre todo si se toma en cuenta el mencionado bajo grado de volatilidad del electorado. Esta situación ha llevado a cuestionar el actual sistema electoral, porque en un escenario en el que se plantea una diferencia tan marcada entre ambos candidatos y con mayorías parlamentarias del FA confirmadas, los reaseguros del sistema electoral para garantizar la gobernabilidad parecen ser demasiado exigentes. El umbral requerido del 50% de los votos emitidos para triunfar en la primera vuelta ha sido discutido desde todos los sectores del espectro político, ya que embarca al país en una segunda vuelta electoral que en muchos sentidos es innecesaria.

EFE/ David Puig/ Reuters

EFE/ David Puig/ Reuters

¿Qué puede esperarse de un tercer gobierno frenteamplista?

Pese a los 10 años de exitosas políticas en materia social y económica, un futuro gobierno de izquierda deberá replantear algunas de sus líneas de acción. En este sentido, el propio candidato oficialista ya ha señalado algunos asuntos claves que deberá abordar. En ese sentido, es importante destacar cuatro áreas fundamentales: la social, la productiva, la institucional y la inserción internacional.

En cuanto a lo social, el desafío pasa por la profundización de las políticas de bienestar. En particular, se debe considerar a partir de la creación del Sistema Nacional Integrado de Cuidados, que tiene como objetivo atender a las poblaciones históricamente más vulnerables ─como niños, discapacitados y adultos mayores─, y a su vez, facilitar la inserción laboral de las mujeres que se dedican a los cuidados de los hogares.

El desafío en lo productivo está ligado a mejorar los problemas de infraestructura. No obstante, esto exige cuantiosas inversiones en obras públicas necesarias para mantener la sustentabilidad en los procesos de desarrollo de los próximos años. A su vez, implica un nuevo vínculo con el sector privado que resulta novedoso para el país y en particular para la izquierda.

En relación a la gestión, Vázquez ha remarcado la necesidad de consolidar el proceso descentralizador que comenzó con la creación de los municipios como tercer nivel de gobierno en 2010. De esta manera, el nuevo gobierno tendría una oportunidad para atender las demandas de los ciudadanos y apuntar a profundizar la democracia por medio de la participación ciudadana. Este camino no estará exento de conflictos políticos en un país fuertemente centralizado, en el que las autonomías locales han sido escasas.

En cuanto a la agenda internacional, una de las tareas pendientes es la recomposición de la relación con Argentina, principalmente en cuanto a los aspectos comerciales. Asimismo, el nuevo gobierno deberá enfrentar la disyuntiva entre los intentos por reactivar el Mercado Común del Sur (Mercosur) ─y con ello fortalecer el vínculo con Brasil enfatizado por Mujica─, o bien buscar otros caminos de vinculación internacional, tanto de manera bilateral como por bloques comerciales.

En cualquier caso, el desafío internacional del futuro gobierno obliga a profundizar en las reformas dentro de un contexto que se prevé de menor crecimiento económico y a ser mucho más selectivo en la elección de políticas. A pesar de estos desafíos y de los problemas que debe afrontar el país, lo cierto es que Uruguay muestra una consolidación del bloque de izquierda en el gobierno. Sin embargo, no se ven cambios en dicha izquierda, a pesar de que se mantendrá en el poder por dos períodos y aleja así a los fantasmas de las deficiencias en el manejo macroeconómico, de los problemas de gestión y de la inestabilidad institucional.

MARTÍN FREIGEDO es licenciado en Ciencia Política por la Universidad de la República (Uruguay), máster en Políticas Públicas por la Universidad Autónoma Metropolitana (México) y candidato a doctor en Ciencias Sociales por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO-México). Se desempeña como investigador y docente del Instituto de Ciencia Política de la Facultad de Ciencias Sociales y del Centro Universitario de Tacuarembó. ALEJANDRO MILANESI es licenciado en Ciencia Política por la Universidad de la República (Uruguay) y máster en Políticas Públicas por la Victoria University of Wellington (Nueva Zelanda). Es investigador y docente del Instituto de Ciencia Política de la Facultad de Ciencias Sociales (Universidad de la República) en las licenciaturas de Ciencia Política y Desarrollo.

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