De la migración y del miedo al otro

23 noviembre, 2018 • Artículos, Asuntos globales, PJ Comexi, Portada • Vistas: 1011

El éxodo sirio y la caravana migrante centroamericana

Notimex

Aranzazú Martínez Galeana

Noviembre 2018

Una colaboración del Programa de Jóvenes del Comexi

Las migraciones, como fenómenos sociales naturales de movilidad humana, han estado presentes en la historia de la civilización. Guerras, hambrunas, enfermedades, descubrimiento de otros mundos o expansión de rutas comerciales han sido algunos de los detonantes que han provocado el éxodo de personas de un punto del mapa a otro. Sin embargo, según Zygmunt Bauman, sociólogo y filósofo de origen polaco, lo que hace sustancialmente distintos los procesos migratorios actuales de los pasados, es la velocidad y el volumen de personas que los conforman y, paralelamente, el discurso de miedo que se construye a su alrededor.

Los otros: Siria y Centroamérica

La guerra civil en Siria, considerada por Filippo Grandi, Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, como “la mayor crisis humanitaria y de refugiados de nuestros tiempos” ha evidenciado tanto la profunda complejidad del conflicto armado como las severas limitantes que los distintos estados han tenido para hacerle frente. Pero, sobre todo, puso en entredicho el sistema de valores occidentales y cuestionó la dicotómica relación entre seguridad y derechos humanos.

Según la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados, desde 2011, más de 5.6 millones de personas escaparon de Siria huyendo de la violencia y buscaron refugio en países vecinos como Líbano, Turquía o Jordania. Mientras que en Líbano se estima que al menos 700 000 sirios, de un millón, que han llegado viven por debajo del umbral de pobreza, en Jordania se calcula que el 93% vive en esas condiciones. Sin un plan regional y sometidos a las presiones por la llegada de miles de desplazados, estos países se vieron forzados a abrir sus puertas. Por su parte, la Unión Europea fracasó en su compromiso comunitario, establecido en septiembre de 2015, de darle asilo a 182 504 refugiados sirios. Mientras que países como Alemania y Francia destacaron por ser los receptores del mayor número de refugiados, o Liechtenstein y Noruega por adherirse voluntariamente e incrementar sus cuotas, otros como Eslovaquia, Hungría, Polonia o República Checa optaron por incumplir lo pactado y, en el caso de los últimos dos, cerrar sus fronteras.

La Unión Europea fracasó en su compromiso comunitario, establecido en septiembre de 2015, de darle asilo a 182 504 refugiados sirios.

Del otro lado del mundo, en octubre de 2018, se apostó en la frontera sur de México, la caravana migrante, formada principalmente por personas provenientes de Honduras, El Salvador, Guatemala y Belice. Con cifras que oscilan entre 7000 y 9000 personas, el contingente ha expresado que su principal objetivo es llegar a Estados Unidos en busca de mejores condiciones de vida. Motivación altamente cuestionable por sus detractores, pero entendible si este éxodo se enmarca en el escenario actual. Latinoamérica es una de las regiones más violentas del planeta según el Igarapé Institute. En 2017, El Salvador registró 3954 homicidios mientras que Guatemala alcanzó 4410 asesinatos ese mismo año. De acuerdo con este centro de pensamiento, la región presenta una “crisis de seguridad crónica” caracterizada por “restricción de libertades”, “agotamiento de la población” e impactos al progreso económico.

Del miedo al “otro”

En ambos casos, y sin minimizar sus diferencias esenciales, la narrativa construida por sus opositores fue la misma: miedo al otro. Viktor Orbán, Primer Ministro ultranacionalista de Hungría por tercera ocasión, y Donald Trump, Presidente de Estados Unidos electo en noviembre de 2016 bajo el lema “Hagamos grande a Estados Unidos otra vez”, se han posicionado como dos de sus más fieles predicadores. Bajo frases xenófobas y altamente controversiales como “todos los terroristas son básicamente inmigrantes” o “emergencia nacional”, ambos políticos han manipulado los acontecimientos para dividir y vencer. Por medio de la diferenciación entre “los extraños”, han sembrado entre sus votantes y seguidores la creencia de que los otros romperán la estabilidad y lo conocido. Por consiguiente, la incertidumbre por la llegada del otro es aprovechada no para poner sobre la mesa las causas y motivaciones detrás de las crisis humanitarias, sino la urgencia de “securitizar” la agenda. Es decir, reclasificar temas que no necesariamente son de seguridad como tales.

Según Bauman, este proceso consiste en desplazar el reflector, y la preocupación ciudadana, de aquellos problemas que los gobiernos son incapaces o no quieren resolver hacia otros en los que pueda ser visible su compromiso y efectividad como la “seguridad” del país. Por ejemplo, durante las elecciones intermedias, el discurso del Presidente de Estados Unidos se centró en atacar fuertemente a la caravana y amenazar con militarizar la frontera sur y no en el caos de su gobierno. Este discurso fue difundido ampliamente en estados clave que comparten la creencia que los “extraños” son un peligro que arrebatará trabajos, paz y prosperidad y, consecuentemente, su llegada debe ser evitada a toda costa y al costo que sea; inclusive, si sus derechos humanos están en juego.

El filósofo polaco arguye que, en esta securitización, el presentar al otro como lejano es fundamental para así distanciarnos moralmente de lo que le pasó, pasa y eventualmente pasará. De esta forma, la distancia sirve de manto protector frente a potenciales violaciones de derechos humanos y de la propia ignorancia pues si no se sabe, no existe.

¿Qué sigue?

Para Bauman, las migraciones no se detendrán. Al contrario, se agudizarán producto de múltiples eventos. Algunos ya se pueden esbozar más claramente. El cambio climático y la falta de recursos como el agua, además de las causas ya señaladas, serán detonantes en el corto y mediano plazo de oleadas de desplazados que desafiarán, nuevamente, la capacidad gubernamental de hacerle frente a problemáticas comunes y servirán, una vez más, como chivos expiatorios que serán usados como estandarte político para alimentar el miedo hacia el otro. Otra vez. En este escenario, Bauman propone cambiar el discurso y la narrativa tan polarizante y, aunque peque de idealista, señala que no hay otra manera de salir de esta crisis que por medio de la solidaridad entre los seres humanos.

ARANZAZÚ MARTÍNEZ GALEANA es licenciada en Relaciones Internacionales por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM) e integrante de la primera generación del Yale Visiting International Student Program. Es consultora de proyectos en ERM México. Anteriormente trabajó en Integralia y en el Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (Comexi). Asimismo, colaboró con Seva Mandir en la India. Se ha especializado en evaluaciones de impacto social para proyectos de energía e infraestructura, desarrollo social, evaluación y monitoreo de programas sociales. Sígala en Twitter en @ari_mtzg.

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