Comentario sobre el informe Soft Power 30

13 noviembre, 2017 • Artículos, Asuntos globales, Opinión, Portada • Vistas: 1347

César Villanueva

Noviembre 2017

USC Center on Public Diplomacy

El informe Soft Power 30, coordinador por Jonathan Mcclory (2017), la empresa Portland y el Centro de Diplomacia Pública de la Universidad de California hace una contribución importante al debate sobre el poder blando en el mundo. La propuesta viene de hace 3 años. En 2015, cuando el primer informe salió a la luz para darnos una información más precisa de la importancia de esta categoría y la manera de operacionalizarla para medirla y hacerla comparativa entre países. En 2017 se presentó el tercer informe con resultados que han llamado mucho la atención. La apuesta es muy afortunada en términos generales, pero no deja de tener problemas de orden metodológico que comentaré más adelante.

El informe se basa en un ranking de países, de los cuales se selecciona los 30 primeros para ubicar la importancia de su poder blando, visto como una categoría complementaria al poder duro, en parte porque este último se ha hecho más difuso, dispersándose entre muchos actores entre quienes está la sociedad, las organizaciones no gubernamentales y personas con un liderazgo claro. Cada informe, durante estos 3 años de vida del proyecto, ha hecho invitaciones a diversos analistas de la política, economía o los medios de comunicación internacional para hacer contribuciones sobre la información provista. El informe provee un análisis pormenorizado de algunos aspectos del poder blando de los países, basado en un listado de países que han entrado en la lista de los 30 más importante en estos 3 años.

En un análisis más detallado, llama la atención las presuposiciones teóricas y la metodología del estudio. En una primera instancia, el índice de poder blando mide fundamentalmente a los países, sin embargo en el estudio hay un giro teórico de análisis hacia los actores no estatales, donde empresas, organizaciones no gubernamentales y personas influyentes construyen mucho de lo que se entiende por atracción e influencia. El estudio señala también la fuerza de los medios de comunicación y la influencia de la tecnología, específicamente la digital, para construir una influencia mundial. Por tanto, el tema de la diplomacia digital es central en la construcción del poder blando para el informe de 2017. Esto conlleva a la idea de que el poder se construye ahora en redes y nodos que capitalizan la capacidad de individuos y grupos de interactuar con otros, con y por medio del Estado.

USC Center on Public Diplomacy

La operacionalización de las variables se construye mediante seis subtemas, a saber, emprendimiento, cultura, tecnología digital, gobierno, cooperación y educación. El reporte informa que se utilizan datos objetivos, como índices e indicadores, pero también datos subjetivos, basados en una encuesta mundial sobre percepciones de ciudadanos de 25 países del orbe. El reporte ha ido ajustando su metodología en los últimos 3 años, haciendo adecuaciones y cambiando algunos indicadores. En 2017, pareciera que el tema de la cocina de los países, el cambio a las métricas sobre medio ambiente y la manera de medir el lenguaje, ha tenido un impacto importante en el estudio.

En este punto aparece un conjunto de preguntas que es bueno plantear para gestar un debate que permita entender los alcances de este reporte para países como México. Lo primero que parece muy importante definir es por qué el informe no hace de las diplomacias pública y cultural dos anclajes importantes que se incluyan específicamente en la medición de su ranking. En el más reciente reporte Gail Lord hace referencia a la importancia de las instituciones para el ejercicio del poder blando, particularmente los museos, pero una diplomacia cultural como tal no aparece en el estudio de marras. En relación a la diplomacia pública, si bien hay varias acciones transversales donde se puede ver que hay indicadores que capturan sus efectos, como son lo referido a lo digital y la cooperación (engagement), la verdad es que pareciera necesario tener indicadores específicos de lo que significan estas dos acciones para las políticas públicas de un Estado, vistas precisamente como efectos de la política exterior de un país. Nicholas Cull hace referencia a la diplomacia de las ciudades en un texto del reporte y Jay Wang refuerza la idea de relaciones culturales. Con todo, pareciera que hay una necesidad de problematizar estos dos temas a manera de rastrear el impacto que tienen en la política exterior.

Un segundo punto que me parece más complejo, es la aparente inclinación de los resultados del informe que tienden a favorecer a los países más poderosos del mundo, con un desarrollo material importante, restando importancia a un conjunto de países con un potencial de poder blando evidente, pero que juegan en la periferia del análisis de este estudio. Sin tener una agenda altermundista o del mundo en desarrollo, y hablando como un académico reconocido en los países de habla hispana sobre estos temas, simplemente me parece sorprendente que países como Chile, Costa Rica, la India o Sudáfrica no figuren entre los países más relevantes de este informe sobre el poder blando. Es sorprendente también que países como Brasil, China, Rusia y por mencionar tres grandes, aparezcan en los lugares más bajos de la tabla en el informe, particularmente mirando a la influencia internacional con la que cuentan.

Xinhua

En una numeralia muy sencilla, es revelador que 19 de los 30 países en el informe provengan del continente europeo (63% del total), 3 del continente americano, contando a Estados Unidos y Canadá; Asía y Oceanía únicamente tienen 8 países en la lista, contando a China, Rusia, Japón y Australia, y finalmente, ningún país del continente africano. En un ejercicio de simple lógica, cuesta trabajo pensar que el poder blando de los países escandinavos, o de Irlanda, Portugal, Grecia o Polonia es mayor que el de China o Rusia. Puede ser, pero la lógica de lo que observamos en los flujos diplomáticos y de ejercicio de poder mundial, parecieran contradecir los resultados del informe. Finalmente, es importante decir que el profesor Joseph Nye ha argumentado que países pequeños como el Vaticano, también disfrutan de un poder blando muy vasto y generoso. Uno se pregunta si el activismo del papa Francisco en el último año no hace que justo países pequeños como ese tengan una capacidad de influir en el sistema internacional de maneras que no es posible medir por medio de esta metodología.

Con todo, es menester felicitar a su director Jonathan McClory por el formidable trabajo realizado. También a su extraordinario equipo de colaboradores, especialmente afortunado en su acercamiento al Centro de Diplomacia Pública de la Universidad del Sur de California, quienes seguramente apuntalarán los trabajos futuros.

CÉSAR VILLANUEVA RIVAS es doctor en Ciencia Política con especialidad en Diplomacia y Cultura por la Universidad de Växjö-Linnaeus, Suecia. Su línea de investigación se centra en el estudio de las diplomacias pública y cultural, poder suave y la imagen de México en el mundo. Es profesor-investigador en la Universidad Iberoamericana donde además, es el coordinador de la licenciatura en Relaciones Internacionales. Es editor de la serie Governance, Development and Social Inclusion in Latin America, y miembro del Consejo para la serie Public Global Diplomacy de la University of Southern Califronia, ambas de la editorial Palgrave MacMillan. Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores Conacyt.

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2 Responses to Comentario sobre el informe Soft Power 30

  1. Miguel Ángel Sanchez dice:

    Me parece muy buena la reseña que se hace del informe, ojalá se viera reflejado el impacto de las industrias culturales, ya que estas también juegan un papel más que relevante para la difusión de poder blando.
    La métrica en cuestiones de influencia cultural siempre será tema de debate así como la percepción que se tiene de la misma.

    Felicidades por el artículo

  2. Alberto Gloria dice:

    Excelente análisis,

    Sin duda la repercusión más grave está en la parcialidad con la que muchos actores de la sociedad podrían tomar el Informe, pasando por alto lo que el poder blando y la diplomacia en los diferentes ámbitos, acuña en cuanto a influencia.

    En este sentido sería interesante pensar en cómo medir el “Poder Blando” de los Informes de Poder Blando del USC Center on Public Diplomacy, ¡Menuda influencia! dirían algunos amigos españoles.

    Al final queda latente en mi cabeza la pregunta de que, si el sentido del informe es ser imparcial e inforativo en cuanto al Soft Power, y pretende reflejar el “poder diplomatico” que tienen los actores políticos (en este caso cada Estado) y pasa por alto los detalles evidentes descritos en su análisis Dr. Villanueva, ¿cuál sería el fin último del Informe?

    Un saludo desde las regiones heladas de los Montes Urales

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