Cambiemos y las elecciones legislativas en Argentina

6 diciembre, 2017 • Artículos, Latinoamérica • Vistas: 53

¿Cambio de época o ventajas coyunturales?

Tomado de la cuenta de Twitter @CFKArgentina

Santiago Cunial y Gino Pauselli 

Diciembre 2017

Las elecciones legislativas en Argentina acontecidas el domingo 22 de octubre de 2017 dieron como resultado un claro ganador: la coalición Cambiemos. El oficialismo ganó en trece de los veinticuatro distritos electorales y salió segundo en las once provincias en las que fue derrotado. Se consolidó, así, como la principal fuerza electoral del país. Sin embargo, los resultados supusieron además un logro mayor para el gobierno. En la provincia de Buenos Aires, el oficialismo venció a la principal líder opositora: la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner. En una elección de medio término que se concentró, por el peso electoral y simbólico de la provincia bonaerense, en la disputa entre la candidata de Unidad Ciudadana y el candidato oficialista Esteban Bullrich, la victoria tuvo dos alicientes. Por un lado, dejó en evidencia el techo electoral de la primera. Por el otro, desnudó la encrucijada de un peronismo dividido que no se encuentra a gusto con quien es hoy su dirigente con mayor peso electoral.

Las elecciones de octubre de 2017, citando a la politóloga María Esperanza Casullo, demostraron que Cambiemos es un partido orgánico de centroderecha, pero con capacidad electoral, un fenómeno novedoso en la historia argentina. Alrededor de los analistas políticos argentinos existe (o al menos existía hasta hace algunas semanas) el dicho: “no se puede gobernar sin el peronismo”. Las elecciones de octubre de 2017 también pusieron en jaque esta creencia. Cambiemos demostró ser más que un fenómeno coyuntural. Tal como los 2 años de gobierno lo demuestran, Cambiemos no solo logró institucionalizarse y ganar elecciones nacionales y provinciales, sino gobernar en minoría parlamentaria sin tener que necesariamente acercarse a la agenda del justicialismo. ¿Cuánto de esto se explica por virtudes del oficialismo? ¿Hasta qué punto no es consecuencia de la existencia de un Partido Justicialista (PJ) divido? Ninguna de las dos explicaciones es suficiente por sí misma para explicar esta transformación del sistema de partidos (y político) nacional.

Es cierto que gran parte del éxito de Cambiemos se explica por la incapacidad de los partidos tradicionales (en particular el peronismo) para interpelar a la ciudadanía. El PJ viene mostrándose (sorpresivamente) ineficaz para convocar a un electorado cuyas preferencias parecen haber mutado de manera significativa en los comicios de 2015 y de 2017. El PJ sigue concentrando sus mensajes en reivindicaciones económicas y pujas distributivas, los cuales no responden a un electorado que se ha mostrado reticente a los estilos confrontativos de hacer política (estrategia que hasta no hace mucho pagó con creces al antiguo gobierno). Al mismo tiempo, la fragmentación del peronismo (originada en la gestión kirchnerista, pero resaltada por el oficialismo actual) facilitó la gobernabilidad.

Sin embargo, es también virtud de Cambiemos haber podido capitalizar esa mutación en las preferencias del electorado en votos. Tal como explica la politóloga María Victoria Murillo, Cambiemos se construyó como una opción nacional utilizando los recursos estatales y absorbiendo en su organización tanto a políticos radicales como peronistas; en otras palabras, utilizando estrategias electorales empleadas tradicionalmente por el peronismo. Al mismo tiempo, y con un acompañamiento estratégico de los medios de comunicación, ha podido crear un mensaje que interpela a una ciudadanía que parece más permeable a temáticas más ambiguas como son la lucha contra la corrupción o la “meritocracia” en el acceso a cargos públicos.

Dicho esto, cabe preguntarse hasta qué punto el triunfo electoral de Cambiemos representa una legitimación de su propuesta política. En otras palabras, ¿en qué medida el éxito en las urnas se traduce en una aprobación de las políticas de gobierno o bien cristalizan un descontento con la oferta opositora? Por caso, Eduardo Levy Yeyati, Lorena Moscovich y Constanza Abuin han mostrado cómo en Argentina el apoyo a políticos o partidos lleva al elector a da forma al tipo de políticas que terminan apoyando los electores. En otras palabras, el apoyo a la persona o el partido viene primero, y después el apoyo a las políticas.

Luego de las elecciones, Mauricio Macri retomó el discurso de reformismo gradualista y convocó a un “gran acuerdo nacional” para avanzar con “las reformas que necesita el país”. Ejemplo de esto fue el reciente acuerdo fiscal del gobierno nacional con los gobernadores. Sin embargo, los recientes casos judiciales en contra de exfuncionarios del kirchnerismo permiten pensar que el reciente apoyo electoral puede devenir en un gobierno de menor consenso y un uso más discrecional de las instituciones estatales.

A su vez, los resultados electorales del 23 de octubre de 2017 mejoraron las percepciones sobre el país de la comunidad financiera internacional. El espaldarazo conseguido por Cambiemos asegura, a los ojos de inversionistas extranjeros, que ciertas políticas de ajuste macroeconómico y equilibrio fiscal se podrán llevar a cabo con menor probabilidad de una interferencia política de la oposición. A su vez, las mejores percepciones sobre el país permitirán al gobierno continuar accediendo a financiamiento externo para así llevar a cabo las reformas que cree necesarias sin contraer el consumo interno. El riesgo del país argentino se encontraba por encima de los 450 puntos a comienzos de agosto de 2017. Después de las elecciones de octubre, y habiendo el mercado descontado un triunfo del oficialismo, se ubicó por debajo de los 350 puntos.

¿Cuál es el lugar de la oposición en este escenario y qué puede esperarse de ella? En este punto caben mencionar el papel de tres actores que pueden posicionarse como potenciales actores de veto del gobierno. En primer lugar, el papel del PJ. El peronismo aun no encuentra un liderazgo capaz de unificarlo. Las disputas entre Cristina Fernández y la “vieja guardia” no parecen factibles de resolverse en el corto plazo (más aun en un contexto en el que la propia Cristina avisó que la oposición al gobierno iba a ser Unidad Ciudadana y no el peronismo). Tampoco los peronistas Sergio Massa ni Florencio Randazzo tuvieron un desempeño electoral como para posicionarse como una alternativa dentro del PJ. La derrota en Salta también puso en jaque las aspiraciones nacionales del gobernador Juan Manuel Urtubey. El senador Miguel Angel Pichetto, en este contexto, parece una alternativa más cercana al oficialismo que intenta liderar a los legisladores peronistas. Sin embargo, el poder en las cámaras no significa necesariamente poder en el territorio. En cualquier caso, y tal como los recientes acuerdos con el gobierno lo demuestran, en caso de que el PJ logre reunificarse, parecería que la “renovación” se orientaría más hacia a la centroderecha del espectro ideológico.

En segundo lugar, otro actor que puede resultar un contrapeso al oficialismo son los propios socios de la coalición. Tal como comentan las politólogas Lara Goyburu y Soledad Zarate, la Unión Cívica Radical (UCR) sigue teniendo un peso importante al interior de una coalición de gobierno que se “basa más en una división exitosa de funciones, que en un reparto de cargos ejecutivos”. La pregunta que se realizan las autoras es hasta qué punto la división entre la arena legislativa y el territorio en manos de la UCR y gestión a cargo del partido Propuesta Republicana (PRO) seguirá sosteniéndose y encontrando una fórmula de gobierno efectiva. Si bien hasta el momento lo ha sido, no han sido pocos los casos en los que miembros de Cambiemos han mostrado su descontento con políticas implementadas por funcionarios del PRO. En todo caso, el papel que ocupe la UCR dependerá de cuán redituable sea permanecer en la coalición de Cambiemos.

Finalmente, un tercer actor que emerge como alternativa a las oposiciones partidarias es la sociedad civil. Desde el momento de la asunción de Macri, Cambiemos se encontró con una sociedad civil sumamente activa que se ha movilizado frente a su agenda de gobierno. Casos como el de Santiago Maldonado, las políticas en materia educativa, el encarcelamiento de Milagro Sala y la reducción en las asignaciones de las jubilaciones, han disparado movilizaciones de múltiples actores de la sociedad. Sin embargo, muchas veces las manifestaciones no han podido impedir que el gobierno mantenga sus decisiones. Al mismo tiempo, Cambiemos se ha mostrado sumamente eficaz en manejar los organismos sociales a partir de la erogación de planes y bonos por parte del Ministerio de Desarrollo Social. Históricamente, la movilización de la sociedad civil argentina ha sido un factor clave en la consolidación y también en la impopularidad de los gobiernos democráticos. En este sentido, el contexto económico es clave para generar (o evitar) condiciones para la activación de los actores civiles.

En suma, las elecciones de octubre de 2017 han consolidado a Cambiemos como la principal fuerza política del momento en Argentina y ha dejado en evidencia la ausencia de una oposición consolidada. La alianza liderada por el PRO ha logrado institucionalizarse y se ha mostrado capaz de ganar elecciones y gobernar con una oposición peronista dividida. El gran desafío a futuro para el oficialismo, es demostrar que puede gobernar con un PJ unificado. El gran desafío del PJ es (re)unificarse.

SANTIAGO CUNIAL es licenciado en Ciencia Política por la Universidad de Buenos Aires, magister en Ciencia Política por la Universidad Torcuato Di Tella y estudiante de doctorado en la University of Pennsylvania. Contáctelo en el correo electrónico cunialsantiago@gmail.com. GINO PAUSELLI es licenciado en Relaciones Internacionales por la Universidad de San Andrés y estudiante de doctorado en la University of Pennsylvania. Sígalo en Twitter en @ginopauselli.

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