Buscaba el orden y se encontró con el caos

3 julio, 2017 • Artículos, Europa, Portada • Vistas: 1370

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Elvia Laija

Julio 2017

Desde hace más de 3 meses el Reino Unido se ha visto asediado por tragedias y desastres que van desde el violento fanatismo pasando por la incompetencia burocrática hasta la inestabilidad política. Los ataques terroristas en sitios turísticos y lugares de entretenimiento, el incendio en un edificio habitacional y el complicado resultado de las elecciones adelantadas, han puesto al país en una situación vulnerable y justamente en el momento en que se requiere mayor unidad, ya que están a punto de iniciar las negociaciones para la salida del Reino Unido de la Unión Europea.

Según el representante del parlamento Europeo en el brexit, Guy Verhofstadt, si existe alguna manera de definir el último año en el Reino Unido, sería el surrealismo. David  Cameron,  ex primer ministro, fue quien propuso llevar a referendo la salida del Reino Unido de la Unión Europea, pero él mismo se convirtió en el principal defensor de mantener la unión con Europa. Theresa May, su sucesora, llamó a elecciones adelantadas buscando aprovechar la debilidad del partido laborista, pero amaneció el 9 de junio de 2017 con uno de los gobiernos conservadores más débiles de la historia contemporánea del Reino Unido.

La estrategia de May tenía una doble finalidad, refrendarse en el poder con el respaldo del voto hay que recordar que tras el apretado triunfo del brexit en el referendo, David Cameron cedió el liderazgo del partido conservador (tory). Al mismo tiempo, May quería tener un control político absoluto para poder negociar a su manera la salida del Reino Unido de la Unión Europea. May se sentía tan segura de su posición que una vez convocadas las elecciones adelantadas (a partir de un acuerdo en 2010, se establecieron fechas fijas para las elecciones parlamentarias en el Reino Unido a ocurrir cada 5 años con la posibilidad de adelantar las mismas si se cuenta con dos terceras partes de los votos parlamentarios), se enfrascó en una serie de declaraciones amenazadoras frente a las autoridades de la Unión Europea.

Pero la estrategia fracasó. ¿Qué tanto influyeron los subsecuentes ataques terroristas o el efecto “Bernie Sanders” de su oponente laborista Jeremy Corbyn en la derrota del partido conservador? Es difícil medir tales efectos, lo cierto es que ahora Theresa May tiene un gobierno debilitado, forzado a una coalición con el ultraconservador Partido Unionista Democrático (DUP) de Irlanda del Norte, el cual cobrará caro su respaldo a los tories.

A este ambiente tan complicado se suma un año de ataques y contraataques entre funcionarios del gobierno británico y los negociadores del brexit en la Unión Europea. Esta tónica la marcó Theresa May desde el día uno al asumir el cargo de primera ministra. La postura frente al brexit de “es mejor no tener acuerdo que llegar a un mal acuerdo” fue una bandera con la que buscó la fuerza de la que carecía por no haber llegado al puesto por elección popular, pero que al mismo tiempo le trajo el encono de los funcionarios europeos e incluso dentro del Parlamento. Fueron dos las veces que la Cámara de los Lores rechazó su proyecto de ley para la salida de la Unión Europea, el cual estaba impregnado por una visión de juego suma cero: cualquier concesión a la Unión Europea significaría una pérdida para el Reino Unido, pero muy particularmente para su gobierno. Ante la inestabilidad del gobierno de May, algunos temían un retraso en el inicio de las pláticas formales entre Bruselas y Londres, pero finalmente se cumplió con la fecha y el 19 de junio de 2017 se dio la primera reunión formal entre las partes.

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En general son dos las visiones que se han manejado: la salida suave o la salida dura (soft or hard brexit). La primera opción es bajo la que ha trabajado el equipo de Unión Europea encabezado por Michel Barnier y supone negociaciones largas e intensas entorno a un gran espectro de temas. La salida dura significaría cortar de tajo con la Unión Europea en todos los aspectos, estrategia que suena prácticamente suicida y que en la Unión Europea se toma como un intento de blofeo por parte de May.

Otro punto de discusión es el orden de los temas. Los británicos presionaban por negociaciones paralelas, es decir acordar los asuntos de salida del Reino Unido, incluidos los pagos pendientes de este país a la Unión Europea, al tiempo que se negocia la relación post brexit  sobre todo en asuntos financieros y comerciales. Los 27 países miembros de la Unión Europea han sido enfáticos en no conceder nada a los británicos, la consigna hacia el jefe negociador es no caer en dilaciones, esperando finiquitar la salida para marzo de 2019 y cerrar todos los temas de la membrecía antes de pactar la manera en la que se relacionará el Reino Unido con la Unión Europea.

Esta actitud de la Unión Europea ha sido calificada como la de buscar castigo o venganza, pero es más que eso. Al ser esta una situación sin precedentes para la Unión, es necesario dejar en claro que no es fácil salirse del acuerdo multilateral más avanzado y consolidado del mundo. Los europeos tratan de atajar cualquier mensaje que merme la estabilidad y solidez de su institución, sobre todo ante la oleada de movimientos populistas, neonacionalistas y euroescépticos que amenazan con tomar el poder y que están presentes en casi todos los países miembros.

Ante la enorme cantidad de asuntos que se tienen que resolver para consolidar este divorcio, los europeos destacan tres temas fundamentales: los derechos de los ciudadanos europeos en el Reino Unido y el de los ingleses en el continente, los pagos de las obligaciones contraídas por el Reino Unido con la Unión Europea, y el asunto de la frontera con Irlanda.

El asunto más importante y al parecer el único punto de acuerdo entre las partes es asegurar los derechos de los ciudadanos. Existen 3.2 millones de ciudadanos de algún país de la Unión Europea viviendo en el Reino Unido y 1.2 millones de británicos en algún país de la Unión. Se espera que a finales de junio de 2017 se puedan compaginar las propuestas para la protección de los derechos de todos los ciudadanos, incluyendo el trato igualitario, derecho a la residencia, educación y salud entre otros. Quizá el tema más polémico al respecto es el de las familias de los extranjeros que ya residen en el Reino Unido, los europeos buscan que estos derechos se hagan extensivos a los familiares si estos deciden migrar a ese país, y mantener esta política aun después de concretada la salida.

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La guerra de cifras sobre lo que tendría que pagar el Reino Unido antes de salirse de la Unión también ha servido como bandera política. Muchos políticos en Europa han hablado del agujero económico que dejará el brexit para la isla, pero también del otro lado habrá consecuencias. El Reino Unido contribuye con alrededor del 0.75% del presupuesto de la Unión. Al final, los europeos deberán documentar claramente las obligaciones financieras para exigir a los británicos los 100 000 millones de euros que reclaman.

Finalmente, se encuentra el asunto de las fronteras con Irlanda, país miembro de la Unión Europea. Ambas partes son reacias a reponer los controles fronterizos pero el Reino Unido quiere dejar en claro sus límites. Aquí es donde la coalición con el DUP puede afectar, ya que Irlanda del Norte podría verse afectado en términos económicos si se restituyen controles que frenen el flujo comercial con la República de Irlanda. Es muy probable que May tenga que ceder a una frontera casi virtual como una de las condiciones pactadas con los miembros del DUP para la débil coalición que la mantiene de manera muy frágil al frente del gobierno.

Es evidente que la lista de temas a tratar es enorme, los servicios financieros por ejemplo, son un asunto prioritario para el Reino Unido dada la importancia del sector para su economía. Algunos empresarios han expresado su preocupación ya que con el brexit se pierde una ventaja competitiva de la City, el centro financiero en Londres, y han amenazado con mover sus operaciones. El asunto de las regulaciones también será complicado, si bien es cierto, el Reino Unido contaba con el mecanismo de opt-out para esquivar algunos de los acuerdos de la Unión Europea, hay una infinidad de reglas desde ambientales hasta de seguridad laboral que se sustentan en el entramado burocrático de la Unión Europea y que ahora el Reino Unido tendrá que desenredar para poder operar por su cuenta.

¿Será que Theresa May suavizará su enfoque frente a la Unión Europea ahora que incluso miembros de su partido que perdieron en sus circunscripciones le achacan a ella su derrota, o se mostrará más reacia frente a los europeos con el fin de mostrar, al interior de su país que aún tiene el control?

ELVIA LAIJA es maestra en Estudios Internacionales por el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey, Campus Ciudad de México. Actualmente imparte cátedra en la Universidad Iberoamericana, Puebla. Sígala en Twitter en @elvia001mx.

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