Biografía del hambre

27 Febrero, 2017 • Artículos, Latinoamérica, Portada • Vistas: 5269

¿Por qué se convirtió Venezuela en un país pobre en alimentos?

Miguel Gutiérrez

 Andreina Montes Le Maguer

Febrero 2017

En vez de estar disfrutando de la prosperidad que destilan los petrodólares —como lo hacen nuestros colegas en Catar—, Venezuela atraviesa una crisis alimentaria sin precedentes en Latinoamérica. Con reservas de crudo más vastas que las de Arabia Saudita, Venezuela es víctima de la administración más absurda e incongruente de los nuevos Estado-nación.

Conocida por encabezar los rankings de violencia y asesinatos en el mundo, la imagen de Venezuela se desfigura por una inflación que superó el 1000% en 2017. Sin embargo, la escasez y la falta de insumos han superado incluso las ya devastadoras condiciones que atormentan a una población claramente desconcertada.

Un cóctel de catastróficas medidas reguladoras y unas arcas vacías son solo algunas de las causas del desolador paisaje socioeconómico que vislumbra una Venezuela que alcanza su máxima expresión de caos, violencia y desidia. Decir que en Venezuela “la gasolina es más barata que el agua” ya resuena a argumento trillado pero nos sirve para ilustrar y entender por qué la economía de un país que literalmente regala al mundo su recurso más preciado no puede ser sino un desastre.

¿Qué empujó a Venezuela a convertirse en el campeón de los estómagos vacíos?

El hambre golpeó a Venezuela de manera inesperada. No se anunció ninguna guerra civil, ni sequías, ni inundaciones, pero ya en 2007 la clase baja y media venezolana se encontraban sintiendo los estragos del hambre. La hambruna en Venezuela es el inevitable fin de una historia de mala gestión que llevó al país a una galopante inflación, a un creciente déficit fiscal y a una inaguantable escasez.

Las raíces de esta crisis se encuentran en los fallidos esfuerzos de Hugo Chávez por reestructurar la economía nacional. Comenzando en 2001, cuando el gobierno nacionalizó las productoras más importantes de crudo, hidrocarbonos y alimentos al tiempo en que inversores nacionales y extranjeros relocalizaban fugazmente su capital en países más estables, dejando a la economía desasgrar de una hemorragia externa.

Para tomar control sobre la fuga de capital, el gobierno intervino la moneda fijando un control de cambio en marzo de 2003. Equiparar el dólar con el bolívar significó una sobrevaloración de 48% del último con respecto al primero. Dado a que el comité de control de cambio no estaba en capacidad de suministrar la cantidad de dólares necesaria para satisfacer las importaciones, el mercado negro no tardó en brotar, acrecentando exponencialmente el precio del dólar, del que se hizo inevitablemente supeditado.

A pesar de las recesiones económicas de comienzos de siglo, Venezuela todavía se beneficiaba de su condición de exportador de crudo hasta que, en 2008, el precio del barril cayó dramáticamente de 140 a 40 dólares —menos de la mitad de su valor—. La situación económica se hizo insostenible.

Miguel Gutiérrez

Tomando en cuenta que Venezuela es un país monoproductor, 100% dependiente de su crudo y, por lo tanto, de sus precios, no es de extrañar que después de la espectacular caída del precio del barril Venezuela se haya tenido que despedir de los huevos de oro de su gallina más preciada. Sin haber hecho ningún ademán de buscar otra, en reemplazo.

Dado que cada vez eran menos los artículos que se permitían importar a tarifa oficial, los comerciantes dependían directamente del mercado negro. Ello impulsó la inflación de un moderado 13.6% en 2006 a un descontrolado 487.6% en 2016, la tasa más elevada en la historia de Latinoamérica.

Para prevenir a los revendedores de tarifar productos básicos a precios exorbitantes, un control de precios fue introducido en 2006. Sin embargo, en la economía real, esta medida creó el efecto contrario: la abismal brecha entre el mercado oficial y el negro, especialmente en lo concerniente a alimentos y medicinas.

Con líneas y líneas de anaqueles vacíos o pobremente abastecidos de los mismos productos importados –y visiblemente inflados–, las colas en los supermercados colapsan cada vez que los productos subsidiados arriban. No obstante, y a pesar de los fracasados esfuerzos del gobierno en regular los precios, un círculo vicioso de lucro masivo se abría paso en Venezuela: mientras que los productos subsidiados se hacían cada vez más escasos y su adquisición cada vez más controlada, su reventa nunca fue tan rentable.

Para “asegurarse” de que la gente no especulara con productos subsidiados, el gobierno implementó un nuevo control, esta vez el de la compra: a partir del 2011, la obtención de tan solo una unidad de arroz, pasta, harina, jabón de baño y aceite de cocina sería permitida por persona, una vez al mes. Para evitar abusos, cada uno de estos productos sería registrado en el supermercado en el que el gobierno asignara su compra a los consumidores de acuerdo a su número de identificación.

 

El sector agrícola, el hueco más grande en la economía venezolana

La caída del precio del barril representa una pérdida enorme en las finanzas del Estado, pero la mayor caída se encuentra en el sector agrícola. Entre el 2012 y el 2015, la producción de granos bajó un 80%, la de carne un 40% y la de vegetales un 18%. Estos déficits solían ser disimulados por una buena inyección de petrodólares que el gobierno podía permitirse pero que ahora invierte en pagar una colosal deuda externa de 134.5 billones de dólares, según datos de 2014.

En vista de la falta de incentivos, los agricultores decidieron darle la espalda a la tierra y apostar por la importación, acrecentando así su rentabilidad, pero renunciando a lo único que es capaz de salvar a Venezuela de la crisis: la producción nacional. Miles y miles de hectáreas de tierras fértiles yacen improductivas producto de los ridículos precios de hortalizas y legumbres y los elevados costos de producción. A esto se les suma la falta de maquinaria agrícola y su costosa importación.

Miguel Gutiérrez

Después de la industria petrolera y la de hidrocarburos, la industria alimenticia es una de las más afectadas por la agenda de expropiaciones del gobierno venezolano –es decir, de la confiscación no remunerada de tierras privadas–. Desde 2005, el gobierno llevó a cabo una apropiación masiva no solo de empresas sino de terrenos productivos ignorando títulos de tierras e imponiendo nuevos usos y empleados. Para el 2010, el gobierno declaró haber expropiado 7.5 millones de 27 millones de hectareas cultivables, es decir, un 20% del paisaje agrarioa total. El devastador resultado fue el abrupto cese del cultivo de granos y hortalizas debido a la inconsistencia de los modelos de negocio y a la incompetencia de su nuevo personal, mayormente representado por simpatizantes del gobierno.

Sin embargo, en Venezuela todavía se consiguen productos importados en abundancia, pero solo para aquéllos que pueden pagar sus elevados precios en alguna moneda extranjera. De otra forma, el venezolano que depende de sus 22 500 bolívares de sueldo mínimo (alrededor de 20 dólares) para costear sus gastos y los de su familia rápidamente se ve obligado a depender del consumo único de los contados insumos que subsidia el gobierno. Es solo que la producción de estos productos es notoriamente insuficiente para abastecer a más de 30 millones de habitantes que, como consecuencia, están hambrientos e indignados.

Reducir la compra de artículos básicos, el número de ingestas diarias y el volumen durante la comida principal son las estrategias más recurrentes en los hogares venezolanos, especialmente aquellos con niños. Casos de malnutrición y enfermedades largamente erradicadas –como el dengue y la difteria– vuelven a abrirse camino debido a la falta de defensas en el sistema inmunológico.

En un ambiente de ansiedad e incertidumbre, la “dieta de Maduro” ha obligado a millones de venezolanos a reducir el número de ingestas diarias y a acrecentar el insumo de alimentos de poca calidad. Al menos el 25% de los niños venezolanos padecen malnutrición y un número significativo de esos niños no asiste regularmente a sus actividades escolares, ya que los colegios no están en capacidad de ofrecer almuerzos, ni mucho menos meriendas.

Debido a la alta tasa de desempleo y a la poca capacidad de absorber el alza de precios, los habitantes de las zonas urbanas se ven incluso más expuestos a la pobreza que aquellos que pueblan las rurales. Inflación, especulación, acaparamiento, manipulación, almacenamiento compulsivo y precios burbujas son algunos de los síntomas que resiente el pobre urbano con más facilidad que el rural.

Algunas de las personas que se levantan a las 4 o 5 de la mañana para afilarse en las infinitas colas de los supermercados son médicos, maestros, administradores que dejaron sus trabajos porque hacen más dinero revendiendo lo que consiguen que lo que ganaban en sus cargos públicos. Sin embargo, aguantar las largas horas de colas y soportar las agresiones que se suscitan en las entradas de los supermercados pagan la cuenta al final del día.

Getty Images

Venezuela es uno de los mejores ejemplos a la hora de ilustrar cómo una burocracia excesiva de híper regulación de alimentos puede llevar a la hambruna. Instituciones e infraestructuras que inicialmente fueron creadas para promover la igualdad y facilitar el acceso son hoy agentes de control y desigualdad debido a la mala planificación, el subfinanciamiento y, evidentemente, a la corrupción.

Para evitar una exposición social, la respuesta del gobierno venezolano ha sido de regular y subsidiar la industria alimenticia, poniendo el costo de algunos alimentos al alcance de los más pobres. ¿Pero qué pasa cuando los productos nacionales e importados son mal o insuficientemente regulados? Pues el pobre tiene que cargar con el costo total de los mercados privados, convirtiendo el hambre en el inevitable precio de la inflación.

La producción y distribución de alimentos definitivamente le ha quitado la batuta a la violencia, la inseguridad y la corrupción. Éste es un problema mayor. Éste es un problema que va más allá de las barreras ideológicas y políticas. Éste es un problema que afecta a todos aquellos que hemos disfrutado de las bondades humanas y naturales de ese país; como bien lo hicieron Argentina, Bolivia, Brasil, Cuba, Ecuador y El Salvador al gozar de los generosos obsequios de Chávez y que ahora parecen ignorar del asunto. Gracias al surgimiento de remesas, intercambios no monetarios y a la solidaridad, Venezuela pone en relieve la calidad de su cohesión social al tiempo que intenta sobrevivir a su crisis alimentaria.

ANDREINA MONTES LE MAGUER estudió Antropología, Sociología y Estudios de Género en la Bern University, en Suiza. Se ha dedicado a la redacción y traducción de artículos científicos para la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación. Ha publicado en la revista Genderstudies del Centro Interdisciplinario de Estudios de Género de la Bern University. Es cofundadora de la revista digital PostCultura y escribe en diversas revistas independientes como ViceVersa Magazine sobre cultura y sociedad. Sígala en Twitter en @AndreinaAveledo.

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4 Responses to Biografía del hambre

  1. Marcos Soto dice:

    Es la primera vez que los leo desde el Facebook. Suelo hacerlo en la edición impresa.

    Decirles que cuiden su ortografía! No porque sea el Facebook, descuiden detalles como que “pues el pobre tiene que CARGAR con el costo total…”. No chinguen! Jaja

    Saludos!

  2. Marcos Soto dice:

    Es la primera vez que los leo desde el Facebook. Suelo hacerlo en la edición impresa.

    Decirles que cuiden su ortografía! No porque sea el Facebook, descuiden detalles como que “pues el pobre tiene que CAGAR con el costo total…”. No chinguen! Jaja

    Saludos!

  3. Oscar Levi dice:

    Hay un “leve” error aqui en este articulo: NO fue Chavez el que nacionalizo los crudos ni tampoco los hidrocarburos..fue le Ex Presidente Carlos Andres perez, en una jugada maestra extraordinaria que dejo desarmada y sin proyectiles a TODA la izquiera comunista latinoamericana y del mundo…compenso debidamente alas empresas como Shell,Creole y etc y dejo unos contratos de servicios que la mantuvieron al tope de las Empresas Estadales del mundo.Impecable y ptroductiva y con un ranquin de EFICIENCIA poco comun en el mundo petrolero…ESO lo hizo Carlos Andres Peres. Chavez no solo fue un completo ignorante en materia economica, sino que destruyo TODO el aparato productivo agroalimentario, no solo auyendo las inversiones sino ESTATIZO los precios de venta…y quien puede producir algo cuando els el estado el que FIJA ARBITRARIAMENET los precios y no el mercado…eso…simplemente la oferta y la demanda.Cualquier chiquillo de la escuela elemental sabe eso,excepto este grupo de gorilas, que no solo destruyeron el aparato productivo, sino la Etica y los Valores Morales de una nacion y eso no se cotiza en los mercados de valores…

    • Andreina dice:

      Querido Oscar, Gracias por tu comentario.
      En realidad, no se trata de un error. En el artículo yo no menciono que los hidrocarburos y el crudo hayan sido nacionalizados por primera vez bajo el mandato de Chávez. A lo que hace referencia el artículo es a que la industria agrícola nunca se vio tan afectada/mermada como bajo las reformas de expropiación e (híper)regulación que se implantaron posterior a su nacionalización. Y que, en definitiva, dieron como resultado la reforzada crisis alimentaria que se vislumbra en Venezuela.

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