Arabia Saudita-Catar

24 Julio, 2017 • Artículos, Medio Oriente, Portada • Vistas: 1632

Nuevo capítulo en una historia basada en la desconfianza mutua

Reuters

Abás Tanus Mafud

Julio 2017

El 5 de junio de 2017, Arabia Saudita, Bahréin, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, el gobierno provisional de Jalifa Haftar en Libia y el Presidente en exilio (en territorio saudí) de Yemen, Abd Rabbuh Mansur al-Hadi, comunicaron al mundo la decisión de romper relaciones diplomáticas con Catar. Entre los motivos que provocaron esta reacción se destacan: 1) el apoyo al terrorismo y la injerencia en los asuntos internos de los demás países, especialmente al respaldar a la Hermandad Musulmana (agrupación considerada terrorista por Arabia Saudita y Egipto), a la oposición en Bahréin y en Yemen; 2) el supuesto papel desestabilizador de la paz regional por parte de la cadena de noticias catarí Al Jazeera, y 3) el apoyo encubierto al régimen chiita iraní. Justamente, en este último punto, radica el origen del conflicto diplomático reciente, ya que se filtró por parte de Qatar News Agency (QNA) un audio de Tamim ben Hamad Al Thani, en el cual el Emir criticaba la posición de las demás monarquías frente a Teherán.

Por otra parte, la medida se cristalizó en el cese de las representaciones consulares, la deportación de los cataríes, el bloqueo por aire, tierra y mar de los principales accesos al país y las expulsiones del Consejo de Cooperación de los Estados Árabes del Golfo y de la alianza sunnita que combate en Yemen. Sin embargo, pese a los argumentos esgrimidos por los países antes mencionados, este clima de tensiones vuelve a traer al escenario regional, una de las preocupaciones centrales de Riad: la incapacidad de someter la política exterior catarí, caracterizada en los últimos años por una especie de pragmatismo que desafía la esfera de influencia saudí, generando varios dolores de cabeza a la Casa de Saud. En un contexto donde han aumentado las cruzadas entre las partes en cuestión, se hace necesario comprender los antecedentes que tiene esta medida y los efectos que trae la misma sobre la inestable región.

Arabia Saudita y Catar: una relación complicada

La relación entre las monarquías de Arabia Saudita y de Catar se ha caracterizado históricamente por la falta de confianza entre ambas. Esta condición tendía a fluctuar con base en las necesidades de la región; por ejemplo, el 25 de mayo de 1981, los dos países participaron en la creación del Consejo de Cooperación de los Estados Árabes del Golfo (bloque regional con la finalidad política de hacer frente a la amenaza de la Revolución islámica chiita en Irán).

Reuters

Diferentes acontecimientos incidirían fuertemente en las percepciones que ambos tendrían de cada uno: 1) la muerte de dos guardias cataríes en un enfrentamiento fronterizo; 2) el golpe de Estado del 27 de junio de 1995 que llevó al poder a Hamad bin Jalifa Al Thani derrocando a su padre (Jalifa bin Hamad al Thani), quien era apoyado por Riad; 3) la transmisión por parte de los medios de comunicación de imágenes negativas del otro país, y 4) los enfrentamientos geoeconómicos por el suministro del gas, especialmente por el proyecto Dolphin.

Pese a este contexto negativo, de 2007 a 2011 se vivió un florecimiento en las relaciones bilaterales, traducida en diferentes gestos; por ejemplo, en diciembre de 2007, el entonces rey saudí Abdullah bin Abdulaziz visitó Doha. Sin embargo, el arribo de la Primavera Árabe o los levantamientos árabes, volvieron a ponerlos en veredas opuestas, especialmente debido a la algarabía con la que la prensa catarí, especialmente, la cadena Al Jazeera cubría los acontecimientos que sucedían y las diferentes posiciones existentes frente a las situaciones de Bahréin y Egipto. En el primero de ellos, Catar apoyó a la Hermandad Musulmana en su arribo al poder (siendo un aliado clave de Mohamed Morsi) y también se transformó en un lugar de refugio cuando estos fueron depuestos del poder por Abdelfatah Al-Sisi el 16 de julio de 2013. Asimismo, Arabia Saudita siempre consideró como grupo terrorista esta cofradía musulmana egipcia y apoyó fuertemente el golpe, tanto en aspectos económicos como políticos. De igual forma, esta disputa pareció en segunda instancia expandirse a Bahréin, en donde la monarquía sunní del jeque Hamad bin Isa Al Jalifa (aliado saudí) sufrió durante 2011 y 2012 manifestaciones de la oposición chiita, apoyadas en primera instancia por Catar, quien luego revirtió su posición, para garantizar la permanencia en el poder de la Casa Real.

El enfriamiento de los levantamientos árabes y la presión por parte de las autoridades cataríes para que los líderes de la Hermandad Musulmana se retiraran del país —se consumó parcialmente el 13 de septiembre de 2014— pareció generar un clima de relativa calma. Sin embargo, nuevamente el escenario regional acertó un golpe a la deteriorada confianza entre ambos Estados, especialmente, debido a las guerras civiles de Libia, Siria y Yemen, pero sobre todo, la forma en que los dos se posicionaron sobre el mismo demostró visiones opuestas que nos llevan a la crisis actual: el pragmatismo de Tamim ben Hamad Al Thani, basado en la búsqueda de un mayor protagonismo regional —quien actuó de mediador entre el gobierno libanés y Jabhat Fateh al-Sham en el secuestro de trece monjas libanesas en territorio sirio y sus gestos hacia Irán— y el militarismo promotor de áreas de influencia del nuevo heredero al trono saudí (anunciado el 21 de junio de 2017), Mohamed bin Salmán bin Abdulaziz.

Política exterior independiente contra el acatamiento al bloqueo

Pese a la desmentida por parte de las autoridades cataríes y de la QNA del audio en el cual Tamim bin Hamad Al Thani criticaba a sus pares árabes por su falta de pragmatismo frente a Irán, el 5 de junio de 2017, los gobiernos de estos países mayormente sunitas, actualmente bajo la esfera de influencia saudí, decidieron bloquear a Catar, esgrimiendo que este último financiaba al terrorismo (Hermandad Musulmana, Hamás y apoyo a Irán) y que buscaba la desestabilización de los gobiernos regionales por medio de la cadena Al Jazeera. Esta decisión, tomó por sorpresa a las autoridades cataríes, al considerarla arbitraria y riesgosa para la seguridad del Golfo, reafirmando en una entrevista a QNA que “no iban a renunciar a su política exterior independiente”, tomando medidas reciprocas, entre ellas, por ejemplo, la cancelación de vuelos a Bahréin, Dubái y Riad, Asimismo, se mostró dispuesto a buscar una salida a la creciente crisis, aceptado con beneplácito, la propuesta del Emir de Kuwait, Sabah al Ahmad Al Jaber Al Ahmad Al Sabah, para actuar como mediador entre las partes (ya había actuado como mediador en la crisis de 2014).

AFP-Fayez Nureldine

En este contexto, frente a la presión de la comunidad internacional, se llamó a la búsqueda de una pronta solución a la crisis (el Presidente de Francia y el rey de Marruecos Mohamed VI se ofrecieron como intermediaros entre las partes). El 27 de junio de 2017 los gobiernos de estos países presentaron sus demandas para restablecer las relaciones con Catar, entre las que se destacan la reducción de las relaciones diplomáticas con Irán, la ruptura de los vínculos con la Hermandad Musulmana, Hezbolá y Al Qaeda, el cierre de Al Jazeera, el fin de la presencia militar turca en Catar , el consentimiento de auditorías mensuales durante un año luego de acceder a las demandas, y el alineamiento con otros países árabes y del Golfo tanto militar como política, social y económicamente. Estas peticiones fueron rechazadas por el Ministro de Relaciones Exteriores de Catar, Mohamed bin Abdulrahman al-Thani, quien consideró que las mismas pondrían en peligro la continuidad del gobierno de Tamim ben Hamad Al Thani y afectarían seriamente al país.

Por último, esta crisis que no refleja actualmente un panorama alentador en el corto plazo, demuestra nuevamente la incapacidad saudí para someter a Doha a sus designios, y en vez de lograr los objetivos planteados con esta medida, se está provocando todo lo contrario al acercar a Catar a los otros dos actores principales de la región: Irán y Turquía. Habrá que esperar para ver si el pragmatismo de Al-Thani logra salir airoso de esta situación.

ABÁS TANUS MAFUD es licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Nacional de San Juan, Argentina, y asesor en el Ministerio de Economía de la Provincia de Buenos Aires en Inteligencia Comercial e Inserción Económica Internacional. Es profesor en la Universidad Católica en La Plata. Posee un Certificate in Geopolitics of Lebanon and The Middle East (USEK-Líbano). Sígalo en Twitter en @atmafud.

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