And the winner is…Catar

15 marzo, 2019 • Artículos, Portada, Sin categoría • Vistas: 746

Viraje de la política exterior catarí ante el bloqueo regional

El Mundo

Abás Tanus Mafud

Marzo 2019

El 5 de junio de 2017, Arabia Saudita, Bahréin, Egipto y Emiratos Árabes Unidos anunciaban al mundo la decisión de romper relaciones diplomáticas con Catar. Impusieron un bloqueo fundado en acusaciones de supuestos apoyos a grupos terroristas (incluyeron en esta definición a los partidarios opositores de la Hermandad Musulmana y chiitas). Además, destacaron el papel de Al Jazeera (respaldado por el gobierno catarí) como medio de comunicación mundial con carácter crítico hacia la monarquía saudí, y su complacencia frente al rival regional iraní (eje del supuesto audio del Emir filtrado por Qatar News Agency en el cual se criticaba la política de sus aliados frente a Teherán).

Transcurrido más de un año desde la entrada en vigor de una de las sanciones más duras contra un integrante del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), los resultados parecen demostrar una tendencia contraria a la esperada por el articulador de esta maniobra, el príncipe saudí Mohammed bin Salman. Catar ha salido fortalecido de la crisis, al lograr que ningún otro país se sumará al bloqueo y al mantener a la comunidad internacional equidistante frente a esta situación. Mientras que Arabia Saudita continuó demostrando su incapacidad de doblegar la política exterior del emir Sheikh Tamim bin Hamad Al Zani, quedando atrapada en un sentimiento de histeria, cristalizado en el reciente anuncio del plan saudí para aislar al emirato catarí mediante un canal; es decir, separar su territorio del continente.

En este contexto, tras el impacto inmediato del bloqueo, la economía catarí volverá a crecer en 2018 y 2019. Este crecimiento irá acompañado de un cambio geopolítico clave, como es la salida de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) ―fenómeno que implica asestar un golpe duro al mercado petrolero y a Bin Salman en particular, quien actúa como líder de facto de este grupo― y el avance, junto a Argelia, Bolivia, Irán y Rusia, en la transformación del Foro de Países Exportadores de Gas (GEFC) en un actor con relevancia en el escenario internacional.

Resultados económicos

Debido a los efectos de los cambios en la situación regional, 2017 concluyó con una marcada caída en el PBI catarí: 1.59%. Los efectos se sintieron en los principales indicadores locales, por ejemplo, las importaciones se redujeron 40% llevando implícito un aumento inflacionario y pérdida de depósitos bancarios. Sin embargo, “toda crisis implica una oportunidad” y este lema se observa al analizar cómo las autoridades cataríes decidieron dar un viraje en sus circuitos comerciales, aprovechando un acercamiento con Irán para el uso del espacio aéreo iraní; la inauguración del nuevo puerto de Hamad; mejoras en la industria nacional ―especialmente en los sectores alimenticios―, y una diplomacia agresiva en aspectos comerciales que llevo al emir Tamim bin Hamad a encabezar misiones en diferentes rincones del mundo, tales como la transcurrida recientemente en Sudamérica (octubre de 2018).

Con este nuevo escenario, se espera que el PBI crezca 2.8% en 2018 y 3% en 2019, apuntalado por el aumento de las exportaciones de gas, mejoras en la situación fiscal (las reservas volverían a crecer) y la entrada en vigor de nuevos acuerdos comerciales. En su conjunto, estos fenómenos demuestran la confianza del mercado en la economía árabe a pesar de las dificultades que experimenta con sus vecinos. Asimismo, cabe destacar que Kuwait y Omán continúan liderando los esfuerzos diplomáticos para encontrar una solución a la crisis, entendiendo la necesidad de evitar un nuevo golpe a la frágil situación en el Medio Oriente y manteniendo sus vínculos bilaterales estables con la monarquía catarí.

Retomando el análisis económico, la inflación descenderá en 2019 a 2.2%, luego de que llegará a 3.9% en 2018. A su vez, la inversión extranjera directa subió 27% durante el presente periodo, signo del éxito de las misiones encabezadas por el Emir catarí, enfocadas en proyectos de seguridad alimentaria, por ejemplo, el país ha importado ganado vacuno para el desarrollo del sector lácteo local.

En este punto, el Banco Nacional de Kuwait (una de las entidades financieras más destacadas del golfo Pérsico), estimó en su reporte anual sobre Catar la capacidad con la que cuenta el país para crecer sin el apoyo saudí. Por ende, la presión solo ha promovido un fortalecimiento de la economía local, sumado al apoyo creciente de la población que califica de arbitrario el bloqueo.

El golpe final: adiós a la OPEP

El 3 de diciembre de 2018, el ministro de Energía catarí, Saad Sherida al-Kaabi anunciaba la decisión de su país de abandonar la OPEP en enero de 2019, tras más de 50 años de participación en este organismo, convirtiéndose en el primer país del Medio Oriente que emprende un nuevo camino en esta materia. “No tenemos mucho potencial en petróleo, somos realistas. Nuestro potencial es el gas”, destacaba el funcionario en declaraciones a medios de comunicación internacionales, haciendo alusión al bajo porcentaje de participación en la producción de crudo dentro de la OPEP (entre 2% y 3%) y el destacado papel en el mercado gasífero (es el principal exportador mundial de gas natural licuado).

Mientras que las autoridades cataríes hacen hincapié en el trasfondo económico de la decisión, considerando que la misma se encuentra en sintonía con los principios establecidos por el programa Visión Nacional Catar 2030 para el fortalecimiento y diversificación de la economía local. Arabia Saudita acusa el golpe, especialmente en un momento de caída en el precio del barril de petróleo; el resurgimiento de Estados Unidos gracias a la revolución de esquisto, y la pérdida de credibilidad internacional de Bin Salman producto del asesinato del periodista opositor Jamal Khashoggi. Transformándose en un combo de factores que profundizarían las grietas en los cimentos de un organismo resquebrajado por el liderazgo saudí.

Catar ha dado un viraje en su política exterior, demostrando que el bloqueo solo ha tenido efectos contrarios a los esperados por Arabia Saudita, Bahréin, Egipto y Emiratos Árabes Unidos.

En este contexto, Catar, Irán (enemigo saudí y eje de discordia con Catar) y Rusia comenzaron a fortalecer el GEFC, entidad constituida por países de los cinco continentes por medio de representantes estatales ―algunos de los países miembros son Argelia, Bolivia, Catar, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Irán, Kazajistán, Libia, Nigeria, Rusia, Trinidad y Tobago y Venezuela― y del sector privado ―Gazprom, NIOC, Qatargas― con el objetivo de coordinar políticas de producción gasífera y fortalecimiento sectorial. Desde su inicio en 2008, se han realizado cuatro reuniones: Catar (2011), Rusia (2013), Irán (2015) y Bolivia (2017).

Con base en lo anterior, Catar ha dado un viraje en su política exterior, demostrando que el bloqueo solo ha tenido efectos contrarios a los esperados por Arabia Saudita, Bahréin, Egipto y Emiratos Árabes Unidos. El país se acercó a Irán, Rusia y Turquía, mantuvo sus niveles de crecimiento económico y el respaldo de sus socios occidentales ―Alemania, Francia y el Reino Unido― y orientales ―Kuwait y Omán―, y sobre todo generando un sentimiento nacional fuerte (la población no ha cuestionado el manejo de la crisis ni la decisión de no participar en la reunión del CCG celebrada en diciembre de 2018), quizá el acontecimiento por excelencia a destacar en una sociedad compuesta por un gran afluente de extranjeros.

Por último, Catar ha salido victorioso del bloqueo saudí, mientras quienes llevaron a cabo la medida no lograron el impacto esperado. Bin Salman y sus socios se empantanaron en un terreno con grandes dificultades sociales y económicas. Asimismo, se encuentre o no una solución a la crisis, dos efectos quedarán marcados entre las poblaciones del Golfo: el incremento de la distancia entre las partes frente al futuro regional y la lucha de un país por su política exterior independiente.

ABÁS TANUS MAFUD es licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Nacional de San Juan y maestro en Política y Economía Internacionales por la Universidad de San Andres, Argentina. Es profesor de Política Trasnacional en la Universidad Católica de La Plata y especialista en asuntos árabes para entidades públicas y privadas. Cuenta con un certificado en Geopolítica en el Medio Oriente por la University of Kaslik-Lebanon. Sígalo en Twitter en @atmafud.

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