Alemania, ¿una nueva potencia tradicional?

11 octubre, 2018 • AMEI, Artículos, Europa, Portada • Vistas: 2287

Anadolu Agency

Nikola M. Zivkovic

Octubre 2018

Una colaboración de la Asociación Mexicana de Estudios Internacionales

Situada en el corazón de Europa, por su tamaño e influencia, Alemania continuamente atrae a expertos en Relaciones Internacionales y provoca tanto esperanzas como temores, no solo en sus vecinos inmediatos sino en el mundo entero. La eterna discusión e indagación sobre la continuidad y los cambios en política exterior se han beneficiado enormemente de la observación de la política alemana, aunque no necesariamente conduciendo a una conclusión común.

Desde el siglo XIX, la llamada “cuestión alemana” sirve como una etiqueta para las discusiones que en diferentes periodos arrojan luz sobre las condiciones distintivas y determinantes de la política alemana. La pregunta que hoy nos concierne es: ¿en qué tipo de poder se está transformando Alemania? Un Estado que en los últimos años ha tomado repetidamente con confianza una posición de liderazgo, aunque a menudo controversial, moviéndose de su fuerte posición económica a una política. A menudo representada como un “poder civil”, Alemania parece estar avanzando hacia un modelo más “normal” o tradicional, listo para confiar en instrumentos de poder coercitivo, incluso militares, si es necesario. El debate sobre la naturaleza de su poder comenzó inmediatamente después a su reunificación, pero la discusión se intensificó en los últimos años, reflejando no solo su nueva realidad, sino también los desafíos a los que se enfrentan Alemania y Europa.

¿En qué tipo de poder se está transformando Alemania?

Para la mayoría de los Estados, cuando enfrentan crisis, desafíos y amenazas que ponen en peligro los intereses nacionales, preguntas como qué papel debe jugar nuestro país en la política de seguridad o si deberíamos involucrar al ejército, o cómo protegemos nuestra libertad, deberían ser algo totalmente normal. Pero según la Ministra Federal de Defensa alemana, Ursula von de Leyen, estas preguntas son para ella y para el público alemán “incómodas”. Esta declaración surge de uno de los últimos documentos estratégicos que el gobierno alemán presentó públicamente en 2016, el Libro Blanco sobre la política de seguridad alemana y el futuro del ejército federal. En la introducción, la Canciller Federal alemana, Angela Merkel, proporcionó la justificación del documento que afirma que “el mundo de 2016 es inestable […] y la tarea del gobierno federal es redefinir los intereses, prioridades y objetivos de la política de seguridad de nuestro país y desarrollar su caja de herramientas de manera responsable”. En su artículo notorio en la revista Foreign Affairs “El nuevo papel de Alemania ante el mundo. El paso al frente de Berlín”, Frank-Walter Steinmeier, en ese momento Ministro de Asuntos Exteriores alemán, dejó en claro que “a medida que el poder de Alemania ha crecido, también lo hace su necesidad de explicar su política exterior más claramente”.

Alemania se ha beneficiado enormemente del orden mundial liberal. Su superávit comercial en 2017 se situó en casi 300 000 millones de dólares, siendo el más grande del mundo. Mientras que la mayoría de los países del mundo tienen un déficit en cuenta corriente, Alemania logró mantener el superávit durante más de una década, alcanzando el 8.3% del PIB en 2016. Su tasa de desempleo es la más baja entre los países ricos del mundo siendo de 4%. Según el general alemán Carsten Breuer (quien estuvo a cargo del proyecto grupal sobre la redacción del Libro Blanco sobre seguridad), solo unos pocos países se benefician de la globalización tanto como Alemania.

Alemania y el orden mundial

Hoy, este orden mundial atraviesa profundos cambios y desafíos. Según el más reciente informe preparado para la Conferencia de Seguridad de Múnich de 2018, “en el último año, el mundo se ha acercado, demasiado cerca, al borde de un conflicto significativo. Para la seguridad internacional, 2017 estuvo marcado, entre otros, por señales de una continua erosión del orden mundial liberal y una política exterior estadounidense cada vez más impredecible”.

Es por eso que no debemos sorprendernos de que Alemania esté profundamente involucrada en varios esfuerzos multilaterales para asegurar el sistema internacional. A medida que el sistema cayó en varios desafíos y crisis, los líderes alemanes no solo fueron presionados por actores externos para mejorar su contribución. Reconocieron la necesidad de desempeñar un papel de liderazgo más fuerte, especialmente cuando otros actores permanecieron inactivos o fueron ineficientes. En su discurso en la apertura de la 50ª Conferencia de Seguridad de Múnich en 2014, el entonces presidente alemán Joachim Gauck generó discusiones sobre esta nueva política exterior y el papel de seguridad de Alemania al declarar que Berlín debía “tomar medidas más resueltas para defender y ayudar a formar el orden basado en la Unión Europea, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y la Organización de las Naciones Unidas. […] Alemania también debe estar dispuesta a hacer más para garantizar la seguridad que otros le han brindado durante décadas”.

Pero el papel de liderazgo no es fácil. Se lo exige no porque “el mundo liberal vaya por el camino de Alemania, sino porque no lo hace”. En todo el mundo, el liderazgo de Merkel está siendo considerado como uno de los más respetados. En 2015, la revista Time la nombró “La Canciller del mundo libre”, frase que acompañó con su fotografía en la portada. De acuerdo con la Encuesta Global de Actitudes del Pew Research Center de 2017, Merkel se coloca significativamente más alto que el presidente de Estados Unidos Donald Trump cuando se pregunta a ciudadanos de varios países sobre la confianza en Trump/Merkel para hacer lo correcto en asuntos mundiales. Entre los ciudadanos holandeses más del 80% de la confianza cae en Merkel y alrededor del 18% en Trump; en Francia, aproximadamente el 80% a favor de Merkel y el 15% en Trump. En 37 países encuestados, Merkel obtuvo un alto puntaje entre los públicos en gran parte de Asia, Europa y Canadá, en comparación con otros líderes mundiales como Vladimir Putin y Xi Jinping.

Mientras Alemania se encontraba en el “asiento del conductor” durante múltiples crisis que azotaron a Europa, como la crisis financiera de Grecia, el conflicto de Ucrania y la crisis de Crimea, o la crisis de refugiados, en términos de capacidad militar y recursos Alemania sigue estando muy limitada. En mayo de 2018 los reportes indicaron que solo 4 de 128 aviones alemanes Eurofighter estaban listos para combate, cuestionando su preparación y capacidad militar. En números absolutos, es el tercer país europeo que más gasta en defensa dentro de la OTAN (aunque debajo del objetivo de la Organización del 2% del PIB; Francia gasta 1.8% y el Reino Unido 2%), pero cada porcentaje de aumento es a menudo criticado por el escrutinio público. El gasto y el compromiso militar pueden ser controvertidos para el público, pero la producción y exportación de armas no lo son tanto: Alemania es el quinto exportador de armas del mundo y el segundo en Europa.

En todo el mundo, el liderazgo de Merkel está siendo considerado como uno de los más respetados.

La fundación Koerber realizó una serie de encuestas de opinión en el periodo de enero de 2015 a octubre de 2016 que muestran un aumento en la disposición de los alemanes a asumir un papel más activo en el manejo internacional de crisis, del 34% al 41%. Aunque, la mayoría de sus ciudadanos aún prefieren restringirse, cayendo del 62% al 53%. Los datos que tenemos sobre la opinión pública en Alemania respecto a su creciente autoconfianza pueden ser interpretados de dos maneras, ya que Alemania está lista para apartarse de los viejos patrones de comportamiento, pero puede ser aún demasiado pronto para eso. En 2016 una encuesta del Pew Research Center reportó que solo el 34% de los alemanes favorece el aumento del gasto de defensa, mientras que el 47% dijo que debería mantenerse en su nivel actual. Sin embargo, el 62% de ellos pensó que su país desempeña un papel más importante en el mundo de hoy que hace 10 años, mientras que el 25% dijo que era igual de importante y solo el 11% dijo que era menos importante. Curiosamente, los alemanes fueron los más optimistas sobre la nueva posición de su país (es decir, en el caso de Francia solo el 23% pensó que era más importante, pero el 46% optó por menos, y los ciudadanos del Reino Unido pensaron en el 20% y 40% respectivamente). Este entorno político dividido y limitado explica por qué los líderes alemanes están ideando nuevas ideas y estrategias, involucrando a un público más amplio en los debates y explica por qué el nuevo pensamiento de política exterior en términos de liderazgo internacional alemán es relativamente nuevo para el público.

La política y las preocupaciones nacionales alemanas siguen siendo uno de los mayores obstáculos para que los líderes de política exterior asuman plenamente el papel esperado. Podemos identificar al menos dos obstáculos internos que prevalecen, uno es muy tradicional y el segundo relativamente novedoso. Primero, el sistema político alemán y sus tradiciones político-culturales (es decir, antimilitarismo, cultura de contención militar, multilateralismo) desarrollados en el contexto del pasado nazi hacen que los cambios sustanciales en la política exterior y de seguridad sean muy difíciles y arriesgados para defender y lograr sin un fuerte incentivo proveniente del exterior. Segundo, un entorno político cambiante que sigue la tendencia europea más amplia de ascensos de movimientos y partidos políticos populistas y de derecha que desafían a los partidos políticos tradicionales y ridiculizan sus políticas y agendas. El fracaso de los lideres alemanes para asegurar que su éxito económico basado en exportaciones se distribuya de manera más uniforme en todo el país y sectores, dejando a ciudadanos vulnerables a los fracasos de la globalización, resultó ser un terreno prolífico para que las organizaciones populistas fortalecieran sus sentimientos antieuropeos y xenófobos y sus agendas antiislamistas. El entorno nacional divisivo y restrictivo puede ser una carga excesiva para cualquier gobierno alemán que busque provocar un cambio en la política exterior y, al mismo tiempo, garantizar el apoyo de los electores.

NIKOLA M. ZIVKOVIC es Vocal del Tecnológico de Monterrey, Campus Santa Fe, ante la Asociación Mexicana de Estudios Internacionales (AMEI). Es profesor de Relaciones Internacionales y Políticas Exteriores del Departamento de Relaciones Internacionales y Ciencia Política de la Escuela de Ciencias Sociales y Gobierno del Tecnológico de Monterrey. Fue investigador en la Cátedra Jean-Monnet, en la Universidad de Colonia, asistente de políticas exteriores en el Parlamento Europeo y en la Asamblea Nacional de la República de Serbia. Es licenciado en Ciencia Política y Relaciones Internacionales por la Universidad de Belgrado y maestro en Asuntos Europeos por el Centro de Estudios de Integración Europea de la Universidad de Bonn. Sígalo en Twitter en @nikolazile.

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