2016: incertidumbre. 2017: ¿qué esperar?

2 Febrero, 2017 • Artículos, Asuntos globales, Portada • Vistas: 2541

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  Yoanna Shubich Green

Febrero 2017

Una colaboración de la Facultad de Estudios Globales de la Universidad Anáhuac México

En 2016, el mundo se vio convulsionado ante los resultados del brexit, la victoria de Donald Trump como presidente de Estados Unidos, la crisis global de refugiados y la propagación del terrorismo. Se pensó que con el fin de la Guerra Fría habría paz y prosperidad, siempre y cuando los Estados siguieran “valores liberales”. No fue así.

Lo anterior se entiende como una consecuencia de la globalización no regulada —caracterizada por crisis recurrentes—, que desde la crisis financiera de 2008 ha generado mayores niveles de desigualdad y desempleo (sobre todo juvenil), un declive más pronunciado de la clase media y una mayor concentración de la riqueza. Además, la economía ha comenzado un proceso de “desindustrialización” para pasar a ser una economía tecnificada y de servicios, por lo que el libre comercio enfrentará grandes retos. Esto genera en las personas gran enojo, frustración, descontento, hartazgo de los políticos tradicionales que no ofrecen soluciones ante los grandes desafíos. Lo que, a su vez, genera ansiedad, inseguridad e incertidumbre en términos políticos, económicos, sociales y humanos.

La globalización aumentó el libre tránsito de bienes y servicios. También, el flujo migratorio, lo que produjo un contacto con “el otro” —a quien, en tiempos de crisis, se le culpa de todos los males, incluidos el desempleo y el terrorismo—. Además, debido a las guerras civiles y conflictos —que se viven principalmente en el Medio Oriente—, se tienen grandes olas migratorias, por lo que la presencia de ese otro diferente no tiene cabida y se le discrimina.

También es el caldo de cultivo para que resurjan sentimientos xenófobos, antiinmigrantes y ultranacionalistas que son aprovechados por líderes carismáticos, demagogos, megalómanos y populistas, y que se presentan como antisistémicos, mesiánicos y con promesas de que sus acciones acabarán con este descontento. Existen candidatos que apelan a la nostalgia y sentimientos nacionalistas, sectarios o religiosos, que suelen ser irracionales y viscerales. Así, los votantes, al no ser racionales, se dejan llevar más por sus sentimientos. La desesperanza hace peligrosos a los aspirantes que se presentan como salvadores de la nación.

Ante el desánimo y la incertidumbre, la gente prefiere regresar a lo conocido, a su identidad primaria (tribu, secta o religión) y se pasa de la globalización a la localización, donde el multiculturalismo y la inclusión fallaron y es imposible que las diversas identidades puedan convivir en armonía. Se está ante una transición donde no prima la institucionalidad. La globalización es irreversible y lo mejor es aprovechar las ventajas que produjo y reglamentarla. Nos guste o no, la globalización es un hecho y todos estamos interconectados. Después de explicar qué sucedió en 2016, es necesario presentar algunas directrices que posiblemente se verán para en 2017.

Donald Trump como presidente de Estados Unidos

Donald Trump tomó posesión el 20 de enero de 2017 y, desde sus primeros días, ya ha mostrado a través de órdenes ejecutivas y tuits cuáles serán sus políticas y acciones en materia de política interna y externa. Éstas, sobra decirlo, tendrán profundas implicaciones geopolíticas, por lo que se esperan nuevas alianzas y equilibrios en el sistema internacional. Trump enfrenta una sociedad estadounidense sumamente polarizada.

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Sus aliados están nerviosos, y la visión cooperativa que surgió después de la Segunda Guerra Mundial —defendida y dirigida por Estados Unidos y crucial en la formación de la actual relación entre las grandes potencias desde el final de la Guerra Fría— ha quedado atrás. China y Rusia están preparadas para asumir el liderazgo global que deja Estados Unidos. Trump prometió reducir las obligaciones con el extranjero y replegarse de la defensa del mundo (ya que es demasiado costosa). En otras palabras, que los aliados de la Organización del Tratado del Atlántico Norte paguen por su protección.

Cabe resaltar que este repliegue de Estados Unidos de la escena internacional comenzó durante la presidencia de Barack Obama, cuando el país trató de sustituir dicho vacío con instituciones internacionales, sin éxito. Esta vez, Trump busca un acercamiento con Rusia para hacer un contrapeso a China. De hecho, Trump ya ha declarado aplicará represalias contra China, entre otras cosas, porque las devaluaciones manipulativas del yuan han traído consigo consecuencias negativas para la economía estadounidense.

Además, el nuevo presidente ha afirmado que Estados Unidos se retirará del acuerdo de París sobre cambio climático. Lo que es claro es que Trump aplicará un proteccionismo económico y comercial del que el Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica, así como la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión, ya han sido sus primeras víctimas. En esa misma línea, Trump también quiere una renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, que será un reto para México.

El ascenso del proteccionismo no es exclusivo a Estados Unidos. Lo anterior se observó con los resultados del referéndum que causarán el inicio de las negociaciones para la salida del Reino Unido de la Unión Europea. Lo que nos lleva a la segunda tendencia.

Incertidumbre sobre el brexit y el futuro de la Unión Europea

En 2017, a finales de marzo, se formalizará el brexit. Entre las incógnitas están cuál será la hoja de ruta a seguir y si el divorcio será amistoso o conflictivo; cuál será el efecto de la salida sobre el proyecto comunitario; qué influencia tendrán los movimientos euroescépticos en países esenciales como Alemania, Francia y Países Bajos, donde se celebrarán elecciones próximamente y se pondrá a prueba el futuro del proyecto europeo en un continente donde las posturas nacionalistas han ganado fuerza de nueva cuenta.

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Europa sigue siendo un actor relevante. El posible desenlace de la Unión Europea es uno de los mayores desafíos que afrontaremos hoy en día. Lo anterior, por supuesto, genera incertidumbre y las consecuencias económicas dependerán en gran medida de cómo se logren resolver las incógnitas.

Asia

En China, la economía seguirá contrayéndose. Atraviesa diversos desequilibrios financieros vinculados al sector hipotecario y bancario que pueden generar una severa crisis financiera. China está buscando diversificar sus relaciones con otros países de Asia, de África y Latinoamérica. Varios países podrían buscar un acercamiento con China, como en el caso de México ante la agresividad o el abandono estadounidense, lo que generará un equilibrio mundial distinto.

En el Mar de China Oriental aún existen tensiones entre China y Japón por la soberanía de las islas Senkaku (llamadas también Diaoyu por los chinos). Los aliados de Estados Unidos querrán sentir el apoyo de dicho país. Si Trump se retira de la zona, ocasionará que estos países empiecen a buscar otras alianzas y a armarse para preservar su seguridad, lo que podría acarrear una carrera armamentista, incluso nuclear, que genere profunda inestabilidad en la zona.

Asimismo, en el Mar de China Meridional existen disputas sobre las áreas marítimas entre China y los países de Brunei, Filipinas, Malasia, Taiwán y Vietnam. No existe una confianza de los aliados tradicionales hacia Estados Unidos, lo que demuestra que el poder y prestigio estadounidense se ha deteriorado en esta región.

Mientras tanto, en Corea del Norte, existe una crisis causada por las pruebas de armas nucleares o intercontinentales de misiles balísticos que ha realizado este país. Las pruebas actúan como una provocación militar para los países de la zona.

Desde la Segunda Guerra Mundial, la presencia de Estados Unidos ha estabilizado el continente asiático, por lo que las acciones y política de Trump en esa región serán de suma importancia, ya que podrían amenazar la estabilidad y la paz en la zona. Los aliados deben sentirse apoyados y Trump deberá dejarles siempre en claro que está comprometido con la preservación del equilibrio de poder en la zona, sobretodo, teniendo en cuenta que la política de Obama fracasó en la región. Sin embargo, sigue sin ser es clara la postura que tomará el nuevo presidente.

Medio Oriente

Las guerras de poder resultantes han tenido consecuencias devastadoras en Irak, Siria y Yemen. Continuará la rivalidad entre Arabia Saudita e Irán por el control regional, aunado a la intervención de potencias internacionales. El principal reto es desarticular el conflicto en Siria. La guerra civil lleva casi 6 años, con un saldo de 500 000 personas muertas y 12 millones de desplazados, lo que ha generado, a su vez, una crisis de refugiados. La única solución pasará por una negociación entre las grandes potencias y las regionales, tomando en cuenta los intereses de todas las partes, incluyendo los del presidente Bashar al Assad. Estados Unidos se enfrentará a un desafío si vuelve a intervenir con tropas terrestres en Irak y Siria, así como en lo relacionado al acuerdo nuclear con Irán. Ante una mayor presencia de Rusia, es de esperar que haya un cambio en el balance de poder de la región.

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Terrorismo

La amenaza del terrorismo crecerá. A pesar de que el Estado Islámico ha perdido el 50% de su territorio, su capacidad para reclutar e inspirar ataques violentos alrededor del mundo ha sido exitosa, por lo que podemos esperar seguirá siendo una amenaza constante. El terrorismo es solo una táctica y la lucha contra una táctica no puede definir una estrategia. Los grupos yihadistas explotan las guerras y el colapso del Estado para consolidarse el poder y prosperan en el caos. Muchos líderes mundiales afirman que deben unirse alrededor de la meta compartida de luchar contra el terrorismo. Lo que el sistema internacional necesita es una estrategia de prevención de conflictos que incluya a todos los Estados.

En conclusión, sin un orden predecible, reglas ampliamente aceptadas, e instituciones fuertes, el espacio para el desconcierto es mayor. El mundo es cada vez más multipolar, donde el papel de un conjunto diverso de Estados y actores no estatales es cada vez más relevante. Hoy, las grandes potencias no pueden contener ni controlar los conflictos locales y éstos pueden encender fuegos mucho más grandes, sobre todo, en un mundo donde se desacelera el crecimiento global, aumenta el desempleo y la desigualdad, se erosiona el orden posterior a la Segunda Guerra Mundial y la antiglobalización aviva el nacionalismo y el autoritarismo. Por todo ello, 2017 será un año complicado y de grandes desafíos para los valores liberales, el orden y la seguridad internacionales.

 

 

YOANNA SHUBICH GREEN es licenciada en Relaciones Internacionales y maestra en Estudios Internacionales y Diplomacia. Trabajó en la Embajada de México en Estados Unidos, en la Cámara de Diputados, en la Procuraduría General de la República y en la Secretaría de Relaciones Exteriores. Es columnista de la sección Foro Internacional Anáhuac, de la sección Global de Excélsior y de la Revista Consultoría, Industria del Conocimiento. Además, es comentarista en programas de análisis de actualidad internacional en radio y televisión. Es conferencista en el Museo Memoria y Tolerancia, y Coordinadora Académica de la Facultad de Estudios Globales de la Universidad Anáhuac en México. Sígala en Twitter en @yoannashubich.

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